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Los huérfanos por el tsunami en Japón viven una situación difícil

Al menos 1,200 niños japoneses perdieron a sus padres en el devastador terremoto y tsunami, del que este sábado se cumplen tres meses
vie 10 junio 2011 01:54 PM
Japón - huérfanos - Sayaka Sugawara
Japón - huérfanos - Sayaka Sugawara Japón - huérfanos - Sayaka Sugawara

Sayaka Sugawara dice que no siente nada al pararse sobre los cimientos del único hogar que ha conocido. El devastador tsunami del 11 de marzo desapareció la estructura entera, dejando atrás una ola de terror que la niña de 15 años aún no puede comprender.

“Yo estaba en las escaleras”, recuerda Sayaka. “Mi madre estaba arriba. Mi abuela y mi bisabuela estaban abajo con mi perro. Escuché un fuerte sonido desde el suelo. Mi casa se derrumbó instantáneamente. Pensé: me voy a morir”.

Sayaka hace una pausa, contemplando la nada. Doscientas casas alguna vez estuvieron ahí y ahora no queda ningún rastro de esa comunidad.

Sin sus padres, Sayaka es una huérfana a sus 15 años.

A tres meses después del desastre , el gobierno de Japón está todavía contando el número de niños como Sayaka que han perdido a uno o sus dos padres. El gobierno estima que 1,200 niños perdieron a un padre y 200 a ambos. Estos niños terminarán con algún familiar lejano o en un orfanatorio japonés, aunque muchos están saturados.

Ashinaga, una organización sin fines de lucro dedicada a apoyar a los huérfanos japoneses, espera ayudarlos con apoyo financiero y psicológico.

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“Quisiéramos que sus vidas nunca fueran olvidadas”, dijo Yukichi Okazaki, directora de supervisión de educación y relaciones internacionales de Ashinaga.

Pero el problema es que el mundo ya los está olvidando, agregó. A pocos días del desastre, llamadas telefónicas inundaban las oficinas del grupo con ofertas de donativos desde Japón y el resto de todo el mundo.

“Están empezando a olvidar lo que sucedió en Japón. Por eso vamos a Nueva York, para pedirle a la comunidad internacional que nunca olvide”.

Para Sayaka, los dolorosos recuerdos después de que el tsunami destruyera su hogar aún están frescos. “Me encontraba ahí”, afirmó, señalando una escuela primaria a unos 100 metros.

Sayaka y su madre, Riko Sugawara, fueron arrastradas fuera de su casa por las olas del primer tsunami, llevándolas hacia la piscina de la escuela.

“Tenía los escombros apilados sobre mí y podía sentir el agua jalándome. Mi madre estaba a mi lado, viva y hablando. Su pierna derecha estaba atorada en los escombros y no se podía mover”.

El rostro de Sayaka se muestra inexpresivo mientras recuerda el momento. “Le dije, está bien, ya voy. Luego me dijo, ¡no te vayas!, pero aún así me fui”.

Justo cuando se liberaba de los escombros, azotó otra ola del tsunami, lanzándola por los aires sobre el techo de la escuela. De aquí en adelante la historia es algo confusa, ella cree que pasaron dos días antes de que los rescatistas la encontraran.

En las siguientes semanas, los equipos de rescate recuperaron los cuerpos de la madre y la abuela de Sayaka. El cuerpo de su bisabuela aún no es recuperado. Sus seres queridos más cercanos murieron, a excepción de su abuelo. El padre biológico de Sayaka nunca ha sido parte de su vida.

Sayaka se considera afortunada. Justo antes del desastre, fue aceptada en una escuela privada, aunque espera desplazarse desde su hogar. La escuela le está permitiendo vivir gratuitamente este año en los dormitorios y brindándole apoyo financiero para sus clases. Ella espera que el apoyo financiero continúe, pero no hay certeza de que durará más de un año.

Una fotografía de su madre está sobre su pequeño refrigerador. Esa foto fue tomada el 4 de marzo, una semana antes del tsunami. Sayaka tiene varias fotos preciosas de su madre, tomadas de su celular, encontrado enterrado junto al cadáver de su madre.

Por más terrorífica que sea la historia de Sayaka, no duda en señalar que su situación es mucho mejor que la de otros huérfanos que ha conocido. “No sientan pena por mí. Sientan pena por los niños de primaria que perdieron a sus padres o por un niño que no tiene ni un abuelo, como yo. No sientan pena por mí”.

Sayaka es parte de un grupo de cuatro huérfanos que Okazaki está llevando a Estados Unidos para una recaudación de fondos en Times Square de Nueva York. Okazaki espera que los medios de comunicación estadounidenses ayuden a difundir  la noticia de los huérfanos en Japón. Es una batalla contra la corriente según Okazaki, en un país que se resiste a las adopciones o a ayudar a gente que no es familiar directo.

Los estudiantes también se reunirán con huérfanos estadounidenses , quienes perdieron a sus padres en los ataques terroristas del 9/11 y en el Huracán Katrina.

El martes pasado, en el Aeropuerto Narita de Tokyo donde los cuatro huérfanos se preparaban para abordar el vuelo hacia Estados Unidos, los niños platicaban con mucho entusiasmo sobre su viaje a Nueva York. Dicen que no están preocupados por el idioma.

“Sólo niños como nosotros pueden entendernos”, dijo Shoya Kasai, quien también quedó huérfano con el tsunami.

Sayaka afirma que está ansiosa por conocer a algún niño que haya seguido con su vida tras perder a sus padres.

“No siento nada de esto” dijo Sayaka, refiriéndose  a la pérdida de su hogar y su familia. Ella entiende que algún día esos sentimientos llegarán, quizá en algunos años. La pregunta es si habrá alguien a su lado para ayudarla a manejarlos.

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