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Donald Trump puede salirse con la suya cuando quiera

El presidente de Estados Unidos se ha beneficiado de la creación de su propia realidad, una acción cuyo impacto aún no ha sido calculado, de acuerdo con CNN.

Donald Trump ha aprendido que puede salirse con la suya con cualquier cosa.

Si bien el presidente de Estados Unidos siempre se ha beneficiado de la creación de su propia realidad, el impacto de tener un comandante en jefe que con tanta frecuencia entorpece los hechos apenas comienza a ser comprendido.

El domingo, Kellyanne Conway, consejera de la Casa Blanca, fue consultada por Jake Tapper de CNN si creía que el trabajo del presidente incluía mentirle al pueblo estadounidense y si sus distorsiones crearon una crisis de credibilidad para su Casa Blanca.

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"No, yo no lo creo", le dijo a Tapper.

Antes de Trump, la idea de tener un presidente que habitualmente falla en decir la verdad y sobrevive a ello habría sido impensable. Pero se está volviendo claro que el mandato de Trump no es solo una lección sobre una convención presidencial fracturada.

Su mandato equivale a un desafío único para la oficina de la presidencia, para las instituciones que sustentan la democracia estadounidense y la idea largamente sostenida de que el gobierno solo puede funcionar efectivamente si tiene la confianza de los gobernados.

El aspecto más impactante de la última ráfaga de mentiras del presidente en los últimos días en relación con los acontecimientos previos a las elecciones de 2016 es que no fueron en absoluto impactantes para una nación adormecida por su bombardeo de afirmaciones y dichos fácilmente refutables.

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Las revelaciones de que Trump dictó el informe de un médico sobre su salud antes de que los votantes acudieran a las urnas y su historia siempre cambiante sobre un soborno a la estrella porno Stormy Daniels podría haber sido un golpe debilitante para cualquier político normal.

En el caso de Trump, fueron simplemente más de la misma ráfaga de controversias diarias que caracterizan a su presidencia. Si bien sus críticos reaccionaron con indignación, sus partidarios consideraron que los controles hechos por los medios eran solo más "noticias falsas".

El exdirector de Inteligencia Nacional James Clapper, cuyas críticas ha rechazado Trump anteriormente, comparó el método del presidente con la "flexibilidad a cada momento en el tratamiento de los hechos" descrita por George Orwell en su novela 1984.

"Arriba está abajo, negro es blanco, la guerra es paz", dijo recientemente Clapper en CNN. "Lo que me molesta es que esto se está volviendo normal en este país. La gente simplemente acepta el hecho de que el lugar para buscar la verdad no es la Casa Blanca".

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La prueba más grande

La estrategia de evasión de Trump está a punto de enfrentar su mayor prueba.

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Las inminentes elecciones de mitad de periodo ofrecen a los votantes su primera oportunidad de juzgar su conducta desde su estremecedora toma de la presidencia.

Si bien no hay evidencia de que Trump haya violado la ley antes de las elecciones o desde entonces, sus crecientes desafíos legales mostrarán si las evasivas y las historias cambiantes que lo ayudaron a reinventar la política pueden resistir los códigos más rígidos del estado de derecho y la voluntad de los votantes con el paso del tiempo.

Algunos críticos de Trump creen que hay algo más sucediendo aquí que un presidente que miente solo para salir de problemas.

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Michael Hayden, exdirector de la CIA y de la Agencia de Seguridad Nacional bajo los presidentes Bill Clinton y George W. Bush, argumenta en un nuevo libro que los ideales de Estados Unidos se ven amenazados por dicho comportamiento.

Hayden, un comentarista de CNN, señala que los mayores enfrentamientos de Trump han tenido lugar con centros de poder que tienen como parte de su mandato la búsqueda de verdades y hechos basada en evidencias, tales como las agencias de inteligencia, autoridades judiciales, organizaciones de noticias y científicos.

Él escribe en The Assault on Intelligence que el experimento estadounidense depende de una visión jeffersoniana de la verdad basada en la realidad objetiva.

"¿Qué pasa con la legitimidad de esa visión, la legitimidad de ese experimento, en un mundo que ha redefinido o es simplemente indiferente a la verdad? ¿Y estaremos a punto de descubrirlo?"

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No es difícil ver por qué el presidente podría concluir que la voluntad de ocultar la verdad es un arma útil; su efectividad fue reconfirmada tan recientemente como la semana pasada.

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CNN reveló que un comunicado de su médico que le daba una evaluación hiperbólica de su salud en realidad fue dictado por el propio Trump.

"De ser elegido, señor Trump, puedo afirmar inequívocamente que será el individuo más saludable que haya sido elegido para la presidencia", había escrito el doctor Harold Bornstein.

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Aunque la revelación confirmó las sospechas de muchos en ese momento: era una línea clásica de Trump, improbable en su audacia, aunque no sorprendente porque provenía de un hombre que a menudo actuaba como su propio portavoz para generar el interés de los tabloides durante los años ochenta.

Y, por supuesto, en el momento de la carta dictada, Trump estaba atacando a su oponente Hillary Clinton por carecer de la "resistencia mental y física" para enfrentarse a ISIS.

Pero, aunque fue vergonzoso cuando se expusieron los orígenes, nadie puede decir que no funcionó: al falsificar un informe sobre su salud, el hombre más anciano electo presidente para un primer mandato había desactivado un problema político espinoso.

También fue una lección que el comportamiento que hubiera derrotado a cualquier otro candidato no perjudicó a Trump ya que evadió la responsabilidad.

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Por ejemplo, su abogado Michael Cohen le pagó a Daniels mientras criticaba a Clinton por ser tan mala para las mujeres por el trato que ella daba a las acusadoras que reclamaban amoríos o mala conducta sexual por parte de su esposo.

El tamaño de la multitud, el voto ilegal y más

A estas alturas, está claro que, en lugar de perjudicarlo, el rechazo de Trump a los hechos demostrables adoptados por las élites en realidad mejora su marca política.

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Así que él mintió sobre el tamaño de su multitud inaugural, la razón por la que perdió el voto popular, la escala de su recorte de impuestos, el acuerdo nuclear de Irán, cuánto gastó Estados Unidos en Medio Oriente y el nivel de logros históricos en comparación con otros presidentes en su primer año.

"El presidente supo durante la campaña que podía hacer esto y ser recompensado por ello. No recibió un golpe por nada que se descubriera acerca de no decir la verdad al pueblo estadounidense o retener cosas como declaraciones de impuestos o como su historial médico", dijo David Priess , exagente de la CIA y comentarista político de CNN, a Erica Hill de CNN esta semana.

"La lección que aprendió claramente fue: 'No tengo que hacerlo y no habrá un precio que pagar que me importe lo suficiente' ", agregó.

Trump es hasta ahora único por el volumen de fabricaciones con las que se ha salido con la suya, a diferencia de sus predecesores que decían mentiras con menos frecuencia, pero pagaban un precio mayor.

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El presidente Bill Clinton fue acusado por mentir bajo juramento. El presidente George H. W. Bush fue relegado a un solo término por no cumplir la promesa de no aumentar los impuestos. La promesa del presidente Barack Obama de que "si le gusta su médico puede quedarse con su médico" lo atormentó durante años.

Trump, quien de acuerdo con The Washington Post Fact Check ha mentido hasta ahora más de 3,000 veces como presidente, posiblemente esté probando que vender falsedades a escala industrial es la manera de evitar un retroceso.

Negar palabras salidas de su propia boca

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La capacidad de Trump para ignorar por completo los hechos, la lógica y la verdad fue exhibida el viernes cuando se entrevistó con reporteros en la pista junto al Air Force One.

Ahí se le preguntó al presidente por qué la última versión de su historia sobre el pago por su silencio a Daniels semanas antes de las elecciones parecía indicar que había mentido cuando dijo a reporteros en el Air Force One el mes pasado que no sabía nada al respecto.

"Miren lo que dije. Vuelvan y echen un vistazo; verán lo que dije ", les dijo Trump.

Cuando el periodista señaló que Trump había dicho "no" cuando ella le preguntó si sabía sobre el pago, Trump respondió: "Disculpe, eche un vistazo a lo que dijimos".

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Fue un momento típicamente irreal en una presidencia que a menudo ha hecho añicos las normas de la lógica y la convención: aquí estaba Trump negando abiertamente las palabras que habían salido de su boca.

Él sabía antes que nosotros

Existir en el mundo de Trump o cambiar la verdad puede ser difícil para sus ayudantes, muchos de los cuales ven empañada su propia reputación.

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El exportavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, nunca se recuperó del absurdo drama que siguió cuando Trump lo envió a proclamar que la multitud inaugural fue la más grande en el segundo día de su presidencia.

Los asistentes de Trump son forzados a la gimnasia retórica o evasiones ridículas para tratar de mantenerse en línea con su jefe y mantener intacta su propia integridad.

Conway acuñó el término notorio "hechos alternativos".

La segunda secretaria de prensa de Trump, Sarah Sanders, ha visto comprometida su eficacia porque aparentemente no puede obtener una historia clara de su jefe.

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"Te di la mejor información que tenía y voy a seguir haciendo todo lo posible para hacerlo todos los días", fue su torturada respuesta el jueves cuando se le preguntó sobre la historia cambiante de Daniels.

La reacción de encogimiento de hombros por las mentiras de Trump la semana pasada podría haber sido predecible.

Trump observó en enero de 2016 en Iowa que podía "pararse en el medio de la Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería ningún votante".

En lo que respecta a su enorme y leal base de seguidores, esa afirmación sigue siendo cierta. Aunque Trump tiene las calificaciones de aprobación más bajas que cualquier nuevo presidente, su base en las encuestas rara vez se mueve por debajo de los 30 puntos en términos porcentuales.

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Los partidarios de Trump a menudo ven que las verificaciones de hechos de su presidente y a los periodistas que señalan sus falsedades como síntomas de un medio que consideran irremediablemente sesgado en contra de Trump.

Todos sabían que el republicano tenía un problema de verdad cuando era candidato: es un defecto de carácter que parece ser descartado por aquellos a los que les agrada. En las encuestas de salida de 2016, solo el 33% de los votantes consideraban a Trump como honesto y confiable, pero aún así ganó.

Analistas políticos han intentado durante mucho tiempo identificar momentos, como el lanzamiento de la cinta "Access Hollywood" durante la campaña, en los que el problema de Trump con la verdad lo alcanzara. Pero siempre han estado equivocados.

Aun así, la impopularidad y las dudas sobre la honestidad de Trump están influyendo en el entorno político deficiente al que se enfrentan los republicanos en las elecciones legislativas de noviembre.

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Si bien Trump ha sido casi obsesivo con la consolidación de su base como presidente, necesitaba más que sus partidarios para ganar las elecciones y necesitará ampliar su coalición para evitar una derrota republicana en 2018 y mantener su puesto en 2020.

¿Consecuencias inminentes?

También ha habido leves signos de advertencia en los últimos días de que Trump finalmente podría pagar un precio por sus palabras.

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Las cambiantes explicaciones del pago de Daniels se producen en el contexto de la redada contra el abogado personal de Trump, Cohen, el mes pasado.

Esto es un recordatorio de que, si bien la estrategia de Trump de desacreditar hechos demostrables puede funcionar en un contexto político, podría llevarlo a un territorio legal peligroso.

El hábito del presidente de tratar de moldear su propia realidad y nebulosidad con la verdad es una de las razones por las que sus abogados se muestran inflexibles sobre el hecho de que ofrecer una entrevista al abogado especial Robert Mueller podría ser desastroso.

También podría llegar un punto, una gran crisis internacional o nacional, cuando necesite que los estadounidenses crean en su palabra.

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Como el comité editorial de The Wall Street Journal, difícilmente un ejemplo de los medios antiTrump, lo puso el viernes: "El señor Trump debería preocuparse de que los estadounidenses dejen de creer en cualquier cosa que diga".

Esta historia ha sido actualizada.

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