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OPINIÓN: Quienes odian a la prensa de EU, tomen nota de la británica

La autora explica cómo funciona la ética periodística en Estados Unidos y porqué se toman su trabajo tan en serio
mié 13 julio 2011 03:16 PM
Escándalo - Murdoch - News of the Word
Escándalo - Murdoch - News of the Word Escándalo - Murdoch - News of the Word

Nota del editor: Kelly McBride es miembro de la facultad de ética, reporteo y redacción en el Instituto Poynter para Estudios Mediáticos, una escuela sin fin de lucro que sirve a periodistas profesionales y líderes mediáticos.

SAN PETERSBURGO, Florida (CNN) - Finalmente un escándalo mediático de la verdadera corrupción sistémica. Eso es lo que obtenemos de los alegatos de que News of the World y otras empresas de Rupert Murdoch intervinieron teléfonos, sobornaron policías y revisaron expedientes médicos privados.

Espero que quienes odian los medios en Estados Unidos tomen nota. Porque este es un escándalo real. He trabajado en ética de medios por 10 años, enseñado a periodistas profesionales cómo tomar mejores decisiones, entrenar a profesionales de las redacciones a crear mejores políticas y limpiar después de avergonzarse públicamente.

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Empecé a creer que estaba volviéndome loca. Porque los expertos de la radio y televisión desestiman rutinariamente que el periodismo estadounidense sea corrupto, me pregunté si me estaba perdiendo algo. Pero al ver cómo se desarrolló este espectáculo en el extranjero, puedo decir plenamente que nosotros los periodistas estadounidenses no somos así.

Nuestros escándalos involucran una manzana podrida, un Jayson Blair o un Jack Kelley , en casos aislados de plagio o fabricación, pero no docenas de reporteros involucrados en un caso de comportamiento criminal. Nuestras fallas administrativas involucran medidas desesperadas para encontrar una nueva forma de ingreso, como el Staples Center (en donde Los Angeles Times inapropiadamente compartió el ingreso por una sección especial) o los salones propuestos en The Washington Post (en donde el departamento de marketing propuso la creación de eventos que den acceso a aquellos dispuestos a pagarles a reporteros de alto nivel). Pero ellos no involucran la creación voluntaria de una cultura que desestime la honestidad en la búsqueda de la nota.

Para ser justos, hay varios periodistas notables con buena reputación en las redacciones en Gran Bretaña. De hecho, Londres es hogar a algunas de las mejores redacciones del mundo, incluyendo la BBC y The Guardian. Pero las revelaciones recientes sugieren que la práctica del periodismo es muy amplia.

Mientras tanto en Estados Unidos, a locutores, líderes de opinión televisivos y políticos les encanta apabullar a los periodistas, sugiriendo que la tendencia liberal secreta domina las decisiones en las noticias, como si los editores se sentaran en cuartos a puerta cerrada planeando socavar a los conservadores, haciendo que el presidente Barack Obama se vea bien y haciendo más historias de gente homosexual.

Muchos de esos críticos ahora se preguntan si es posible que las redacciones de este lado del Atlántico esté usando tácticas similares a aquellas usadas por News of the World que sellaron su final. Con todas sus fallas, yo no creo que sea posible que líderes en las redacciones en Estados Unidos hayan creado una cultura de engaños flagrantes.

Reporteros me dicen que están profundamente preocupados con las deficiencias éticas en las redacciones estadounidenses. Están inquietos de que sus jefes estén persiguiendo una sección demográfica que sea atractiva para sus anunciantes, mientras ignoran temas civiles importantes. No duermen en las noches pensando en cuántos ajustes le pueden hacer a su nota para que sea lo más acertada. Temen que su credibilidad sea dañada por los editores o los dueños que intentan ejercer su influencia política.

Pero ningún reportero me ha hablado de que esté preocupado porque su empresa viole las leyes. Si acaso son los editores quienes buscan consejos, como uno que me habló recientemente luego de que un reportero le propusiera una nota en primera persona de una compra ilegal de fuegos artificiales. El año pasado tuve una llamada similar de un reportero que quería comprar una pistola de forma ilegal para mostrar lo fácil que es evadir la ley.

Las redacciones estadounidenses gastan mucha energía buscando caminos que produzcan tanto información sustancial como historias atractivas, pero manteniendo esos caminos transparentes. Los editores estadounidenses preguntan a menudo: "¿Y si el público supiera que hiciste esto?". De hecho, una tendencia creciente es aclarar al público cómo y de dónde se obtuvo la información, incluso cuando una fuente permanece anónima.

Mi punto es que las fallas éticas en el periodismo estadounidense son aisladas. Las anomalías que destacan son porque toman lugar en una cultura en donde el valor de la verdad es bien aceptado y entendido.

¿Por qué? Hay muy pocas regulaciones gubernamentales estadounidenses que normen el comportamiento de los periodistas. La Primer Enmienda hace que algo así sea anticonstitucional. En Inglaterra, hay consejos y licencias del gobierno. Hay leyes que dictan qué tipo de información puede ser impresa y cuándo. Quizá sea cierto que cuando se espera que individuos y organizaciones se autorregulen, son más duras consigo mismas que cuando las restricciones son impuestas de fuera. Es un hecho de la naturaleza humana bien entendido por los maestros de primaria.

Pero hay un sentimiento más fuerte de profesionalismo entre periodistas en Estados Unidos. Clive Crook, un periodista británico que ahora trabaja en Estados Unidos, en Washington como comentarista para el Financial Times y como editor en jefe de la revista Atlantic Monthly, también se ha referido a ello.

"Una de las cosas que más me llamó la atención, al venir a trabajar a Estados Unidos desde el Reino Unido, era que los periodistas y la prensa estadounidense se toman muy en serio. Para ser honesto, me acuerdo que al inicio lo encontré algo extraño. La prensa estadounidense se considera algo así como un clero. Se toma demasiado en serio", dijo. "Yo crecí más en la tradición británica. Pero claro, ahora estamos viendo la desventaja de la aceptación británica de las prácticas dudosas y las ventajas de una prensa que se toma en serio".

Es verdad. La mayor parte del tiempo, los periodistas estadounidenses toman su trabajo muy en serio. Los que no son periodistas muchas veces se burlan de esa sinceridad. Sin embargo, no parece disminuir, incluso cuando la profesión se reduce dramáticamente junto con la economía. Cuando crees en el propósito de tu trabajo, y te unes junto a tus colegas que creen en el mismo propósito, el trabajo tiende a incluir esos valores. Así es como se pelea contra la cultura de la corrupción.

Las opiniones expresadas en esta columna son sólo las de Kelly McBride.

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