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En Libia, como en cualquier guerra, los civiles pagan el precio más alto

Meses de enfrentamiento entre las fuerzas de Gadhafi y los enviados de la OTAN han cobrado factura en ciudades como Misrata y Zlitan
vie 12 agosto 2011 10:14 AM
ataque de la otan
libia-ataque ataque de la otan

Un hombre adulto lloraba y gritaba mientras sus amigos lo sacaban de la mezquita. La mano izquierda y los pies de Mustafa Naji al-Mraber estaban vendados, tenía manchas de sangre en su ropa y la válvula de una inyección intravenosa todavía en su brazo. Era tanto esposo como padre en profundo duelo.

Cerca de él, su cuñado de 26 años de edad, Abubakr Ali, lloraba como un niño. Ali recogió las mantas que cubrían dos pequeños ataúdes. Dentro de ellos estaban los cuerpos ensangrentados de sus sobrinos, Mohamed y Motez al-Mrabet, de 5 y 3 años.

Su madre, Ibtisam, estaba en otro ataúd a su lado. Los tres murieron una mañana mientras dormían, dijeron vecinos y familiares, cuando su casa en las afueras de esta ciudad costera fue azotada por un ataque de la OTAN . Familiares afirmaron que Naji, de 8 años, estaba en terapia intensiva sufriendo serias heridas.

Autoridades del asediado gobierno de Moammar Gadhafi llevaron entonces a los periodistas a las ruinas de la casa de campo de dos pisos de la familia al-Mrabet, ubicada en una zona residencial.

“En mis 36 años, nunca vi un día como este”, dijo un vecino llamado Salah Buharto. Señaló que la explosión de las 6:30 a.m. fue tan poderosa, que al principio pensó que su propia casa había recibido el impacto.

Al ser cuestionado sobre el presunto ataque aéreo, un vocero de la OTAN comentó a CNN: “La OTAN realizó un ataque en Zlitan a las 6:30 a.m. hora local. El blanco era un centro de mando y control en manos de fuerzas del gobierno”.

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“No teníamos razones para creer que habría bajas civiles”, comentó a CNN otro vocero de la OTAN que también solicitó permanecer en el anonimato. “Sin embargo, tomamos estos reportes con mucha seriedad y estamos investigando el asunto. Hay un proceso que revisar”.

Durante semanas, Zlitan había sido blanco de una intensa campaña de bombardeo por parte de la OTAN . La cantidad de edificios y complejos devastados por los ataques aéreos se ha elevado visiblemente desde que el mes pasado periodistas internacionales hicieran una gira supervisada por el gobierno a la pequeña ciudad.

El régimen de Gadhafi acusa a la OTAN de haber atacado almacenes de comida, clínicas de salud y escuelas. Sin embargo, la gira a una zona bombardeada reveló evidencia que sugiere que el blanco no era enteramente civil.

En las instalaciones de una escuela de derecho que fue bombardeada, con las paredes de los salones quemadas y cristales esparcidos en el suelo, CNN encontró varios uniformes militares tirados junto a cajas de municiones.

Cuando se cuestionó a uno de los escoltas del gobierno sobre la parafernalia militar, dijo que las cajas de municiones y los uniformes “pertenecían a guardias de seguridad de la escuela”.

Cada que pasaban unos cuantos segundos, se escuchaban truenos de misiles y cañones a la distancia, mientras los rebeldes y las fuerzas del régimen sostenían un duelo mortal de artillería en el frente de batalla a unas cuantas millas del este de la ciudad. Zlitan está ubicada a menos de 50 millas al oeste de la ciudad portuaria de Misrata, controlada por los rebeldes y la cual ha sobrevivido a un largo y sangriento asedio de las fuerzas de Gadhafi.

La semana pasada, comandantes rebeldes afirmaron que habían tomado el control de algunas partes de Zlitan tras su avance al oeste de Misrata. Pero el centro de la ciudad parecía estar en manos de la fuerzas del régimen.

La ofensiva combinada de la OTAN y las fuerzas rebeldes claramente han pasado factura a Zlitan. Las calles de la ciudad estaban casi desiertas y la mayoría de las tiendas cerradas. Los habitantes informaron que han sufrido largos apagones de 10 horas o más. Vehículos civiles y una ambulancia untados con mugre –una táctica utilizada tanto por los rebeldes como por elementos del régimen como camuflaje– se dirigieron al centro de la ciudad.

El Consejo Nacional de Transición rebelde y sus aliados de Washington, Londres y París, han demandado desde hace tiempo que Gadhafi renuncie al poder. Pero a más de cinco meses después de que las manifestaciones antiGadhafi se desataran en Libia, el extravagante coronel sigue aferrado al poder.

Su gobierno amenaza con una guerra de desgaste contra sus enemigos. “Esta guerra, este honorable enfrentamiento, podría llevar años”, advirtió el principal vocero de Gadhafi, Musa Ibrahim, en una reciente conferencia de prensa. “No queremos que así sea… Pero desde el principio nos hemos preparado para pelear en el frente diplomático por años, en el frente militar por años , en el frente económico por años”.

Como en cualquier conflicto, los civiles pagan el precio más alto.
En el funeral de los al-Mrabet, Abubakr Ali observó cuidadosamente cómo algunos voluntarios enterraban los cuerpos de su hermana y sus dos sobrinos al lado de la mezquita de la colonia.

“Este era un hogar civil. No del ejército, ni de militares, ni de fuerzas de Gadhafi. Era una familia durmiendo en su hogar. Esta es la protección que se le da a los civiles”, comentó Ali con disgusto. Se refería a la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU que autorizó el uso de la fuerza en Libia para proteger las vidas de los civiles.

Con lágrimas corriendo en su rostro, Ali tomó un rifle Kalashnikov y disparó un
cartucho de balas al aire.

“Que se jodan la OTAN y las ratas rebeldes y que se jodan aquellos que dieron las coordenadas para el ataque”, gritó Ali. “Que Dios los condene ahora y en la vida después de la muerte. Moammar, estoy contigo hasta la última gota de mi sangre”.

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