Además, el estudio llamado The Turnaway Study demostró que las personas a las que se les niega un aborto enfrentan mayores tasas de pobreza, desempleo y violencia doméstica, así como un deterioro significativo en su salud mental. Este estudio, realizado entre 2008 y 2010, incluyó a 1,000 mujeres que buscaron abortos y comparó las que pudieron acceder a estos servicios con aquellas que fueron "rechazadas". Las mujeres que fueron rechazadas, en su mayoría de comunidades racializadas, reportaron peores condiciones económicas y emocionales a lo largo de los años.
El peso del discurso público
Ahora bien, el impacto de estas políticas no solo viene acompañado por las restricciones legales, sino también se refuerza a través del discurso público. Este discurso juega un papel crucial en la legitimación de la discriminación, al normalizar narrativas que perpetúan estigmas y exclusiones.
En particular, figuras públicas como Elon Musk y J.D. Vance amplifican esta violencia simbólica a través de sus plataformas. Musk, por ejemplo, rechazó públicamente a su hija trans, calificando su identidad como resultado de un "adoctrinamiento ideológico". Estos comentarios, aunque no afectan directamente la legislación, refuerzan prejuicios y fomentan la desinformación, contribuyendo a una cultura de rechazo hacia las personas trans.
Gerardo Sánchez Guadarrama señala que esta problemática no es exclusiva de Estados Unidos, sino que refleja una tendencia global en la que la política está gobernada "por lo peor" de las ideologías.
“La revista The Economist definió 2024 como el año de la caquistocracia, que significa ‘gobierno de lo peor’. Nos están gobernando los peores seres humanos, lo peor de la especie humana está administrando los recursos públicos,” menciona Sánchez.
Esta crítica resalta cómo las políticas regresivas, ya sean de derecha o izquierda, perpetúan un sistema diseñado para priorizar intereses económicos y de poder sobre los derechos humanos. Sánchez también hace referencia a posturas conservadoras dentro de la izquierda, citando como ejemplo el enfoque del expresidente de México, Andrés Manuel López Obrador, respecto al aborto y los derechos LGBTQIA+ en México, pues en su gobierno dejó estos temas al debate ciudadano en lugar de asumir un liderazgo claro.
Por otro lado, discursos como el llamado “borrado de mujeres” se han utilizado para argumentar que incluir a personas trans o no binarias en espacios tradicionalmente asociados al feminismo cisgénero es un intento de desplazar a las mujeres. Sin embargo, estas ideas carecen de sustento y se alimentan de temores infundados que, en muchos casos, nacen de sesgos y desinformación.
Este tipo de discursos no solo dividen movimientos que históricamente han estado alineados, sino que también invisibilizan las luchas de las personas trans y no binarias dentro de los mismos espacios feministas, señalan los especialistas.