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Incluso los millonarios se deprimen

La presión que conlleva la riqueza o el éxito es un factor que puede conducir a la depresión; las mujeres en puestos con gran autoridad y los nuevos ricos son grupos con alto riesgo.
La depresión puede ser mayor en mujeres exitosas porque se enfrentan a prejuicios, discriminación y estereotipos. (Foto: Getty Images)
Depresion

Ganar millones al año en un trabajo cómodo, con un estilo de vida acorde a ello puede parecer la vía rápida a la felicidad, pero ese no es necesariamente el caso.

Los expertos dicen que la presión que viene junto con la riqueza o el éxito puede ser un factor determinante en la depresión , una enfermedad que afecta a uno de cada 10 adultos estadounidenses, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés).

“Puede existir una especie de aislamiento para aquellas personas en la cima”, dijo el doctor Steven Roose, un psiquiatra de la Hope for Depression Research Foundation, y cuyo consultorio en el Upper East Side de la Ciudad de Nueva York atiende a gente de Wall Street. “La riqueza no te protege de esta enfermedad más de lo que la riqueza te protege del cáncer”.

El dinero no compra la felicidad para Peter, un consultor de gestión de cincuenta y tantos años, que ha luchado contra la depresión durante gran parte de su vida. (CNNMoney se negó a publicar el apellido de Peter ya que se encuentra actualmente en tratamiento para la depresión).

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“Todo está ligado a la percepción de falta de control y la forma en que eso no concuerda con los roles de poder o de alto estatus”, dijo Peter.

Peter pasó de una crianza acaudalada a una educación en la facultad de Derecho de una universidad de nivel Ivy League, y a un trabajo en una de las principales empresas de consultoría.

“Dices, yo soy el CEO o soy el socio de Goldman Sachs o el socio de McKinsey o cualquiera que sea el alto estatus, y se supone que debo tener mi vida bajo control y la gente recurre a mí en busca de liderazgo. No se supone que esto me esté pasando a mí”.

Su depresión realmente lo golpeó alrededor de los 30 años. Dijo que pasó de ser un consultor totalmente funcional de una de las principales firmas a ser incapaz de levantarse de la cama . Su depresión le dificultó funcionar y le causó “casi una sensación física de estar en un agujero”, dijo.

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También ha visto un estigma de la depresión entre sus pares. Habló de un colega de antecedentes similares que no recibió la ayuda que necesitaba, y finalmente “se encerró en su auto y colocó una manguera en el tubo de escape”. Dejó una esposa y tres hijos.

La presión puede ser aún más dura en mujeres exitosas. Un estudio publicado el año pasado llamado Gender, Job Authority and Depression encontró que las mujeres que ocupan puestos con autoridad exhiben más síntomas depresivos que sus pares masculinos.

Parte del problema, según los investigadores, es que las mujeres se enfrentan a “prejuicios, discriminación, estereotipos desfavorables, interacciones sociales negativas, falta de comunicación y apoyo de los superiores y compañeros de trabajo, y presión para obtener mejores resultados que los hombres para demostrar su competencia”.

Tener dinero repentinamente también puede crear una presión que con frecuencia conduce a un camino de depresión.

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“Lo que la gente no comprende es que, cuando hay un evento que cambia la vida -incluso una buena noticia convencional como una herencia-, su vida cambia y la que conocían hasta ese momento ya no existe”, dijo la asesora financiera Myra Salzer, propietaria de The Wealth Conservancy, que trabaja con herederos por encima del rango de valor neto multimillonario.

Ella ha visto que algunos clientes se deprimen. “No se dan cuenta de qué está mal con ellos”, dijo Salzer. “Se supone que deben estar felices y salir de fiesta, y comprar bebidas para todo el mundo”.

Reconocer los síntomas y obtener ayuda es exactamente lo que se necesita para alejar a más gente del borde del abismo, según Roose.

Peter logró regresar con la ayuda de un psiquiatra y medicamentos, pero dice que es una lucha de toda la vida.

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“La gente puede ver que algo está mal, pero no sienten que puedan intervenir”, dijo Roose. “Si intervenimos y podemos tratarlo, podemos salvar vidas”.

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