“Millones de mexicanos que antes no participaban en los mercados financieros pudieron hacerlo por primera vez”, dijo Hugo Petricioli, presidente del consejo, CEO y country head de Franklin Templeton México y Centroamérica.
La apertura de una cuenta, sin embargo, es apenas el primer paso. El desafío ahora consiste en lograr que esos nuevos participantes ahorren de manera constante, permanezcan invertidos y acumulen patrimonio durante varios años.
La democratización ocurrió principalmente en los fondos más conservadores. De los 18.1 millones de contratos contabilizados en junio, 17.1 millones —casi 95%— correspondían a fondos de deuda y menos de un millón, a vehículos de renta variable. En términos de dinero, la deuda concentraba 73.4% de los activos y la renta variable 26.6%.
El fenómeno estuvo impulsado por las elevadas tasas de interés posteriores a la pandemia, que permitieron a los fondos de liquidez y deuda de corto plazo ofrecer rendimientos atractivos sin exigir a los inversionistas asumir las fluctuaciones propias de la bolsa.
La categoría de deuda de corto plazo en pesos pasó de 1.3 millones de contratos en noviembre de 2020 a poco más de 10 millones en noviembre de 2025. Al mismo tiempo, el activo promedio por contrato bajó de alrededor de 430,700 a 104,600 pesos.
La reducción no necesariamente significa que los mexicanos perdieron capacidad de ahorro o que toda la industria ahora tiene contratos más pequeños. Más bien, refleja que entraron millones de personas con cantidades menores, en ciertos fondos muy específicos, lo cual redujo el promedio general.
Para un joven que comienza con 500 o 1,000 pesos, un fondo de deuda puede representar el primer contacto con una inversión regulada. El problema es saber si esa cuenta seguirá recibiendo aportaciones y, con el tiempo, se convertirá en ahorro para una vivienda, el retiro o una emergencia.
Dividir los activos totales entre el número de contratos arroja una caída aproximada de 859,000 pesos por cuenta en 2020 a cerca de 291,000 pesos en junio de 2026. La operación matemática es correcta, pero resulta insuficiente para describir al inversionista típico.
Un contrato no equivale necesariamente a una persona, un mismo cliente puede tener varias cuentas, estrategias o fondos en diferentes instituciones. Además, la industria reúne modelos de negocio muy distintos.
GBM, por ejemplo, reportaba 10.7 millones de contratos y activos por 202,291 millones de pesos en junio. Franklin Templeton administraba 38,464 millones de pesos mediante apenas 484 contratos, debido a que su clientela se concentra en inversionistas institucionales, bancas privadas, aseguradoras y tesorerías. Valmex, enfocada en segmentos patrimoniales e institucionales, tenía casi 20,000 cuentas y un promedio cercano a 5 millones de pesos por cliente.
Mezclar todos esos perfiles en una sola división puede conducir a la conclusión equivocada de que cada ahorrador tiene menos dinero.
“Sería un poco irresponsable decir que disminuyó el saldo nada más haciendo una división entre los activos y los 18 millones de cuentas”, señaló Roberto Cano, director general de Operadora Valmex. En su opinión, la evolución debe estudiarse por institución y de acuerdo con el mercado que atiende cada una.
“El gran crecimiento de los últimos tres años tiene que ver con que las personas encontraron una mejor condición de ahorro e inversión en fondos conservadores, de fácil realización y ligados a las tasas de interés”, explicó.
Inclusión masiva e inclusión profunda
Morningstar propone distinguir entre dos dimensiones. La primera es la inclusión masiva, caracterizada por la apertura de millones de contratos con cantidades pequeñas. La segunda podría denominarse inclusión profunda: operadoras que incrementan tanto su número de cuentas como el activo promedio administrado por cada una.
Entre noviembre de 2020 y noviembre de 2025, instituciones como Santander, HSBC, Banorte, Inbursa, Multiva, Monex, Azimut, Mifel, Finamex, Invex, Compass y Franklin Templeton mostraron aumentos en ambas variables, según Morningstar Direct.
El resultado no demuestra por sí mismo que cada nuevo cliente haya acumulado más patrimonio. El promedio también puede aumentar por rendimientos de los mercados, aportaciones de inversionistas antiguos, salida de cuentas pequeñas o incorporación de unos cuantos clientes institucionales.
“Hay una población que ya tiene capacidad para ahorrar e invertir, pero todavía mantiene sus recursos en depósitos a la vista, apartados o cajitas que no generan rendimiento. Ahí sigue estando uno de los grandes retos de la industria”, señaló el directivo de Valmex.
Aun así, la distinción permite identificar que el siguiente reto de la industria será no limitarse a celebrar las aperturas, sino medir cuánto tiempo permanecen activas las cuentas, con qué frecuencia reciben aportaciones y si los inversionistas avanzan hacia portafolios más diversificados.
Para saberlo con precisión harían falta datos que actualmente no están disponibles de manera pública, como el número de personas únicas, la mediana del saldo, la distribución por rangos de inversión, la edad de los clientes y la proporción de cuentas sin recursos o inactivas.
La prueba de la baja de tasas
En el último año, los activos administrados por la industria crecieron 12.46%, pero el número de contratos avanzó 30.82%. Los fondos de renta variable aumentaron sus activos 19.22%, frente a 10.20% de los vehículos de deuda, aunque estos últimos continuaron concentrando la inmensa mayoría de las cuentas.
La reducción de las tasas de interés será una prueba para los nuevos inversionistas y para las operadoras. A medida que los rendimientos de los instrumentos de corto plazo disminuyan, la industria tendrá que convencer a sus clientes de permanecer invertidos y entender alternativas con horizontes más largos.
Eso no significa trasladar indiscriminadamente a los ahorradores hacia productos de mayor riesgo. Una persona puede necesitar liquidez y seguridad, mientras otra busca construir patrimonio durante 10 o 20 años. La tarea consiste en ofrecer una estrategia adecuada para cada objetivo y explicar con claridad que una mayor rentabilidad potencial también implica fluctuaciones y posibles pérdidas temporales, explicó Cano.
“La tecnología puede ayudar a abrir una cuenta en minutos; la educación financiera es la que ayuda a mantener una estrategia durante años”, afirmó Petricioli.