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OPINIÓN: Las redes sociales implican nuevos retos en la lucha anticrimen

El asesinato de dos supuestos internautas por advertir de las actividades del crimen debe llamar la atención de todos, afirma el autor
vie 16 septiembre 2011 07:04 PM
Nuevo Laredo-militares
Nuevo Laredo-militares Nuevo Laredo-militares

Nota del editor: Andrés Monroy-Hernández es candidato a doctor en el Media Lab del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) y socio del Centro Berkman de Internet y Sociedad en la Universidad de Harvard.

(CNN)— Hace dos días me enteré de que dos jóvenes fueron asesinados por grupos del narcotráfico en la ciudad fronteriza de Nuevo Laredo, en el norte de México, y que sus cuerpos fueron colgados de un puente . Desafortunadamente, los asesinatos vinculados al narcotráfico ocurren con tanta frecuencia que ya no suelen ser noticia. Pero esta vez fue diferente.

Estos crímenes han recibido mucha atención internacional porque los cadáveres fueron hallados con mensajes escritos a mano en los que se decía que las víctimas fueron asesinadas por alertar de las actividades de los cárteles a través de internet. ¿Es posible que estos asesinatos atrajeran más atención que la masacre de 52 personas del mes pasado por sus vínculos con medios como las redes sociales?

Como tecnólogo, me resulta sencillo creer en la utopía que observa cómo las tecnologías están cambiando al mundo para bien. Así lo creo. Por ejemplo, las etiquetas de Twitter —conocidas como hashtags— están salvando vidas en México al dar a los ciudadanos el poder de reportar balaceras y al ayudar a otros a evitarlas. Sin embargo, esas mismas etiquetas han llevado a dos personas a la cárcel bajo cargos de “terrorismo” por supuestamente difundir rumores en la red.

Ahora, nos enteremos de asesinatos contra supuestos “soplones cibernéticos”.

Aún no está claro si en verdad las víctimas fueron asesinadas por publicar algo en la web o si el crimen fue usado como una oportunidad para ahuyentar a las personas de las redes sociales. En todo caso, los mensajes contra quienes reportan sucesos en línea indican que las redes sociales son vistas como una amenaza. Por ejemplo, una de las notas halladas en los cadáveres mencionaba a blogdelnarco.com, un sitio anónimo administrado desde la plataforma Blogger, de Google.

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Las tecnologías sociales, como ninguna otra tecnología de persona a persona, son increíblemente disruptivas. Las redes sociales abren una nueva ventana para dar poder a quienes no lo tienen, pero también crean nuevos retos —algunos tan grandes que ponen en riesgo vidas—. Existe una acalorada discusión en el mundo de la tecnología acerca del anonimato en la red, especialmente por la política de algunos sitios de sólo recibir nombres verdaderos.

Los mexicanos ven las redes sociales como un territorio neutral. Quizá no confíen en su gobierno o incluso en sus vecinos, pero sí lo hacen en las grandes compañías tecnológicas que proveen una gran plataforma que les da el poder de conectarse con otros.

Estos eventos en México son otro recordatorio de la responsabilidad que tienen las compañías de tecnología al proveer a la gente de este tipo de medios. Sí, son entidades que buscan el lucro, pero con un gran poder tecnológico viene una gran responsabilidad (como diría Stan Lee, el creador del Hombre Araña).

Los medios de comunicación de Estados Unidos están en una posición privilegiada para reportar lo que ocurre en México en condiciones seguras. Los periodistas estadounidenses pueden, y deben, amplificar las voces de aquellos que no son escuchados.

Los mexicanos presentes en las redes sociales hablan de un problema complejo que tiene tanta relevancia para Estados Unidos como para México. Después de todo, la lucha contra los cárteles de la droga es un conflicto geopolítico relacionado estrechamente con la estabilidad financiera y la seguridad nacional. La población estadounidense parcialmente financia la lucha, a través de impuestos o del consumo de drogas.

Mi esperanza es que la fascinación por las redes sociales lleve a una mejor cobertura de problemas estructurales en el centro del conflicto, así como a debates sobre la descriminalización, armas y trata de personas.

Las opiniones expresadas en este texto únicamente corresponden a su autor

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