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La fuga de profesores en Venezuela se agrava

Una gran mayoría de profesores se muda a otros países mientras la nación sudamericana se sumerge en una profunda crisis humanitaria y económica.
Educación
Educación El éxodo de la clase educada del país eleva preguntas sobre quién pueda enseñarles a las generaciones futuras.

Mariella Azzato ve que su personal se disminuye casi a diario en Venezuela.

Más de 430 profesores y asistentes de profesoras han dejado la Universidad Simón Bolívar, en Caracas, desde 2015, según Azzato, vicerrectora administrativa encargada.

Esta universidad pública es ampliamente reconocida como una de las mejores del país. Sin embargo, más de un tercio de los docentes se han ido en los últimos tres años.

Una gran mayoría de profesores se ha ido buscando una mejor vida en otros países mientras la nación se sumerge en una profunda crisis humanitaria y económica, marcada por un gobierno que muchos, incluyendo el presidente Donald Trump, consideran una dictadura.

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“Va a llegar un momento cuando ya no quede nadie más. Hay un éxodo de la mayoría de profesores talentosos hacia otros países”, lamenta Azzato.

Los estudiantes también se están yendo. Azzato dice que la universidad empezó el año con un poco más de 12,000 estudiantes, pero estima que esa cifra cayó a 10,700.

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El crimen rampante, la escasez de comida y suplementos médicos y una inflación extrema han forzado a cientos de miles de venezolanos a buscar refugio en otros lugares. Azzato dice que el éxodo de profesores es cada vez mayor.

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“No veo ningún cambio en el país, y puedo prever que esta tendencia va a continuar”, dice Azzato, quien dice que no ha considerado irse de Venezuela.

Mientras el presidente Nicolás Maduro intenta aumentar su poder —en julio tomó el poder de la Asamblea Legislativa que estaba manos de la oposición— el éxodo de la clase educada del país hace que surjan preguntas sobre quién quedará para resolver los infinitos problemas de Venezuela, y mucho menos quién pueda enseñarles a las generaciones futuras.

Más de 39,000 venezolanos buscaron asilo en todo el mundo en la primera mitad de este año, duplicando el ritmo del año pasado, cuando 34,000 lo hicieron durante 2016, según el reporte de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, publicado en octubre.

Los países a los que más acuden los venezolanos a pedir asilo son Estados Unidos, Colombia, España, Argentina, Brasil y México. La población de Venezuela es de unas 30 millones de personas.

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nullSin embargo, estos números son solo una parte de todo el panorama. En la primera mitad de este año, 263,000 venezolanos cruzaron hacia Colombia, según funcionarios de migración de ese país.

Venezuela y Colombia comparten una frontera que se extiende sobre miles de kilómetros. Venezolanos cruzan los límites para comprar comida, artículos de aseo y otros productos básicos y regresan el mismo día a su país. Miles de venezolanos también tienen doble ciudadanía en Colombia, por lo que es difícil saber cuántos venezolanos han dejado su país para vivir al otro lado de la frontera.

Pero muchos no regresan a Venezuela.

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“Un gran porcentaje de venezolanos entran a Colombia para utilizar nuestro país como puente para llegar a terceros países”, escribió Christian Krüger Sarmiento, director de Migración Colombia, una agencia gubernamental. (Aerolíneas han dejado de volar a Venezuela, así que Colombia es el lugar más cercano desde donde pueden viajar).

Clases interrumpidas

Alejandro Nava dejó de ser profesor en Venezuela en abril. Nava era un exprofesor adjunto de derecho en Maracaibo, Venezuela, y consiguió una tarjeta verde para vivir en Arlington, Virginia, con su tía.

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Aunque nunca le sucedió, Nava dice que en Venezuela las clases en la universidad son usualmente interrumpidas por ladrones que apuntan con armas a todo el mundo. Los campus universitarios son ciudades fantasmas en Venezuela a las cinco de la tarde, agrega.

Durante mucho tiempo, las universidades en Venezuela han permitido a los mejores graduados impartir cursos de pregrado.

“Todos los profesores se están yendo. Permanecer en Venezuela hubiera significado quedarme solo… si estás atrapado en Venezuela en este momento, el futuro es negro, no hay nada”, dice Nava, de 25 años.

Además del crimen, su carrera como profesor se volvió insostenible: debido a la rápida devaluación del bolívar, el salario mensual de Nava valía unos 5 dólares en el momento que se fue. Él trabajaba en una firma de abogados para juntar otros 45 dólares durante un mes, mientras vivía con sus padres. Además solía correr entre la entrada de las tiendas de comestibles y la puerta de su auto por temor de ser robado en el estacionamiento.

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Aunque su familia no sufrió la escasez de medicinas o comida, sí han tenido que visitar varias farmacias para encontrar medicinas básicas. Cuando Venezuela sufrió de cortes eléctricos en 2016, debido a una sequía en la principal planta hidroeléctrica del país, la familia de Nava lidió con los cortes de energía, quedando sin el servicio de luz durante cuatro horas al día.

Ahora, Nava vive en Washington, una de las áreas metropolitanas más seguras del mundo, y disfruta de pequeños placeres como no tener que mirar a cada lado antes de sacar su celular. Y ahorra para mudarse a un departamento compartido en enero, algo que nunca podría hacer en Venezuela con su moneda desmoronándose.

“Es como un sueño. Realmente puedo considerar un futuro para mí”, dice.

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