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El ébola deja huérfanos estigmatizados y abandonados

Un pastor liberiano se esfuerza por lograr que los familiares de los menores que quedaron huérfanos por el ébola no los abandonen

Dos niños que quedaron huérfanos a causa del ébola juegan en un rincón de un orfanato liberiano. Sus padres murieron en septiembre y ninguno de sus familiares está dispuesto a reclamarlos. Tienen demasiado miedo.

Por cada muerto hay aproximadamente un niño que perdió a un padre en los países de Guinea, Liberia y Sierra Leona, en el oeste de África.

La enfermedad ha robado la vida de al menos 4,555 personas y ha arrebatado a uno o ambos padres de unos 4,000 niños, según la agencia de Naciones Unidas para la niñez de la Unicef. La agencia teme que la cantidad se dispare al igual que los casos de ébola.

Cambio de actitudes

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Los huérfanos no están enfermos y el pastor John Ghartey está harto de ver que no los reciban. Trata de cambiar las actitudes de su congregación en la iglesia de la Cosecha del Reino de Cristo, en Nueva Georgia, Liberia.

Al principio fue una misión lenta. Conforme el ébola mataba a los padres, se extendió el miedo de tener contacto con los huérfanos aunque no presentaran síntomas.

"El ébola separa familias porque cuando tus familiares enferman por el virus, nadie quiere tocarlos. Nadie quiere interactuar", dijo Ghartey.

La enfermedad ha trastornado el tejido social. Los familiares usualmente reciben a los huérfanos, pero el miedo ha roto la cadena, aseveró Manuel Fontaine, director regional de la Unicef .

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A veces, los temores se justifican.

"El ébola está provocando que una reacción humana básica, tal como consolar a un niño, se vuelva una posible sentencia de muerte", mencionó Fontaine.

La Unicef se está esforzando por tratar con seguridad a los niños enfermos. Se instruirá a unos 2,500 sobrevivientes para que cuiden de los niños que están en cuarentena en los centros de tratamiento. Se considera que los sobrevivientes son inmunes a la enfermedad.

El efecto de la compasión

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Ghartey ha puesto el ejemplo desde el púlpito, aunque sea tomando a los huérfanos de la mano, gesto inusual en estos tiempos llenos de temor.

Es posible que haya funcionado.

Algunos de los niños que quedaron huérfanos han encontrado familiares más compasivos.

Una mujer del coro de Ghartey murió y dejó a su hija mayor a cargo de sus cuatro hermanos menores y de su propia hija de un año. Ella aceptó la misión.

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El predicador recuerda la escena. Yacía muerta en una sala mientras que el resto de la familia estaba en el porche.

Ghartey los invitó a entrar a su casa.

"Se sentaron en la sala con mi familia", cuenta. "Ahora son como de nuestra familia".

Conforme el ébola ha mermado a su rebaño, el pastor les ha dado consuelo espiritual para luchar contra sus temores.

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"Si Cristo es su representante, las enfermedades no pueden destruirlos, ¡en el nombre de Jesús!".

De cara al letal virus, él predica, con todo su cuerpo y a voz en cuello, la esperanza del alma inmortal.

Nima Elbagir reportó y escribió desde Monrovia; Ben Brumfield escribió desde Atlanta. Con información de Faith Karimi.

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