La presión más inmediata provino del dólar y de la Reserva Federal. Un billete verde más fuerte encarece al oro para compradores que operan con otras divisas, mientras que la expectativa de tasas elevadas por más tiempo aumenta el atractivo de los bonos del Tesoro frente a activos que no pagan intereses, como el oro, advierten analistas de grandes bancos de inversión.
Monex reportó que el índice dólar DXY alcanzó 100.80 puntos, su mayor nivel en 12 meses, luego de que la Fed reforzó la expectativa de tasas altas por más tiempo, un factor que encarece al oro para compradores internacionales y reduce su atractivo frente a activos denominados en dólares.
Goldman Sachs redujo recientemente su objetivo para finales de 2026 de 5,400 a 4,900 dólares por onza, mientras que JPMorgan ajustó a la baja su estimación promedio para 2026, argumentando una menor demanda de inversión en el corto plazo. Otras instituciones, como el banco neerlandés ING, también recortaron sus pronósticos después de que el metal perforara soportes técnicos clave y acumulara una caída superior al 20% desde sus máximos, uno de los criterios más utilizados para definir un mercado bajista.
Sin embargo, el ajuste de expectativas no implica que Wall Street haya abandonado la tesis alcista de largo plazo para el oro. De hecho, JPMorgan sigue proyectando una recuperación gradual hacia niveles cercanos a los 6,000 dólares por onza hacia finales de 2026, mientras que Goldman Sachs mantiene precios significativamente superiores a los actuales. La diferencia es que ahora los analistas consideran que el proceso podría tomar más tiempo debido a la resistencia de la inflación y a la postura más restrictiva de la Reserva Federal.
Desde el análisis técnico, XTB advirtió que el oro se aproxima a un soporte relevante en la zona de 4,025 dólares por onza, nivel que coincide con los mínimos registrados hacia finales de 2025. Si el precio consolida por debajo de ese umbral, advierte la firma, la caída podría extenderse hacia 3,890 dólares; en cambio, si logra sostenerlo, podría intentar una recuperación hacia la resistencia de 4,220 dólares.
Sin embargo, el recorte de expectativas no significa que Wall Street haya abandonado por completo la tesis alcista de largo plazo. Los nuevos objetivos de bancos como Goldman Sachs siguen ubicándose por encima de los precios actuales, mientras que JPMorgan mantiene escenarios de recuperación gradual para el metal hacia finales de 2026. La diferencia es que ahora el mercado asume que el proceso será más lento por la resistencia de la inflación, el endurecimiento del discurso monetario y la menor entrada de inversionistas a fondos respaldados por oro.
Uno de los factores que desencadenó el mercado bajista para el metal es el final de la guerra entre Estados Unidos e Irán, pues suprime la prima de riesgo geopolítico para los inversionistas que históricamente ven en el metal un activo de refugio.
No obstante, en el largo plazo, el principal soporte estructural sigue siendo la demanda de bancos centrales. En los últimos años, autoridades monetarias de Asia, Medio Oriente y economías emergentes han incrementado sus reservas de oro como parte de una estrategia de diversificación y menor dependencia del dólar estadounidense. Ese flujo institucional ha funcionado como un contrapeso frente a la salida de inversionistas especulativos y la debilidad de los ETF respaldados por oro.
De acuerdo con el World Gold Council, los bancos centrales acumularon en promedio 1,000 toneladas anuales de oro durante los últimos cuatro años, el doble del promedio observado en la década previa. Además, 89% de los bancos centrales encuestados espera que las reservas globales del metal aumenten durante los próximos 12 meses, mientras que 45% prevé elevar sus propias tenencias. Esta tendencia de largo plazo fue, de hecho, uno de los factores que alimentaron el rally del oro y de la plata en los últimos dos años. La plata, por cierto, también tocó mínimos desde noviembre de 2025, pero enfrenta presiones distintas al las del oro.