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'Love kitchen', el comedor comunitario de las gemelas Helen y Ellen Ashe

Desde 1986 'Love Kitchen' sirve comida gratuita para alimentar "el cuerpo y el espíritu" de los más necesitados
jue 25 agosto 2011 10:50 AM
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Helen Ashe vivió muchas dificultades durante sus primeros años en Abbeville, Carolina del Sur, en las décadas de 1930 y 1940.

La primera casa de su familia no tenía luz ni agua. Pero aún en los tiempos difíciles, a ella y su hermana gemela, Ellen, les enseñaron a no ser egoístas.

“Mi papá nos enseñó a no quedarnos con el último pedazo de pan en la mesa; alguien con hambre podría pasar”, recordó Ashe.

Desde 1986, Ashe ha estado dejando mucho más que un pedazo de pan sobre la mesa. Como fundadora de Love Kitchen (Cocina del Amor) en Knoxville, Tennessee, ha ayudado a servir más de un millón de comidas gratuitas para la gente necesitada.

Con el apoyo de su hermana y un equipo de voluntarios, Ashe ayuda a aquellas personas sin hogar, hambrientas, vulnerables y sin esperanza.

“Tenemos a mucha gente necesitada”, dijo Ashe, de 83 años. “Eso es lo que nos hace seguir adelante. Love Kitchen prepara y distribuye alrededor de 2,000 comidas a la semana desde un gran centro comunitario que está equipado con una cocina similar a la de un restaurante.

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Los miércoles y jueves Love Kitchen sirve una comida donde todos son bienvenidos. Cientos va a cenar, pero la mayoría de las comidas –1,500 en promedio– son entregadas a habitantes de Knoxville que no pueden salir de sus hogares. Muchas de estas personas son mayores y sufren de enfermedades que los debilitan.

“Cada semana conseguimos una lista de personas que están hospitalizadas, demasiado viejas para venir a comer, o confinadas en sus hogares”, comentó el voluntario James O'Hare. “Luego los jueves, toman una porción de estas siete comidas y los voluntarios se la llevan a la persona”.

Cada caja para llevar contiene una entrada, un vegetal, pan y postre, para que los destinatarios reciban alimentos surtidos para toda una semana. Pero también reciben mucho más.

“Alimenta sus cuerpos pero también su espíritu”, dijo O'Hare. “Tienen a alguien que los va a ver y habla con ellos, los estimula un poco”.

Ashe normalmente no entrega las comidas personalmente. Ella y su hermana se quedan en el centro comunitario, recibiendo a voluntarios, comensales y hasta fans que se dan una vuelta para saludar.

“Mi hermana Ellen es una bendición para mí”, dijo Ashe. “Ella siempre dice que Love Kitchen viene desde la concepción. Y que Dios mandó a dos por ello: porque es demasiado trabajo para una sola”.

Las dos se integraron a la escuela de enfermería a finales de la década de 1950, y después de su graduación, comenzaron a trabajar en lo que hoy es el Centro Médico de la Universidad de Tennessee.

En esos tiempos, destacó Ashe, la segregación estaba “al máximo”. Vio a muchos de sus pacientes negros luchar por comida y transporte. “No tenían dinero. No tenían medio de transporte para llegar a casa. El Señor me puso en la cabeza la idea de hacer algo al respecto”.

Ashe dijo que usaba sus propios recursos cada que podía para ayudar a los necesitados. Sin embargo, ella soñaba sobre un lugar “donde la gente pudiera llegar y comer y no tuviera que pagar nada”.

En 1986, ese sueño se convirtió en realidad cuando el pastor de una iglesia cercana le dijo que podía instalar una tienda en el sótano. El primer día que Love Kitchen abrió sus puertas, sirvió 22 comidas.

“Creo que nuestra primera comida fue pollo frito con papas fritas y un poco de ensalada”, dijo Leroy Mundy, de 66 años, quien ha acudido a Love Kitchen desde su apertura.

El número de comensales fue creciendo con el paso del tiempo, así como las instalaciones. Pero más de dos décadas después, todavía hay cocina casera sureña, así como una buena hospitalidad. “Te vas con amor y con tu espíritu en alto cuando hablas con estas dos señoras”, dijo Mundy.

Los alimentos de Love Kitchen son donados por una abarrotería de la zona. Granjeros locales y tiendas especializadas también surten vegetales, frutas y productos horneados.

Los alimentos se sirven frescos en una cocina que cumple con los estándares del Departamento de Salud. Las edades de los voluntarios varían y muchos son profesionales de la zona que se han inspirado con la visión y trabajo de Ashe.

Ashe le da todo el crédito a Dios y a sus maravillosos padres. Su lema sigue siendo el mismo desde el día que abrió: “Trabajamos por lo que tenemos y compartimos lo que tenemos”.

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