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La apuesta calculada de Obama en la estrategia libia

Si la misión en Libia tiene éxito, EU y sus aliados tendrán que alinear los objetivos políticos con los medios militares, opina analista
dom 10 abril 2011 10:35 AM
Libia - OTAN
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Nota del editor: F. Stephen Larrabee tiene el nombramiento de Distinguida Presidencia en Seguridad Europea de la Corporación RAND.
 

(CNN) La decisión de la OTAN para asumir el liderazgo de la campaña militar contra Moammar Gadhafi podría tener un impacto significativo en el futuro de las relaciones trasatlánticas, dándole más voz a los europeos en el manejo de los asuntos trasatlánticos. Situación que han querido durante mucho tiempo.

Sin embargo, si la intervención tiene éxito, Estados  Unidos y sus aliados tendrán que alinear los objetivos políticos con los medios militares.

La política occidental ha mostrado una desconexión entre los objetivos políticos expuestos por sus líderes y las acciones militares que permite la Resolución del Consejo de Seguridad de la ONU en 1973. La resolución autoriza la implementación de una zona con restricción de vuelos y otras acciones diseñadas para proteger vidas civiles. Sin embargo, no apoya acciones para derrocar a Gadhafi e impone serias restricciones a la capacidad de la coalición para brindar asistencia a los rebeldes para cumplir objetivos políticos más amplios.

Los rebeldes son una fuerza desordenada . Están equipados muy pobremente y no cuentan con un liderazgo profesional con experiencia. Sin más apoyo activo de Occidente, no es claro si tienen los medios para apoderarse de Trípoli y derrocar a Gadhafi. Si la contraofensiva rebelde se estanca, la coalición liderada por Occidente podría enfrentarse a un prolongado conflicto militar , el cual podría durar meses –quizás más– y dejar a Gadhafi en control de gran parte del oeste de Libia.

La OTAN podría entonces mantener un protectorado en el este de Libia durante un período indefinido. Un resultado como éste, desembocaría en una erosión del apoyo público para la intervención de Occidente.

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Un antídoto podría ser que la coalición buscara una expansión del mandato de la ONU, permitiéndole a Occidente asistir a los rebeldes. Sin embargo, no hay certidumbre de que la Liga Árabe respalde esta medida. Algunos aliados de la OTAN, particularmente Alemania y Turquía, podrían oponerse a una asistencia más allá de protección humanitaria.

Incluso, si Estados Unidos presiona para una expansión del mandato, la coalición podría comenzar a dividirse, lo cual dificultaría la búsqueda de una política occidental coherente.

Estos problemas son producto de la incertidumbres sobre el papel futuro de Estados Unidos, el cual insiste el presidente Barack Obama será limitado. Él ha rechazado enviar tropas terrestres estadounidenses y quiere que sus aliados europeos, especialmente Inglaterra y Francia, asuman mayor responsabilidad en el manejo de la crisis libia, con Estados Unidos con un rol de respaldo.

En principio, esto tiene sentido. Reduce el costo y riesgo para Estados Unidos. Sin embargo, no está claro que los británicos y franceses puedan brindar el liderazgo necesario. El intento del presidente francés Nicolas Sarkozy de llenar el vacío de la fase inicial del conflicto no fue alentador en este sentido. Muchas de sus acciones parecían estar diseñadas para promover sus propios intereses políticos, más que los intereses de seguridad de Occidente.

La decisión de Obama de entregar el liderazgo de la misión a los europeos es una apuesta calculada. Si funciona y los europeos asumen este papel, podría sentarse un importante precedente y promover una reestructuración de las relaciones trasatlánticas, lo cual beneficiaría a ambas partes.

Presionar a los aliados europeos, especialmente a Inglaterra y Francia para asumir mayor responsabilidad en el conflicto, reduciría los costos y cargas para Estados Unidos y, al mismo tiempo, brindaría un incentivo a los ofensivos para tomar la defensa más seriamente.

Esto daría a Estados Unidos una mayor flexibilidad para enfocar su atención en aquellas crisis donde sus capacidades únicas puedan hacer la diferencia. Asimismo, daría un nuevo ímpetu a la cooperación de defensa franco-británica, una tendencia que hace sentido en una época donde hay menos presupuestos para defensa.

Sin embargo, esto no significa que Estados Unidos pueda desentenderse completamente y deje todo a los europeos. Para que triunfe la intervención libia, Estados Unidos necesitarán mantenerse involucrados diplomáticamente de manera firme, aunque los aliados europeos asuman la mayor parte de la carga militar.

Es más, la estrategia de Occidente debería ir más allá de proveer de ayuda humanitaria y comenzar a delinear la fundación política de la transición post-Gadhafi. La deserción del ministro de Relaciones Exteriores de Libia, Moussa Koussa , uno de los hombres más leales y confidentes de Gadhafi, sugiere que los ataques aéreos y las presiones económicas están pasando factura al régimen.

De esta manera, los poderes de Occidente deberían intensificar la presión política y económica sobre el régimen. Si los ataques aéreos continúan degradando las fuerzas de Gadhafi, otros oficiales de alto rango pueden optar por seguir el ejemplo de Koussa, disminuyendo la base de apoyo a Gadhafi y acelerando el colapso del régimen.

 

Las opiniones expresadas en este artículo son únicamente las de F. Stephen Larrabee.

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