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Los 'topos': el valor de la muerte tras décadas de rescatar cadáveres

Eduardo Acevedo, voluntario en labores de rescate desde hace 28 años, busca que las víctimas mortales en un desastre tengan un fin digno
lun 11 abril 2011 10:22 AM
Topos naranjas brigada de rescate
Topos naranjas brigada de rescate Topos naranjas brigada de rescate

El rescatista mexicano Eduardo Acevedo ha ocupado el tiempo libre de sus últimos 28 años en localizar víctimas mortales de desastres naturales. Remover escombros y recuperar cadáveres le ha permitido entender que la muerte es tan valiosa como la vida.

Eduardo es voluntario en labores de rescate porque cree que esos cuerpos son el símbolo de la esperanza de un país que, pese a la destrucción , no tendrá más remedio que recuperarse tras haber llorado a sus muertos.

Siempre hay alguien esperando a las víctimas fatales y eso es lo que le da sentido a la muerte”, dice Eduardo mientras acomoda su traje de topo naranja perteneciente a la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco Azteca.

En Japón, donde ya suman 12,596 muertos tras el terremoto de 9.0 grados del 11 de marzo, Eduardo también ayudó en las labores de rescate, y está seguro que su trabajo valió la pena pese haberse enfocado en liberar cadáveres de entre las estructuras colapsadas.

“No sabré a dónde se los llevan o si aparecieron los familiares, pero al localizar cadáveres sabes que no se quedarán en medio de la nada, no van a salir en pedazos o hechos polvo”, y, dice, alguien podrá llorarlos.

La cotidianeidad de este topo mexicano está muy lejos de los desastres provocados por fenómenos naturales. Es chofer y mensajero de la empresa gubernamental Liconsa y para enrolarse en labores de rescate, está obligado a utilizar sólo sus periodos vacacionales e ingeniárselas para llegar a la zona del desastre.

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“El destino nunca me ha importado, sólo es la intención, es ayudar a otro ser humano”, narra Acevedo a CNNMéxico tras haber contado que su primera misión fue en 1986 cuando un terremoto se registró en San Salvador, entonces se enfocó en la organización de víveres.

Su primer encuentro con la muerte ocurrió luego del sismo de septiembre de 1999 en Taiwán, donde fallecieron 2,161 personas. Fue durante una de las 9,000 réplicas registradas cuando Eduardo temió perder la vida.

“Sentí que no regresaba, incluso me despedí de mis compañeros, pero al volver, también aprendí cómo darle otro sentido a la vida”.

Este topo mexicano, que está casado, tiene dos hijos y un nieto, juró retirarse del voluntariado en cuanto lograra rescatar a una persona. Fue testigo del milagro en el sismo de 2010 en Haití .

“Se siente lo máximo, es muy emocionante y reconfortante”. A Eduardo se le acabaron las palabras antes de poder explicar por qué no cumplió con su juramento, sólo sabe que esa vida recuperada lo cambió por completo.

La tarde del jueves 7 de abril, un sismo de 7.4 grados volvió a sacudir a Japón. La alerta de tsunami despertó el miedo de todos los que hace un mes vieron con horror las olas de casi 38 metros que azotaron el noroeste del territorio nipón y pusieron al país y al mundo bajo alerta nuclear tras los daños provocados en la central de Fukushima.

Después de 30 días, la emergencia continúa, el gobierno de Japón sigue buscando a 14,747 personas y se las ingenia para cubrir los 300,000 millones de dólares que costarán los daños del terremoto.

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