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El aislamiento de Los Cabos refuerza la seguridad para la cumbre del G-20

El limitado acceso al destino turístico de Baja California Sur, las altas tarifas del área y el calor dificultan el desarrollo de altercados

Con la crisis de deuda de Europa, el temor a que ésta contagie a la economía internacional y el caos reinante en Siria, los líderes de las 20 principales economías del mundo se reunirán a partir de este lunes en el pacífico y aislado balneario de Los Cabos para abordar esos y otros temas en la cumbre del G-20, la primera que se celebra en un país latinoamericano.  

El escenario para la cita es un destino turístico mexicano del sur de la Península de Baja California, al cual se puede llegar por dos carreteras o por un aeropuerto, lo que lo convierte en un búnker natural para un evento de esta naturaleza. 

Destino habitual de las estrellas de Hollywood, el aislamiento de Los Cabos, su clima cálido y los altos costos de sus servicios —un taxista cobra hasta 1,000 pesos por un viaje del aeropuerto a Cabo San Lucas, de menos de 40 kilómetros—, auguran la ausencia de manifestantes, habituales en cumbres de este tipo, como la de la OTAN del mes pasado, en la que hubo casi medio centenar de arrestados.

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A pesar de ello, las autoridades federales desplegaron un operativo de seguridad desde hace tres semanas a lo largo del corredor turístico, una franja costera de 32 kilómetros que une San José del Cabo con Cabo San Lucas, zona en la que se ubican resorts de primera clase. 

El primer círculo de seguridad lo componen 2,500 agentes de la Policía Federal, que mantienen cinco retenes desde el Aeropuerto Internacional de San José del Cabo hasta Cabo San Lucas. En cada uno de esos puestos de revisión, están instaladas cámaras de videovigilancia, las cuales son monitoreadas desde un centro de mando operativo. Éste recibe la señal en vivo de aviones no tripulados que sobrevuelan la región, acompañados por tres helicópteros Blackhawk, de transporte y apoyo aéreo.

El dispositivo, a cargo del Estado Mayor presidencial, que vela por la seguridad del presidente de México, incluye a oficiales de la Secretaría de Marina (Semar) y de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena). Frente a San José del Cabo, la Semar desplegó lanchas interceptoras y dos destructores.

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Agentes del Estado Mayor Presidencial están presentes en los accesos a los hoteles de la zona, cuyas playas cerraron y cuyos visitantes son sometidos a una rigurosa seguridad, similar a la de los aeropuertos.

La Capitanía de Puerto de Cabo San Lucas informó que fue restringida la navegación marítima en gran parte del corredor turístico aunque sin incluir a Cabo San Lucas y sus actividades acuáticas. La zona de exclusión llega hasta cinco kilómetros mar adentro.

Es precisamente Cabo San Lucas, donde se encuentra el famoso arco de piedra, ícono del lugar, donde la vida nocturna transcurría este sábado con normalidad. Cientos de turistas abarrotaban los populares lugares de entretenimiento del puerto o tomaban uno de los viajes en barco para observar el atardecer del Océano Pacífico.

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En San José del Cabo, con una población de 69,000 habitantes, el aparatoso dispositivo de seguridad se limita a los hoteles: las calles del centro del pequeño pueblo lucían tranquilas, con turistas que compraban recuerdos y recorrían la plaza central, la Plaza Mijares, frente a la Misión de San José, fundada por los Jesuitas en 1730.

Para un evento de tal magnitud , al que acuden, según la Secretaría de Relaciones Exteriores, varios miles de delegados, comenzó a construirse desde el 15 de septiembre del año pasado un centro de convenciones, con un costo de 1,200 millones de pesos, en San José del Cabo, la cabecera del municipio.

Construido a aproximadamente dos kilómetros de la playa, con 3,500 toneladas de acero y 15,000 metros cúbicos de concreto, el lugar cuenta con 25,922 metros cuadrados de construcción, con capacidad para eventos de hasta 6,400 personas en tres salas de exposiciones y siete salas de convenciones.

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El lugar albergará estos días a los protagonistas del panorama económico y político internacional, con mandatarios como Barack Obama, Angela Merkel o Vladimir Putin, o los líderes de las mayores instituciones económicas del mundo, como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. El secretismo respecto al alojamiento de los ilustres asistentes refleja la seguridad de la cita.  

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