La celebración de Bicentenario ilumina el cielo de la capital mexicana
La noche del 15 de septiembre, el Zócalo de la Ciudad de México fue testigo de una de las celebraciones más espectaculares de su historia.
Para conmemorar los 200 años de independencia, 16 mil disparos de fuegos artificiales mantuvieron iluminado el cielo del Distrito Federal por más de 15 minutos y los 60,000 asistentes presenciaron actos que con esculturas, acrobacias y bailes les recordaron lo que significa ser mexicanos.
Primero, alrededor de las cuatro de la tarde, el escenario se llenó de humo de incienso y cantos en lenguas indígenas. Abuelos que representaban a grupos como mayas, mexicas, olmecas y zapotecas agradecieron al sol, al viento, al agua y al fuego los dos siglos como país independiente.
La lluvia amenazaba con ser parte del festejo que involucró la participación de 7,000 voluntarios, pero después de mojar levemente a los asistentes, se retiró del centro de la ciudad.
Llegaron después tres grupos de mariachis y uno de teatro que interpretaron canciones y bailes tradicionales mexicanos que buscaban hacer más corta la espera por la llegada del desfile de carros alegóricos que arrancó en Avenida Reforma.
Como parte de estos actos, se pretendía organizar a todos los asistentes para que realizaran algunos movimientos que una coreógrafa brasileña trató de enseñar. Sin embargo, la respuesta no fue la esperada y la idea de vestir de blanco a todo el Zócalo con impermeables que habían sido previamente entregados, fue ignorada y en cambio comenzaron a sonar por toda la plaza cánticos de la tradicional canción “Cielito Lindo”.
Alrededor de las ocho de la noche, la plaza se iluminó de azul y Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, hizo su entrada triunfal a la plaza central de la Ciudad de México.
Tras recorrer más de dos kilómetros y medio y haber sido presenciados por más de un millón de personas en otros puntos de la ciudad, habían llegado los 27 carros alegóricos que representaban momentos significativos de la historia y la cultura mexicanas.
La espera fue de más de cuatro horas. Algunos, que viajaron desde fuera de la capital para los festejos, y se instalaron en el Zócalo desde muy temprano, tuvieron que aguardar hasta 16 horas.
El espectáculo más aplaudido fue el del Coloso, que levantó con grúas frente a los espectadores una escultura de 20 metros de altura y ocho toneladas de peso. La figura blanca de un hombre con bigote que carga una espada rota en su mano izquierda, fue ensamblada frente a una audiencia maravillada.
En este mismo segmento se presentaron otros dos espectáculos: el Árbol de la Vida y Vuela México.
El Árbol de la Vida tuvo su propio escenario y a través de figuras que fueron apareciendo de manera lúdica de las ramas, se presentaron diferentes aspectos y momentos de la vida del mexicano.
Vuela México, sorprendió a sus espectadores por el final, en el que tras haber concluido con el número acrobático, los bailarines formaron la palabra de "México" al acomodar sus cuerpos.
Como lo marca la tradición, a las 11 en punto, el presidente Felipe Calderón hizo su aparición en el balcón del Palacio Nacional y tras dar tres campanadas hizo su arenga en la que recordó a los héroes de la guerra de independencia como Migue Hidalgo, José María Morelos, Ignacio Allende y Mariano Abasolo.
Fue después del grito cuando el techo de Palacio Nacional se comenzó a llenar de llamas que se prendían y apagaban, la Catedral Metropolitana comenzó a proyectar sobre sus paredes exteriores imágenes que recordaban los momentos históricos más relevantes y que los fuegos artificiales blancos, verdes y rojos comenzaron a iluminar el Zócalo.
Tras el espectáculo de luces, el escenario fue ocupado por Armando Manzanero, cantautor de origen yucateco, famosos por sus baladas.