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El desasosiego reina en el aniversario de la revolución en Libia

Los libios aún no ven con claridad los avances de la reconstrucción del país un año después de inicio de las protestas contra el régimen
vie 17 febrero 2012 01:41 PM
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En Trípoli son más numerosos los letreros de Armas prohibidas que los de No fumar. Ésta fue una elocuente observación hecha hace unos días por Kadijha Teri en su blog. Ella fue testigo de una discusión en la que unos hombres sacaron sus armas en plena calle. “Es aterrador ver a los hombres gritando, blandiendo sus armas y apuntándose unos a otros por una discusión absurda”, escribió.

A un año del inicio de la revolución libia, los grupos de defensa de derechos humanos describen una nación en la que hay grupos armados fuera de la ley cometiendo crímenes impunemente y amenazando la estabilidad de la nación al obstaculizar los esfuerzos de reconstrucción.

Amnistía Internacional dijo que los abusos perpetrados por las milicias se suman a los crímenes de guerra, y el grupo observador urgió a las autoridades libias a frenarlos. De otra forma, indicó AI, pueden resultar vanos los riesgos que el pueblo libio ha corrido al exigir justicia en su país.

Hace un año los libios se atrevieron a tomar las calles en Bengasi; la ira ardiente del pueblo alcanzó el punto de ebullición cuando el abogado de derechos humanos Fathi Terbil fue arrestado. Fuera de las oficinas del gobierno se reunieron cerca 2,000 manifestantes. Entonaron coros en contra de Moammar Gadhafi, el hombre que los había gobernado con mano de hierro por cuatro décadas.

Nadie podía imaginarse que Gadhafi pudiera ser expulsado del poder. Pero los libios perseveraron, inspirados por sus vecinos del este y el oeste. El 17 de febrero convocaron a un Día de Furia. Después, las protestas se intensificaron y se esparcieron, y ocho largos meses más tarde, luego de cruentas batallas y una campaña aérea de la OTAN, Gadhafi fue derrotado. Esta semana los libios apenas pueden creer que ya ha pasado un año.

Desde octubre, cuando Gadhafi fue capturado, hay muchos aspectos de la vida cotidiana que parecen normales, pero en muchas formas importantes, Libia se ha ido a pique.

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Probablemente el país no es distinto a otros que se están recuperando de un trauma y una convulsión masiva. En las calles puede sentirse la frustración y la incertidumbre por lo que el futuro pueda traer consigo.

Mientras los libios se preparan para celebrar su libertad, los luchadores revolucionarios están en alerta extrema y los puntos de revisión adicionales se han multiplicado. Los libios comunes se aferran al optimismo que ha brotado desde las primeras protestas del pasado febrero en Bengasi. Dicen que construir una nación luego de cuatro décadas de tiranía no es tarea fácil.

En la plaza principal a la que Gadhafi llamaba Plaza Verde (ahora conocida como Plaza de los Mártires), se escucha música revolucionaria brotando con estruendo de los autos. Pero muchos aún temen que aquellos leales al antiguo régimen intenten irrumpir en las celebraciones del aniversario o que intenten destruir a la nueva Libia.

En días recientes han circulado mensajes de texto entre los simpatizantes del viejo régimen haciendo un llamado a hacer su propio levantamiento para “liberar (a Trípoli) de la revolución de la OTAN”. En las redes sociales han aparecido videos tomados por la autonombrada “resistencia” libia.

Libios contra libios

Un sondeo del Oxford Research International, considerado como la primera encuesta nacional en Libia y que reveló datos impresionantes, mostró que sólo el 17% de los libios sienten que se puede confiar en las personas. Sólo el 29% de los libios dijo que preferiría vivir en una democracia ante el 35% que dijo que preferirían ser gobernados por un líder duro. El 16% de los 2,000 libios encuestados estaban preparados para recurrir a la violencia con fines políticos.  Esto significa que hay 630,000 luchadores potenciales, además de los 280,000 que ya han empuñado un arma.

Las milicias revolucionarias que transitan por las calles se llaman a sí mismas “los héroes de la nación”. Después de todo fueron ellos quienes echaron a Gadhafi. Insisten en mantenerse armados para proteger la revolución, especialmente en virtud de que la presencia del Ejército y la policía es prácticamente inexistente.

Mohamed, de 28 años, dice que el gobierno de Libia es débil; sus defensas no son lo suficientemente fuertes. Asegura que la nación necesita de un gobierno que puede agrupar rápidamente a las facciones revolucionarias bajo un mismo techo, uno que pueda activar un sistema de justicia operante. Reclutar un ejército nacional. Mohamed teme que, si no se toman fuertes medidas para la reconciliación nacional, Libia estará en riesgo de una guerra civil. “Espero lo mejor cada día”, dice. Pero Mohamed está preocupado. Y no es el único. 

¿En qué punto está la transición?

Han aumentado las críticas en contra del Consejo Nacional de Transición y del desempeño del gobierno interino. Muchos libios dicen estar frustrados por el lento avance de la reconstrucción, lo cual no es raro para una nación que empieza desde cero. El punto es si el gobierno libio será capaz de conservar la confianza de la gente.

Otros libios censuran la falta de transparencia en la toma de decisiones y la incapacidad del gobierno de imponer su autoridad sobre las milicias. Los habitantes de Trípoli se quejan de los cortes diarios a la electricidad y de un sistema de salud deficientemente equipado. Parte de esa frustración ha salido a flote de forma muy visible.

El mes pasado, un grupo de protestantes enardecidos irrumpió en las oficinas del CNT en Bengasi y el jefe sustituto del consejo, Abdel Hafiz Ghoga, renunció al cargo en medio de las protestas.

Los funcionarios del gobierno alegan que heredaron un desastre luego de las cuatro décadas del mandato de Gadafi. Han pedido paciencia. Anees al-Sharif, exvocero del Consejo Militar de Trípoli —una confederación de las facciones armadas de la capital—, atribuyó la situación actual a la falta de liderazgo de la autoridad civil.

 “Crece la sensación de que el CNT no está haciendo lo suficiente para impulsar a la revolución de la fase uno a la fase dos en este periodo de transición”, dijo. Los libios solo tienen que mirar hacia Egipto para ver lo espinoso que puede ser el camino revolucionario. “Se trata de un gobierno sin poder real y lo que en verdad necesita es asociarse con quienes están en el campo para hacerlos parte de este Estado”, dijo al-Sharif. Los votantes acudirán a las urnas a finales de junio para elegir a la Asamblea Nacional a la que se le asignará la redacción de una Constitución.

La meta inicial era deshacernos de Gadafi. Ahora, los líderes de Libia deben unificar la nación bajo nuevas metas: unas que respeten los enormes sacrificios hechos por el pueblo libio, dijo al-Sharif.

“Debemos ser leales a sus sacrificios en aras de nuestro país y… recordar que la meta de esta revolución no era deshacernos de Gadhafi y ocasionar un caos”, dijo. “Esto sería desastroso, una traición suprema a nuestros caídos en la lucha por la libertad y al establecimiento de un Estado moderno y desarrollado.”

A veces los proyectos parecen ambiciosos, pero el viernes los libios harán un balance de lo que han ganado hasta ahora. “Nunca creímos que esta revolución llegaría y ahora es una realidad, así que nos sentimos como en un sueño”, dijo el ministro de planeación, Essa Tuwegiart.

Sin embargo, el periodista Ramadan Jarbou sabe que es muy real. Ya no tiene que sopesar cada palabra, tomar en cuenta las consecuencias. Ya nadie lo molesta después de publicar un artículo. El escritor de Bengasi estalla en punzantes declaraciones sobre la forma en que Gadafi descuidó a Libia. “Ahora puedo expresarme”, dijo. Y por eso dice que la revolución valió la pena.

Reportó Jomana Karadsheh desde Trípoli y Moni Basu desde Atlanta. 

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