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OPINIÓN: Mi experiencia como padre en el juicio ciudadano de Guardería ABC

Roberto Zavala Trujillo, padre de Santiago, una de las víctimas del incendio ocurrido en 2009, cuenta su experiencia en el juicio ciudadano
dom 05 junio 2011 07:23 AM
juicio ciudadano guarderia abc
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Nota del editor: El autor es padre de Santiago de Jesús Zavala Lemas, uno de los niños que perdió la vida en el incendio ocurrido en la Guardería ABC el 5 de junio de 2009.

(CNNMéxico)— Una noche antes del juicio ciudadano realizado el pasado 29 de mayo , pude estar en el Zócalo de la capital mexicana para ver los preparativos. Ya tenía la experiencia de haber participado en los dos juicios anteriores (el primero contra los dueños de la Guardería ABC y el segundo contra de las autoridades de Sonora, donde se localizaba la guardería), pero esto se sentía muy diferente. Vi como un grupo de personas estaban preparando lo que sería el estrado y en ese momento cuando me di cuenta de la magnitud de este juicio.

Ese 29 de mayo desperté ansioso y temeroso porque yo no había participado en la logística de este juicio. Al llegar al Zócalo, quedé impactado al ver lo que se había preparado, una estructura enorme, muy parecida a la que utilizan en juicios en países como Estados Unidos.

De inmediato pensé que esto era algo de calidad y alcance nacional y que estaba a la altura de las circunstancias.

Fui el primero de los padres que llegó al Zócalo. Poco a poco los nervios comenzaron a desaparecer y empecé a sentir una gran emoción al ver el esfuerzo que estaban realizando los organizadores. De pronto comenzaron a llegar personas que sólo conocía gracias a las redes sociales y fue cuando un grupo de personas solidarias se ofrecieron a cargar las banderas azules y rosas que representan a nuestros 49 niñas y niños fallecidos, además de una blanca los más de 100 niños lesionados.

Entonces comenzaron a llegar los demás padres y empezamos a tomar nuestro lugar como padres afectados, llegaron los jurados y testigos, conformados por un grupo de especialistas en diferentes ramas, todos ciudadanos respetables y de prestigio. Llegó el juez, que fue el maestro Emilio Álvarez Icaza, la secretaria, la fiscal y el defensor.

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Todo estaba listo. Nosotros sabíamos que el juicio era un reproche a las autoridades, la manera simbólica para decir: no están haciendo bien su trabajo y lo estamos demostrando con argumentos.

La periodista Katia D’Artigues explicó a las más de 700 personas del público en qué consistía un juicio ciudadano y dio a conocer los antecedentes del caso sobre el asesinato de nuestros hijos e hijas.

Ninguna de las partes acusadas como la Presidencia, la Procuraduría General de la República, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Congreso, se presentaron ni mandaron a un representante, así que se les asignó un defensor de oficio (Daniel Márquez Gómez, doctor en derecho e investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM).

Comenzó la fiscal con las acusaciones directas y contundentes hacia el Estado mexicano y sus instituciones, básicamente la fiscal tomó parte de de los argumentos del por qué nosotros los padres los llamamos asesinos. El defensor intentó proteger a las instituciones acusadas, argumentando que ellas no son las que fallaron, y dejó la responsabilidad sólo a los funcionarios encargados de dirigirlas.

Tocó el turno a la réplica, la fiscal, la doctora de derecho Mónica González, continuó con su fuerte ataque y en ese momento fue cuando tuve mi mayor empatía hacia ella: me di cuenta que comprendía perfectamente nuestro sentir. El defensor siguió con su misma línea, defender al Estado, más no a los funcionarios involucrados en esta tragedia.

Llegó el momento en que el jurado deliberó. Ese tiempo duró alrededor de diez minutos, pero después solicitaron otros cinco minutos porque había dudas entre ellos. El juez comenzó a preguntar al jurado su sentencia, quien dio a conocer su veredicto, no sin antes explicar los motivos de su sentencia.

Los juzgados fueron declarados culpables.

El juez comenzó a dictar las sentencias: desde pedir perdón públicamente a la sociedad, hasta un mes de trabajo comunitario por cada niño fallecido y lesionado para dos funcionarios de alto nivel.

Hablaron los testigos de calidad, que permanecieron expectantes durante todo el juicio. Sus palabras nos inyectaron fuerza para seguir con la lucha y no descansar hasta encontrar la justicia que merecen nuestros niños.

Entendí que todas estas actividades nos dan fuerza para seguir buscando la justicia que no llega. Lo que me mueve es el amor a mi hijo. Él siempre fue mi inspiración y mi motivo para estar vivo y aunque ya no esté, lo seguirá siendo.

Eso es lo que me inspira para estar en esta lucha, siento que se lo debo.

Si nosotros como ciudadanos no peleamos, las fallas de las autoridades se olvidan. Cuando termina el juicio me doy cuenta que este reproche de justicia, es un ejercicio que debe ser utilizado por otras asociaciones y causas ciudadanas que como nosotros, siguen en lucha.

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