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Egipto: ¿la dimisión de Mubarak es solo un comienzo?

Los egipcios tienen el reto de construir una democracia verdadera en medio de un sistema permeado por la corrupción, dicen analistas
sáb 12 febrero 2011 10:52 AM
egipto rosas
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En medio del júbilo por la renuncia el viernes del presidente egipcio, Hosni Mubarak , analistas advierten que el mayor reto vendrá en los próximos días cuando la euforia de la revolución se apague y la realidad de reconstruir el país se instale.

"Los problemas de Egipto comenzaron antes de Mubarak y no terminarán con su salida", escribió Kenneth Pollack, director del Centro Saban para Políticas del Oriente Medio del Instituto Brookings, en una colaboración para CNN.com.

"En lugar de eso, (los problemas) son el producto de un sistema corrupto, estancado y opresivo que Mubarak ayudó a construir pero que ahora se extiende más allá de su persona".

Desde que el movimiento tomó impulsó a finales de enero líderes alrededor del mundo han insistido en una transición ordenada . Los llamados aumentaron luego de que el vicepresidente egipcio, Omar Suleiman , anunció a través de la televisión estatal que Mubarak había renunciado y que el Ejército se había cargo "de los asuntos del país".

Las autoridades egipcias necesitan "proteger los derechos de los ciudadanos, eliminar la ley de emergencia, revisar la constitución y otras leyes para hacer este cambio irreversible y establecer un camino claro a unas elecciones justas y libres", dijo el presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

En el futuro inmediato, el Ejército, que es respetado por los ciudadanos, tendrá que luchar por llevar a este país de 80 millones de habitantes hacia una transición en medio de problemas masivos de desempleo y un escaso desarrollo económico, dijo a CNN el corresponsal desde El Cairo, Ben Wedeman.

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"Todo esto representará un reto", dice Wedeman. "Tendrán que aprender junto con la gente de Egipto cómo hacer una transformación delicada de una dictadura a lo que todos esperan sea una democracia".

Un temor que persiste es que el Ejército esté poco dispuesto a dejar el poder a favor de un sistema democrático.

"Egipto tiene una larga historia de gobierno militares", de acuerdo con Daniel Byman, investigador en política exterior del Centro Saban Brooking. "A nadie le sorprendería que los militares no estén ansiosos por entregar el poder a los egipcios".

Pero Byman también destaca la sólida reputación del Ejército. Durante la revuelta, respondió a los manifestantes al mismo tiempo que defendió el régimen de Mubarak. Muchos ciudadanos pidieron que los militares se hicieran cargo del gobierno interino.

"La esperanza es que el Ejército considere que su imagen se vería destruida si crean otra dictadura", dice Byman.

Lo primero que podrían hacer para demostrar que realmente su interés es la gente, es eliminar de inmediato el estado de emergencia, usado por Mubarak para gobernar con mano de hierro, asegura Marco Vicenzino, del Proyecto de Estrategia Mundial.

Los militares dijeron el viernes que lo harán, pero solo una vez que las condiciones lo permitan.

Byman hace notar que los tanques de guerra aún continúan en las calles y que la ley de emergencia continúa por lo que Egipto sigue operando en esencia como un estado policiaco, una de las quejas de las protestas que duraron tres semanas.

"La policía ya no es igual de represiva, pero los tanques siguen en las calles y no parece haber una alternativa de organización", añade. "La cuestión es, ¿hay señales creíbles de que los militares estén en un camino del que no haya vuelta atrás?". 

En los próximo seis o siete meses habrá elecciones libres y justas, sostiene Amre Moussa, secretario general de la Liga Arabe, quien se unió a los manifestantes, pero no ha decido si se presentará como candidato.

Antes de que se lleven a cabo esas elecciones, sin embargo, se requieren cambios dramáticos, por ejemplo, aclarar cómo formaran partidos políticos y cómo se registrarán los egipcios para votar, explica Joshua Muravchik, investigador de la Escuela de Estudios Internacionalse Avanzados Johns Hopkins. 

"Esto es totalmente nuevo para Egipto", agrega. 

Los analistas coinciden en que el futuro de Egipto podría tomar varias direcciones

"Cuando todas las instituciones son corruptas, ¿qué hace que las cosas se salgan de las manos?", pregunta Byman, quien también responde: "Los egipcios han estado unidos en un punto: la renuncia de Mubarak. ¿Pero están unidos sobre cómo debería ser el país en los próximos años? Necesitas cierta unión y cierta visión".

Otra pregunta es cuál será el rol que deberán jugar Suleiman y la Hermandad Musulmana en el nuevo gobierno. La Hermandad es el partido opositor más grande y mejor organizado y hay quienes temen que secuestre el movimiento prodemocrático.

Un vocero del partido dijo a CNN que su grupo confía en el Ejército para llevar a cabo la transición hacia un sistema abierto y democrático. Essam El-Erian aseguró que su organización, la cual ha prometido no presentar un candidato presidencial , espera estar representado en un nuevo parlamento, aunque no cree ganar la mayoría.

Otro gran asunto será reformar la constitución tras la destitución de Mubarak.

La constitución permite solo tres escenarios para que un presidente deje el poder. El primero estipula que si el mandatario tiene que dejar el puesto temporalmente, el vicepresidente debe sustituirlo.

También establece que si la oficina del presidente está vacante o él está incapacitado para desempeñar su cargo, el representante del parlamento debe asumir el rol hasta que se lleven a cabo nuevas elecciones. Estas deben ocurrir en un máximo de 60 días.

Con el tercer camino, que fue por el que se optó, el Ejército toma el poder y la Constitución se torna inoperante.

Moussa dijo el viernes que Egipto necesita una "constitución moderna", que prometa tolerancia con vistas a lo que él llama "una relación positiva y renovada entre todos los sectores de la sociedad egipcia".

Sin embargo, Pollack, hacen notar que el régimen de Mubarak aún permanece.

Vicenzino dice que los militares necesitan comenzar un proceso de inclusión al buscar que miembros de la sociedad civil participen en un nuevo proceso político. El sector privado, las grandes industrias y los sindicatos deben estar incluidos en las discusiones, sostiene.

En ese contexto, Muravchik, de la Johns Hopkins, advierte: "Una elección no hace una democracia".

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