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OPINIÓN: Lo blanco, negro y gris del arreglo político entre Elba y el PAN

Los intercambios de favores son naturales en toda democracia, pero el acuerdo entre la líder del SNTE y el PAN paralizó la reforma educativa
mié 20 julio 2011 08:43 AM
24AGOSTO2009.- Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de México, acompañado de Alonso Lujambio, titular de la SEP y Elba Esther Gordillo, Pres
Cuartoscuro-alianza SEP SNTE 24AGOSTO2009.- Felipe Calderón Hinojosa, Presidente de México, acompañado de Alonso Lujambio, titular de la SEP y Elba Esther Gordillo, Pres

Nota del editor:  El autor es profesor-investigador del CIDE , estudió el doctorado en Economía en George Mason University. Sus trabajos recientes han aparecido en Política y Gobierno y en los volúmenes Policymaking in Latin America, y Debatiendo la Reforma Política.

(CNNMéxico) — En las últimas semanas se ha hablado mucho sobre el "arreglo político" entre el presidente Felipe Calderón y la lideresa magisterial Elba Esther Gordillo. No debe sorprender que la opinión pública tenga gran interés en escudriñar lo que hubo detrás de dicho arreglo que, según la misma Gordillo siempre fue evidente y “no le avergüenza”. ¿Este tipo de arreglos son ominosos o son un síntoma natural de toda democracia? Desde un punto de vista pragmático, se dice que los intercambios de favores (quid pro quo) son un elemento natural de la política y que, después de todo, ya se sabía de este arreglo.

Vayamos por partes. Algo sabíamos de este arreglo pero lo cierto es que aún no se sabe todo. Para muchos, la más clara evidencia del arreglo son los cargos que Calderón concedió a cuadros cercanos a la maestra: la subsecretaría de educación básica, las direcciones del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la Lotería Nacional y el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) . En efecto, no son pocas concesiones pero ¿cuál fue el otro lado de la transacción?

La versión más optimista dice que el acuerdo permitió conseguir la reforma de las pensiones del ISSSTE y negociar la llamada Alianza por la Calidad de la Educación entre el gobierno federal y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), que encabeza Gordillo. La versión más pesimista dice que el presidente Calderón debe su triunfo electoral a la maestra, quien aportó votos, operadores políticos e incluso el apoyo de gobernadores priístas a la campaña del entonces candidato panista.

Parte de la estrategia con la que Nueva Alianza consiguió el registro como partido político nacional en 2006 (con la exitosa campaña de Uno de tres) instruía a los agremiados del SNTE a votar por Nueva Alianza en la boleta para diputados federales y, a su vez, votar por Felipe Calderón en la boleta presidencial. Por sencillez, llamaré directiva Elba a esta estrategia. 

A primera vista, una parte de la estrategia funcionó. Según los cómputos del IFE, Nueva Alianza obtuvo 1 millón 872,283 votos (4.48% de la votación nacional), mientras que su candidato presidencial, Roberto Campa, sólo obtuvo 401,804 votos (0.96%). Por otro lado, los senadores de Nueva Alianza obtuvieron 1 millón 677,033 votos (4%). Así las cosas, hubo entre 1.27 y 1.47 millones de votos diferenciados por el Panal.

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¿A quién favorecieron estos votos? Una primera aproximación consiste en analizar los resultados en las casillas donde hubo votos diferenciados del Panal. Al analizar estadísticamente estas casillas se encontró que, a mayor voto diferenciado de Nueva Alianza, fue mayor la proporción de votos que recibió López Obrador que la que recibió Felipe Calderón. Estos resultados contradicen la directiva Elba y coinciden con los resultados de varias encuestas de salida de aquel año.

Ahora bien, podrá decirse que el énfasis de la estrategia consistió en utilizar a los operadores electorales del SNTE para favorecer a Calderón de uno u otro modo. Por desgracia, sobre este punto tenemos escasa evidencia. Lo que no se puede descartar es que, si bien el SNTE pudo ser capaz de movilizar un porcentaje importante de votantes, estos favorecieron en mayor medida a Andrés Manuel López Obrador que a Felipe Calderón.

Después de todo, ¿qué tan sorprendente es que un maestro de escuela pública hubiera votado por López Obrador? En todo caso, esta evidencia ayuda a poner en perspectiva la capacidad de movilización del SNTE y su capacidad de influir en elecciones nacionales.

Pensando en el 2012, ¿cuál será la nueva alianza de la maestra? ¿Su partido postulará un candidato propio o irá en coalición con otro? Por diversas razones, todo indica que será con el PRI.

En elecciones locales recientes, Nueva Alianza hizo coalición con el PRI en Hidalgo o el Estado de México este año (la excepción es Puebla 2010, en que lo hizo con el PAN). El presidente actual del PRI, Humberto Moreira, es un cuadro cercano a la maestra . Por otro lado, los dimes y diretes entre Elba Esther y diversos voceros del gobierno federal reflejan un claro distanciamiento con el PAN.

No olvidemos que Gordillo, como a todo líder de un grupo de interés de peso, le gusta asociarse con quien tiene mayores probabilidades de triunfo . Basta recordar que así lo hizo con Vicente Fox en 2000 , y que en 2006 se acercó a Calderón sólo después de que López Obrador rechazara su apoyo. Hoy el puntero es Enrique Peña Nieto y la maestra ya se le ha acercado.

Por su parte, al gobernador Peña Nieto quizá no le convenga asociarse con una líder con tan mala imagen pública. Pero también es cierto que no le conviene que Nueva Alianza postule un candidato propio, o que se alíe con alguien más, como Marcelo Ebrard — o con el mismo candidato del PAN, lo cual es lo menos probable.

Así las cosas, no debe sorprender que en el corto plazo el gobierno federal tome cartas en el asunto para debilitar aún más el liderazgo de Elba Esther Gordillo , o bien debilitar al SNTE y su estructura de operación política. De hacerlo, la fuerza relativa del SNTE será menor en el 2012 que en el 2006.

Las coaliciones entre partidos y grupos de interés son parte natural del juego político. De hecho, tampoco sorprende que muchas de estas coaliciones sean inestables y duren poco tiempo. En otros países los sindicatos de maestros a menudo apoyan a los partidos de izquierda, mientras que otros grupos de interés apoyan a la derecha.

El problema es que estas coaliciones a veces pueden sostener equilibrios perversos, como es el caso de la alianza entre el PAN y el SNTE de los últimos años. El poder monopólico del sindicato magisterial tampoco es un accidente: es fruto de un acuerdo político del pasado —hoy plasmado en leyes y decretos concretos— y que no ha sido tocado por la alternancia. Es por ello que, si no se fragmenta al sindicato, esta situación no cambiará mucho en el corto plazo. No pasemos por alto que el verdadero costo social del arreglo de Elba Esther no sólo son tales o cuales cargos públicos sino paralizar los esfuerzos por reformar la política educativa por más de una década.

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