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OPINIÓN: Obama, evita deportaciones de los elegibles al DREAM-Act

Una graduada de la Universidad de Miami Dade de origen ecuatoriano pide al presidente de EU que impulse de nuevo el DREAM-Act
mié 15 junio 2011 12:38 PM
DREAM Act
DREAM Act DREAM Act

Nota del editor: Gaby Pacheco es una estudiante indocumentada que marchó con otros tres estudiantes inmigrantes el año pasado en una manifestación “Trail of DREAMs” de Miami a Washington con el objetivo de concientizar a la gente sobre la lucha de la juventud inmigrante. Ella es coordinadora de END (Education Not Deportation) y defensora de políticas del UnitedWeDREAM.org. Ha promovido la aprobación del DREAM Act.

(CNN) – Queremos acciones, no palabras.

Durante casi dos décadas, he considerado a Estados Unidos mi hogar. Emigré de Ecuador con mi familia, crecí en Miami y fui a escuelas públicas, fui una muy buena estudiante y eventualmente entré a la universidad. También soy una inmigrante indocumentada.

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En la Universidad de Miami Dade –la misma institución de educación superior que el presidente Barack Obama mencionó en varias ocasiones en su discurso sobre inmigración en el El Paso, Texas - di el discurso de graduación de mi generación en el 2006. Pude haber sido yo la que estuviera sentada a su lado durante el discurso de graduación (él fue el conferencista el mes pasado en esa universidad), si me hubiera graduado unos años después.

En la Universidad de Miami, fui activa no únicamente como presidenta de gobierno en uno de sus ocho campus, sino también como la presidenta de la Asociación del Cuerpo de Alumnos de la comunidad entera universitaria de Florida.

Nunca hubiera podido lograr esos puestos de liderazgo si no fuera por la valiente decisión que mis padres tomaron un día de venir a Estados Unidos. Fue una decisión increíblemente difícil para ellos, tal como lo sería para cualquier el dejar a su familia, lenguaje y todo lo que conocen para arriesgarse a conseguir el sueño americano.

El presidente Obama fue acertado en decir que el tema de la inmigración “frecuentemente suscita fuertes emociones”.

Es difícil entender por qué una familia arriesgaría tanto para obtener tan poco. Y aunque es importante ser compasivos, la retórica se vuelve odiosa en demasiadas ocasiones, como lo hemos presenciado con la reciente ley de Arizona y sus copias en otros estados. A veces provoca violencia.

En medio de esta división, puede haber esperanza. Pero sólo cuando los politicos –que hablan acerca de la ruptura del sistema migratorio y sus intentos por reformarla- conviertan sus palabras en acciones.

El año pasado fue un año de acciones incompletas. Cuando el DREAM Act fue llevado finalmente al Congreso para debatirlo, se quedó a cinco votos de los 60 que requería para acabar con una maniobra obstruccionista republicana . La ley permitiría que las personas traídas a los Estados Unidos siendo niños, obtengan un estatus legal al ir a la universidad o prestar servicio militar.

El martes, el presidente Obama culpó a los republicanos por la inacción respecto a la reforma migratoria, sin embargo, hubo cinco demócratas que pudieron haber salvado al DREAM Act pero no lo hicieron. Senadores tanto demócratas como republicanos son culpables por esta falla.

Somos una nación de inmigrantes, una nación de sueños, una nación que elige a una persona entre muchas, el presidente, para guiar al Congreso hacia los cambios que prometió.

Vivimos en una democracia que tiene tres ramas de gobierno; aprendí eso en mi clase de civismo. Aunque el Congreso tiene el poder de promulgar leyes, el ejecutivo también tiene poder. El presidente Obama tiene el poder ejecutivo de detener las deportaciones.

Cuando hablamos de democracia, recordé a líderes pasados que asumieron esos principios y utilizaron su poder administrativo para aliviar a la gente.

Antes de 1990, los fiscales generales tenían la autoridad para suspender temporalmente las deportaciones de personas de determinados países. Más recientemente, el presidente Bush usó sus poderes discrecionales para postergar la deportación de las esposas indocumentadas de militares. Ambas fueron acciones razonables que no amenazaron nuestra democracia.

En la actualidad, es una amenaza real para nuestra democracia que policías empiecen a actuar como oficiales de inmigración, atemorizando aún más a 11 millones de personas que ya viven en las sombras. Están demasiado asustados para comunicarse con las autoridades cuando surgen problemas. Utilizar nuestros recursos para deportar jóvenes talentosos y separar a madres y padres de sus hijos ciudadanos simplemente es antiestadounidense.

Dado el complicado clima político, será difícil que se discutan la reforma migratoria y el DREAM Act, pero estamos listos para organizarlo nuevamente.

Sabemos que el presidente Obama apoya la reforma migratoria. Sabemos que apoya el DREAM Act. Eso no está en duda. Necesitamos que use su poder ejecutivo para detener las deportaciones de jóvenes elegibles para el DREAM Act, manteniendo a las familias unidas hasta que el Congreso deje de lado sus diferencias y reconozca que somos parte del futuro de nuestra gran nación.

Jóvenes como yo no estamos solos en esta petición. El mes pasado, 22 senadores demócratas enviaron una carta solicitando al presidente utilizar su poder ejecutivo para detener la deportación de estudiantes del DREAM Act. Hace apenas dos semanas, el Consejo de Inmigración Estadounidense publicó una nota de dos ex consejeros del Servicio de Inmigración y Naturalización que destacaba la autoridad del presidente para brindar apoyo administrativa.

Debería escuchar y actuar.

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