Publicidad

Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicidad

7 factores que explican la caída de la democracia en Rusia

El país gobernado por Vladimir Putin perdió 22 posiciones en el Índice de Democracia 2022 de la unidad de inteligencia de la revista The Economist.
vie 03 febrero 2023 05:04 AM
El presidente ruso Vladimir Putin se reúne con miembros de organizaciones juveniles y patrióticas públicas en el Museo y Panorama de la Batalla de Stalingrado, como parte de los eventos conmemorativos del 80 aniversario de la Batalla de Stalingrado en la Segunda Guerra Mundial, en Volgogrado, Rusia, 2 de febrero de 2023.
El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha repetido en múltiples ocasiones que la URSS dejó a 25 millones de rusos fuera de su país.

Rusia es el país donde la democracia registró el mayor retroceso en 2022, una tendencia que también se repitió en menor medida en otras regiones, de acuerdo con un estudio del grupo británico The Economist publicado el jueves.

Tras la invasión de Ucrania, el índice de democracia de Rusia se situó en la posición 146, perdiendo 22 lugares en relación a 2021, en la clasificación de este estudio sobre 167 países.

Publicidad

El estudio, elaborado por la Unidad de Inteligencia del medio británico, señala al menos siete razones por las que Rusia, después de la caída de la Unión Soviética en 1991, no logró consolidar un sistema democrático y se encuentra bajo un régimen autoritario en la presidencia de Vladimir Putin.

1. Un pensamiento de imperio

Rusia fue un gran poder imperial durante varios siglos, lo que generó una mentalidad de “gran poder” que persistió durante la existencia de la Unión Soviética, de 1922 a 1991. “Rusia aún se percibe cómo única y diferente”, señala el estudio.

Tras la caída de la Unión Soviética, Rusia se convirtió en un Estadio-nación, pero continuó como el país más grande del mundo por extensión territorial. La Federación Rusia es un país trans continental con un área total de 17.1 millones de km2 y es casa de 200 grupos étnicos.

“Hoy muchos rusos, incluidos sus líderes, son críticos del sistema soviético, pero están orgullosos de su contribución para desafiar al fascismo y el estatus global de la URSS durante la Guerra Fría”, indica de el estudio.

“La Unión Soviética actuó como un poco de atracción para países en desarrollo, las luchas anticoloniales y los movimientos de liberación nacional por 70 años, lo que le dio un alcance global y estatus de superponer”, indica.

Con la desaparición de la Unión Soviética, Rusia heredó varios de sus privilegios en el sistema global, a pesar de haber perdido el estatus de potencia dominante que tuvo durante la Guerra Fría. Por ejemplo, mantuvo el asiento de la URSS en el Consejo de Seguridad de la URSS.

 

2. La humillación rusa y la arrogancia de Occidente

En la década de 1990, el prestigio soviético herédalo por Rusia era más bien simbólico, pues el país vivió una crisis económica, mientras que Occidente se jactó de haber ganado el enfrentamiento entre los dos sistemas económicos.

“El triunfalismo occidental fue difícil de digerir para muchos rusos, cuya experiencia en la década de 1990 fue de pérdida, sufrimiento y desesperación en medio del colapso económico, la corrupción desenfrenada y la catástrofe demográfica”, indica el reporte.

La caída de la URSS sigue siendo un tema controvertido y doloroso para muchos rusos. Eso quedo demostrado en 2022, con la muerte del Mijaíl Gorbachov, el último líder de de la Unión Soviética, que dividió a gran parte de la población rusa.

“Algunos rusos dicen que la URSS perdió la Guerra Fría y otros dicen que se rindió. Muchos sacaron la conclusión de que sus gobernantes se dieron por vencidos porque eran débiles, confusos e incompetentes”, de acuerdo con el estudio.

Esta comprensión no impidió que los rusos resintieran el triunfalismo de los países occidentales y alimentó la creencia rusa en la importancia de tener un líder fuerte.

3. Hermanos y compatriotas

Tras el fin de la Unión Soviética, el país se dividió en 15 países, por lo que de un momento a otro, 25 millones de rusos vivían fuera de las fronteras de su país.

El presidente de Rusia, Vladimir Putin, ha calificado esto como ”tragedia más grande del siglo XX” en varias ocasiones, de acuerdo con varios medios de comunicación. También ha repetido en múltiples ocasiones que la URRS dejó a 25 millones de rusos fuera de su país.

 

Esto ocurrió principalmente en Kazajistán, donde los rusos constituían 37 % de la población antes del colapso de la Unión Soviética, Letonia (34 %), en Estonia (30 %) y en Ucrania (22 %).

“La difícil situación de estos 25 millones de rusos ‘perdidos’ es un tema al que Putin ha vuelto muchas veces y que ha explotado en sus políticas expansionistas en Ucrania”, señala el estudio.

Los líderes rusos han tenido grandes dificultades para aceptar esta separación o la idea de que las antiguas repúblicas soviéticas eran estados nacionales soberanos. Esto fue especialmente cierto para Bielorrusia y Ucrania. En 1992 Rusia acuñó el término “el extranjero cercano” para describir los 14 estados sucesores de la Unión Soviética.

Boris Yeltsin dijo en 1994 que Rusia debería ser “el primero entre iguales” en sus tratos con las ex repúblicas soviéticas. En 2008, el entonces presidente, Dimitry Medvedev (2008-2012), dijo que la Comunidad de Estados Independientes debería reconocer los “intereses privilegiados” de Rusia.

“La vieja mentalidad imperial nunca desapareció, y comenzó a cobrar mayor importancia a medida que crecía el resentimiento en Rusia por la aparente falta de voluntad de los países occidentales para integrar a Rusia en la arquitectura de seguridad posterior a la Guerra Fría”, dice el estudio.

 

4. El legado político e institucional

En 1991, cansados ​​de la escasez soviética y la falta de libertad, los rusos estaban ansiosos por el cambio, la democracia y la prosperidad que muchos asociaban con el capitalismo de mercado occidental.

Desafortunadamente, esas aspiraciones fueron aplastadas en el transcurso de los 10 años que siguieron a la desintegración de la Unión Soviética.

Rusia nunca tuvo ninguna experiencia previa de democracia, excepto por un breve momento entre las revoluciones de febrero y octubre de 1917.

Desde 1917 en adelante, con la excepción del periodo de la Nueva Política Económica en la década de 1920, hubo una eliminación de raíz y rama de los mecanismos del mercado, lo que significa que muy pocas personas que estaban vivas en 1991 tenían algún recuerdo o experiencia de cómo funciona el mercado capitalista.

“La democracia tendría que construirse desde cero en lo que resultaron ser condiciones extremadamente inhóspitas de dislocación económica durante la transición poscomunista”.

5. El trauma de la transición

Rusia, después del colapso soviético, no contaba con ningún vestigio de instituciones para gestionar la introducción de mecanismos de mercado.

Esto provocó una crisis económica sin precedencias. En la primera década de la transición la producción promedio de desplomó más de 40%, una caída que no se había registrado ni siquiera después de la La Gran Depresión de 1930.

Las consecuencias fueron un desempleo masivo, el aumento de la pobreza, un incremento en la desigualdad de ingresos, una crisis social y el colapso de los servicios públicos. Hubo una reacción popular contra el capitalismo y la democracia.

“La mayoría de los rusos llegó a asociar los mercados y la democracia con la miseria económica, la inseguridad, el desorden, la criminalidad y la corrupción”, señala el informe.

6. El colapso moral

El presidente Boris Yeltsin y sus ministros estaban demasiado dispuestos a seguir sin cuestionar prescripciones políticas que no se adaptaban a las condiciones locales.

Los líderes rusos deben asumir la responsabilidad principal por lo que salió mal en la década de 1990, pero los asesores occidentales no pueden escapar a la culpa. Gran parte del asesoramiento sobre políticas tenía motivaciones ideológicas y políticas.

Instaron a una privatización rápida, independientemente de otras consideraciones, como la configuración institucional del país, y de las consecuencias económicas y sociales.

Yeltsin y su gobierno no solo depositaron su fe en los asesores occidentales, sino que también permitieron que los antiguos burócratas y oligarcas comunistas se enriquecieran, vendiendo recursos y activos estatales por una miseria y permitiendo que la corrupción y la criminalidad se extendieran por todo el sistema.

Yeltsin se lavó las manos de responsabilidad por las consecuencias de sus políticas y perdió tanto el control de la situación que Rusia estuvo al borde de la bancarrota.

Cuando la economía comenzó a empeorar. Yelstein inició a deshacer el poco progreso democrático que había conseguido. El presidente concentró cada vez mayor poder y poco le importó usar procesos democráticos en su ejercicio.

Yelstein lanzó dos guerra brutales en Chechenia, en un intento de desviar la desastrosa situación económica y restaurar su popularidad.

7. La contrarrevolución de Putin

Para muchos rusos que vivieron en la década de 1990, era más importante lo que perdieron tras el fin de la Unión Soviética —seguridad y ahorros— que lo que habían ganado —un poco de libertad política—.

Vladimir Putin entró el en centro de la política rusa en 1999, cuando se convirtió en el primer ministro de Boris Yelstein. Meses más tarde, con la promesa de traer orden y seguridad, se volvió presidente interino.

Tomó medidas enérgicas contra los oligarcas, se centró en mejorar la seguridad en las calles de Rusia y puso fin sin piedad a la guerra en Chechenia. En las elecciones presidenciales de 2004 se presentó casi sin oposición y obtuvo 71.3% de los votos.

“Putin no tenía ninguna inclinación a construir la democracia en Rusia. Estableció su partido Rusia Unida como un medio para consolidar su poder. Había comenzado una contrarrevolución contra la democracia, junto con una campaña para restaurar el estatus de gran potencia de Rusia”, señala el estudio.

Durante la segunda década de transición, la primera década de Putin en el poder, Rusia vivió un rebote en el crecimiento económico y una época de mayor seguridad pública. Pero en la década de los 2010, los problemas estructurales de Rusia volvieron a sentirse, con tasas de crecimiento más bajas, gracias en parte a la caída en los precios del petróleo.

Putin, quien implantó varias reformas para extender su mandato, entonces buscó aumentar su popularidad con intervenciones en el extranjero, como la ocupación ilegal de la Península de Crimea, en Ucrania, en 2024 y la participación rusa en Siria.

Con información de AFP

Newsletter
Únete a nuestra comunidad. Te mandaremos una selección de nuestras historias.

Ve a tu email y consulta tu suscripción

Ha ocurrido un error, por favor inténtalo más tarde

Publicidad
Publicidad