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Juan Pablo II, un papa "sin miedo y para el mundo", según un cardenal

Luis Aponte Martínez, arzobispo emérito de San Juan, Puerto Rico, recuerda la elección del Papa polaco y su visión ante cambios en el mundo
vie 29 abril 2011 12:24 PM
Juan Pablo II - cardenal Luis Aponte Martínez
Juan Pablo II - cardenal Luis Aponte Martínez Juan Pablo II - cardenal Luis Aponte Martínez

Juan Pablo II reinó como papa por tanto tiempo, viajó por muchos lugares, habló en muchos idiomas y le dio su sello personal y teológico tan firme al trono de San Pedro que se necesita de una muy buena memoria para acordarse de la conmoción que provocó la elección del Arzobispo de Cracovia, Polonia, para reemplazar a Juan Pablo I, que hizo en secreto un grupo de hombres en túnicas rojas.

El cardenal Luis Aponte Martínez tiene una memoria prodigiosa.

El cónclave de 1978

Ahora a los 89 años, el arzobispo emérito de San Juan de Puerto Rico es uno de los cuatro hombres vivos que asistieron al cónclave de 1978 que eligió a Juan Pablo II.

Recordando esos días, mientras el Vaticano se prepara para declarar a Juan Pablo II "beato" el domingo , el último paso antes de la santificación, Aponte está seguro que él y sus compañeros cardenales hicieron la decisión correcta.

"Siempre pensé que era un genio, un hombre que podía hablar más de 10 idiomas, un poeta, un teólogo, un filósofo, un gran deportista", dijo Aponte a CNN.

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Y era temerario, dijo el cardenal.

"No le temía a nada, y lo que tuviera que decir, lo decía", dice Aponte. "Él fue a Cuba y no le tuvo miedo a (Fidel) Castro. Él fue a Santo Domingo (en la República Dominicana) y no temió a la dictadura ahí. Él habló desde el corazón".

Aponte recuerda el cónclave, o reunión de cardenales, para elegir al Papa, en octubre de 1978.

Fue el segundo cónclave de ese 1978, el Año de los Tres Papas, luego de la inesperada muerte del Papa Juan Pablo I, después de un reinado de apenas un mes.

Aponte se sorprendió al regresar al Vaticano desde Puerto Rico a raíz de la muerte de Juan Pablo I, quien se había convertido en cardenal en el mismo momento que Aponte.

"No fue de ninguna manera una fuente de alegría tener que volver a Roma, especialmente para elegir al sucesor de Juan Pablo I", que no había mostrado "ningún signo de enfermedad" antes de su ataque cardíaco fatal.

Los comentaristas en ese momento vieron a Juan Pablo I como una opción de compromiso entre un liberal y un candidato conservador para papa, pero Aponte insiste en que tales consideraciones no entraron en juego cuando Karol Wojtyla de Polonia, fue elegido para reemplazarlo.

"En los cónclaves no piensas en liberales o conservadores", dice, señalando que asistió a la elección de tres papas. "Tienes una… gran, gran responsabilidad. Tienes que buscar al hombre que la Iglesia necesita, y en ese cónclave cuando lo elegimos, realmente hicimos lo correcto, elegimos al hombre que la Iglesia necesitaba en ese momento".

La elección de Juan Pablo II sigue siendo el momento más emotivo de su vida, asegura Aponte.

"Fuimos a felicitarle, pero cuando el cardenal (de Polonia) Stefan Wyszynski fue a presentar sus respetos, el Papa se levantó y se acercó a él y lo abrazó", recuerda Aponte. "Eso para nosotros fue un momento increíble. Todos lloramos".

Hacía más de 450 años desde que el Colegio de Cardenales, dominado por italianos, había elegido un Papa afuera de Italia, y la nacionalidad de Wojtyla jugó un papel en su decisión, dice Aponte.

"Los electores estaban tomando un riesgo, pero hicieron una excelente elección. Había sufrido mucho, había sido prisionero de los comunistas", explica Aponte, agregando que ayudó a su causa "que viniera de un país que sufría".

Sin miedo al cambio

La elección de un Papa polaco repercutió profundamente en la historia del mundo.

Un año después de ser electo Papa, Juan Pablo II, visitó su tierra natal y le dijo a una multitud masiva de polacos: "No tengas miedo."

El movimiento Solidaridad fue fundado poco después y se convirtió en la resistencia más organizada al comunismo en el bloque soviético. Cuando el Muro de Berlín cayó una década después de la peregrinación de Juan Pablo II a Polonia, muchos le atribuyeron el haber ayudado a sentar las bases para el renacimiento de la libertad en Europa del Este.

Pero el patrimonio polaco Karol Wojtyla estaba lejos de ser el único factor que los cardenales tomaron en cuenta en 1978.

Aponte había conocido años antes a Wojtyla en Filadelfia,en un congreso eucarístico al que también asistió la Madre Teresa, entre otros.

"Siempre me impresionó como una persona maravillosa", dice Aponte, quien agregó que en octubre de 1978, "era muy bien conocido, con reputación de ser un buen teólogo. En un caso como Juan Pablo II se podía ver al Espíritu Santo antes de convirtirse en Papa".

Ya era un viajero frecuente antes de su nombramiento, Juan Pablo II se convirtió en el Papa más viajero de todos los tiempos, haciendo 104 visitas al extranjero. Comúnmente se cree que es la figura pública a la que más personas han visto en vivo, más que cualquier otra figura histórica.

Aponte lo acompañó en varias ocasiones y le sustituyó en otras, y esto le provocó aún más respeto para el Papa, dice.

"En una ocasión, me delegó para representarlo en una misión a México e hice tantas actividades que no sé cómo pude hacerlas todas, en particular sino es alguien que esté familiarizado con el mundo y el clima" de México, dice Aponte.

"Estuve con él en muchos lugares: Perú, Ecuador, Estados Unidos, Cuba, Haiti. Él nunca se rehusó trabajar. Trabajaba hasta tarde, solía levantarse y salir por la ventana a saludar a la gente".

Salió de "la jaula de oro"

Sus viajes cambiaron la imagen de lo que significaba ser Papa para el mundo, según los expertos.

"En su mayor parte, los papas habían sido vistos como italianos viejos de blanco, sentados en alguna trono dorado barroco en Roma", dice David Gibson, quien ha escrito varios libros sobre el papado.

"Él salió de la jaula de oro del Vaticano y sus protocolos, y tomó el papado en el mundo en lugar de esperar a que el mundo lo siguiera camino a Roma", dice Gibson.

Y la gente respondió. Cuando en 1972 Juan Pablo II celebró una misa en el Parque Grant de Chicago, una ciudad que ningún Papa había visitado antes,  1.2 millones de personas se presentaron.

Un mensaje para el mundo

Y sus viajes al extranjero sirvieron también para otro propósito, afirma Aponte.

"Sus viajes le hicieron conocer a la iglesia de adentro hacia afuera y familiarizarse con las necesidades de la iglesia, por lo que sería capaz de responder a esas necesidades", dice.

De hecho, los documentos que Juan Pablo II escribió para el nuevo milenio seguirán guiando a la Iglesia Católica años después de su muerte, dice el cardenal.

En el análisis final, sostiene Aponte, Juan Pablo II trascendió incluso la religión que sus seguidores llaman a la Iglesia Universal.

"Recuerda el éxito que tuvo contra el comunismo, por ejemplo", dice Aponte. "No sólo era un Papa para la Iglesia Católica, fue un Papa para el mundo."

"Yo estuve en Roma para su funeral", recuerda Aponte. "Vi a los príncipes, los reyes, los primeros ministros que llegaron para asistir al funeral de un sacerdote católico. Eso fue algo que nos hizo pensar que la Iglesia todavía tiene un mensaje para el mundo".

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