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Comerciantes argentinos ganan al apoyar el movimiento "verde"

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mié 05 mayo 2010 05:41 PM
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El mercado de los granjeros, conocido como El Galpón, es uno de los pocos lugares en Buenos Aires en donde puede encontrarse una gran variedad de productos naturales bajo un mismo techo.

Puede encontrarse desde vegetales orgánicos frescos, quesos y vino, hasta granola vegetariana y ropa de lino, directamente desde las granjas que colindan con esta gran metrópolis.

Localizado en un almacén amarillo brillante y rodeado por vías de tren y furgones oxidados, el mercado se esfuerza por ofrecer buenos productos a buenos precios, que es exactamente la razón de haber sido señalado recientemente como Carrotmob.

Carrotmob es un movimiento de consumidores a nivel global cuyo nombre deriva del concepto "carrot-or-the-stick" (haciendo referencia a la política de premio y castigo). Premia –en lugar de castigar – a pequeñas empresas por utilizar prácticas sustentables. Esencialmente, un Carrotmob es lo opuesto a boicot http://carrotmob.org/

"La idea es apoyar un negocio porque está haciendo bien su trabajo. Y lo apoyas trayendo a la multitud; mucha gente va a consumir en este negocio, por lo que obtendrán beneficios más grandes", dice Janne Andresen, una de las organizadoras del Carrotmob en Buenos Aires, la primera sucursal establecida en Sudamérica.

Recientemente, un sábado por la tarde, cientos de personas fueron al mercado – muchos por primera vez– y compraron diferentes artículos. Los encargados del mercado habían confiado en utilizar parte de sus ingresos para ampliar el tamaño del mercado y haciendo productos más orgánicos , y hacerlos accesibles en la ciudad.

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"El ruido creado por el Carrotmob atrajo a mucho más gente que la acostumbrada. Estábamos muy contentos de participar en este experimento", dijo Federico Arce, director de El Galpón.

San Francisco: la cuna del movimiento Carrotmob

El primer Carrotmob se llevó a cabo en San Francisco en 2008 y desde entonces el movimiento se ha extendido. Desde entonces, se han llevado a cabo 55 reuniones en todo el mundo, desde Helsinki hasta Bangkok.

Típicamente, los organizadores se acercan a varios negocios pequeños y el que confíe en dedicar el porcentaje más alto de sus ingresos de un día en volverse más amigable con su entorno, gana el honor de ser "mobbed" (certificado). Las tiendas de licores, cafés, pizzerías y otros negocios también se han beneficiado.

"Como ciudadanos y como consumidores no somos capaces de manejar nuestro poder individualmente, pero cuando hacemos las cosas juntos, nuestro poder es ridículo", dice Brent Schulkin, el fundador de Carrotmob hace 29 años.

"Carrotmob va a organizar nuestros gastos. Como somos la economía, decidimos quién se enriquece", añade.

El Carrotmob de Buenos Aires fue organizado por un grupo pequeño de activistas ecológicos argentinos y expatriados conocido como Ambientate.

"Siempre nos sorprendemos que la gente en Argentina no se da cuenta de lo que realmente sucede, y cómo pueden hacer las cosas mejor; más ambientales, más verdes", comenta Andresen de 26 años, nacido en Hamburgo, Alemania.

América Latina, lejos del "pensamiento verde"

A pesar de los esfuerzos de organizaciones como Ambientate, la realidad diaria en muchas ciudades latinoamericanas consiste en que los problemas ambientales son, a menudo, olvidados por la pobreza, el crimen y el desempleo.

Los ecologistas muestran su optimismo al pensar que el concepto Carrotmobs ganará popularidad en esta región, pero advirtiendo que todavía hay un largo camino por recorrer cuando nos referimos a los esfuerzos por mejorar el ambiente.

"Pienso que América Latina trata de que las nuevas generaciones se empaten con el resto del mundo en términos del 'pensamiento verde', pero creo que estamos muy lejos de lograrlo. Para que más personas se comprometan con esta idea, necesitamos solucionar otros problemas sociales,y tratar de ligar los problemas sociales y ambientales", manifestó Inés Selvood, una argentina ambientalista.

Aunque la filosofía Carrotmob era desconocida para algunos comerciantes en El Galpón, dieron la bienvenida a los principios del movimiento.

"Yo horneo mi pan en un horno de ladrillo y va directamente del productor al consumidor. Me parece que el concepto Carrotmob es fantástico", dice Gustavo Orrego, propietario de la panadería Casa Pan.

Naturalmente, a los propietarios de los negocios también les atrae el crecimiento de sus ingresos.

"Hoy vi que nuestro negocio mejoró por lo menos en un 50 por ciento", dijo Nurith Jeruzalimski, quien vende aceitunas orgánicas marinadas. "Estoy emocionado".

Con la capacidad de doblar ventas en un solo día, Carrotmob apuesta a que los grandes capitales también abrazarán este concepto. Recientemente, la organización decidió acreditarse como una asociación no lucrativa, para recibir dinero y prepararse para construir la tecnología que haga más fácil que más personas se involucren con Carrotmob.

También planean desafiar a grandes corporaciones para que presenten ideas en beneficio del medio ambiente , reconociéndoles con el "mobbing".

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