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Nuestras Historias

Desertores norcoreanos narran el horror en campos de trabajos forzados

Cientos de miles de norcoreanos están presos en centros con vida de esclavo, y bajo la sombra del hambre y la muerte
lun 28 mayo 2012 02:26 PM
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Al observar la ejecución pública de su madre y su hermano mayor, Shin Dong-Hyuk pensó que el castigo era justo. Habían planeado escapar del campo de trabajos forzados norcoreano en el que se encontraban recluidos hasta que Shin los escuchó por casualidad y los denunció ante los guardias carcelarios.

Con tan sólo 14 años, Shin dice que no sintió culpa por condenarlos a muerte. Siendo uno de los muy pocos norcoreanos que nacen dentro de uno de los crueles campos de prisioneros, dice que el concepto de familia que existe en el mundo exterior no existía en el Campo 14.

“Nunca había sentido esa especie de apego y amor que la gente ajena a los campos de prisioneros siente por ellos”, dijo a CNN. “No eran más que uno de los muchos delincuentes dentro de un campo de prisioneros”.

Los que como Shin, que han tratado de escapar de un campo de trabajos forzados o de presos políticos en Corea del Norte y han alcanzado a sobrevivir para narrar la historia, hablan de hambre, tortura, traición y ejecuciones. Al delatar a los otros, muchos dicen que como reclusos podrían esperar recibir más comida o menos golpes. En los últimos años, han surgido espantosos relatos desgarradores relatos acerca de, literalmente, hacerlos trabajar hasta la muerte. Sin embargo, los campos siguen y Pyongyang continúa negándose a reconocer su existencia.

El gobierno de Corea del Sur intenta, por primera vez, documentar oficialmente las atrocidades, al reunir inquietantes relatos de primera mano de parte de aquellos que han logrado llegar a Corea del Sur, entre ellos Shin, quien salió en 2004. Hace poco se publicó un informe de 381 páginas elaborado por la Comisión Nacional de Derechos Humanos de Corea basado en el testimonio de 278 desertores, y cuenta con los nombres de los guardias carcelarios que cometieron torturas o ejecuciones.

“Sentimos una necesidad de administrar de manera sistemática los ejemplos de violaciones a los derechos humanos; estos pueden ser empleados por el país como datos preliminares de defensoría después de la unificación”, dijo Lee Young Ken, jefe del departamento de la Comisión de Corea del Norte.

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“Esto también podría ejercer presión psicológica sobre los funcionarios de Corea del Norte, quienes sin duda podrán ver esta compilación de datos”.

El grupo de derechos humanos Amnistía Internacional cree que hasta 200,000 prisioneros están detenidos “en terribles condiciones dentro de seis dispersos campos de prisioneros políticos”.

En su informe anual de derechos humanos dado a conocer la semana pasada, quedó establecido: “La combinación de peligrosos trabajos forzados, mala alimentación, golpizas, inadecuada asistencia médica y condiciones de vida antihigiénicas, se tradujo en prisioneros enfermándose, y un gran número murió bajo custodia o poco después de su liberación”.

Estos campos han sido utilizados durante años por la dinastía Kim para sofocar la disidencia política. Amnistía cree que han existido desde la década de 1950.

Un desertor, quien sólo quiso ser identificado como Kim puesto que todavía tiene familiares dentro de Corea del Norte, dijo a CNN que los reclusos enfrentan una muerte lenta y dolorosa. Fue enviado durante un año y medio a un campo de trabajos forzados tras ser capturado en un intento por cruzar a China.

“Recibimos 120 gramos de maíz podrido al día como comida. Por lo que mucha gente con la misma condena de año y medio no lograron sobrevivir y murieron de hambre”.

Kim relata cómo vio morir a muchos de sus compañeros de prisión y tener que enterrarlos en una colina cercana. La única colina en donde las flores crecen bien, dijo, debido a la gran cantidad de cuerpos en descomposición debajo de la tierra. “Cuando fui a enterrar a mi amigo, me percaté de que el agujero era demasiado pequeño”, dijo. "Cuando pregunté la razón de ello, el hombre me dijo que no había más espacio para hacer un agujero más grande. Cuando cavé la tierra con mi pala, vi unas cuatro capas de cuerpos y huesos humanos”.

Ahora Kang Chol-Hwan es periodista en Corea del Sur, algo totalmente distinto de su anterior vida, donde pasó 10 años dentro de un campo de prisioneros. Enviado a los nueve años, cuando su abuelo cayó en desgracia con la élite, dice que casi muere en tres ocasiones distintas por desnutrición y agotamiento. Recuerda haber sido obligado a comer hierbas, insectos y ratones para mantenerse con vida.

“Era como el campo de concentración Auschwitz de Hitler, aunque no tan grande y distinto en la forma en que se mata a la gente. Hitler mataba con gas a la gente; Kim Jong Il succionaba la vida de las personas a través del hambre y el trabajo forzado”.

Kim Jong Un tomó el poder de su difunto padre en diciembre de 2011 y parece no haber cambiado en lo absoluto las cosas dentro de los campos de presos políticos.

Amnistía dice que la Agencia de Seguridad Estatal de Corea del Norte detuvo a más de 200 funcionarios en enero de este año, como parte de un aparente plan de sucesión del poder. Amnistía dice sospecha que algunos fueron ejecutados y el resto enviados a los campos.

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