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Irán libera a reporteros alemanes acusados de espionaje

Los reporteros buscaban entrevistar al hijo de Sakineh Mohammadi Ashtiani, mujer condenada a morir lapidada por adulterio
sáb 19 febrero 2011 02:35 PM
teheran iran
periodista aleman liberado teheran iran

Alemania logró la liberación de los dos reporteros de su país detenidos en Irán después de meses de gestiones diplomáticas. Marcus Hellwig y Jens Koch fueron aprehendidos en octubre de 2010 cuando trataban de entrevistar al hijo de Sakineh Mohammadi Ashtiani , una mujer iraní acusada de adulterio y sentenciada a morir lapidada.

Horas antes de la liberación, la agencia de noticias estudiantil local Isna reveló que los periodistas habían sido condenados a 20 meses de prisión, pena que fue conmutada por una multa de 36,000 euros.

En un principio los reporteros fueron acusados de espionaje, por agredir la seguridad del estado iraní, sin embargo, meses después y luego de intervenir la diplomacia germana, se les consideró culpables de trasgredir las leyes de ingreso en el país, al que entraron con visado de turista y sin acreditarse como periodistas.

A principios de 2011, la propia Ashtiani anunció ante medios iraníes que planeaba emprender acciones contra los dos periodistas alemanes por tratar de entrevistar a su hijo y exigió a los prensa extranjera que olvidara su proceso.

La mujer, de etnia azerí y de 43 años, señaló que la acción internacional no hacía más que perjudicarla. Declaración que los opositores iraníes en el exterior consideraron forzada.

Los periodistas aparecieron por primera y única vez en la televisión estatal iraní en una confesión en la que una voz en farsi traducía sus palabras. Ellos dijeron que habían sido engañados por la opositora iraní Mina Ahadi, fundadora y directora del Comité Internacional en contra de la Lapidación, grupo que hace campaña para liberar a Ashtiani.

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El caso de Ashtiani saltó a la arena internacional en el verano de 2010 , cuando su primer abogado denunciara que había sido acusada de adulterio e iba a ser condenada a morir lapidada.

La noticia desató una oleada de solidaridad mundial, que obligó al régimen iraní a mantener en suspenso la condena, y destapó las discrepancias en el seno de la cúpula nacional.

En septiembre, el presidente iraní Mahmud Ahmadineyad dijo que la sentencia no era definitiva. Sin embargo, semanas después, el Poder Judicial afirmó que estaba demostrada la participación de la mujer en el asesinato de su esposo y que sería ahorcada, ya que el delito prevalecía sobre el de adulterio.

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