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OPINIÓN: Es tiempo de que Murdoch se vaya

Tras el escándalo británico de escuchas ilegales, News Corp. necesita otros directivos y un CEO cuyo apellido no sea Murdoch, opina Coffee
dom 24 julio 2011 09:42 AM
Murdoch
Murdoch Murdoch

Nota de editor: John C. Coffee Jr. es profesor de derecho Adolf A. Berle, de la Escuela de Derecho de la Universidad de Columbia, y director del Centro de Dirección Corporativa. Es un especialista en derecho corporativo y crímenes de cuello blanco.

(CNN) — Rupert Murdoch está enfrentando una guerra de dos frentes. En el frente este, ha negado ante un comité de la Cámara de los Comunes haber tenido conocimiento del espionaje telefónico o los pagos realizados por News Corp. a Scotland Yard, lamentándose de que sus empleados le fallaron. Probablemente se escape de cargos penales en el Reino Unido, a menos de que algún empleado de alto nivel se le voltee.

Pero aunque sobreviva, guarecido en su búnker, la catástrofe a su alrededor se asemeja a la del Berlín de la postguerra: un primer ministro está en peligro , Scotland Yard ha sido desprestigiada y la prensa británica se enfrenta a una comisión indagatoria que le podría imponer nuevas restricciones sobre la conducta periodística que en Estados Unidos sería claramente inconstitucional.

No se derraman lágrimas por ninguno de ellos, se lo merecían. Esto podría llegar a ser (o no) el Watergate británico , pero la cómoda relación entre la prensa, la policía y el gobierno seguramente se desvanecerá.

¿Y el frente oeste? El FBI está investigando las acusaciones de que empleados de News Corp. intervinieron los teléfonos de los sobrevivientes de los ataques terroristas del 11 de septiembre. Nadie puede predecir qué más saldrá a relucir en esta investigación, más allá de las negaciones de Murdoch. Si en Estados Unidos sucedió una vez, es probable que haya ocurrido de manera recurrente, porque una vez que se utiliza la tecnología, es demasiado tentador volver a utilizarla. En este punto, el volcán hace erupción.

A diferencia del Reino Unido, donde cargos por espionaje telefónico han circulado durante muchos años, Estados Unidos tiene poca tolerancia ante tal comportamiento. Asimismo, en Estados Unidos las corporaciones pueden ser procesadas penalmente (lo cual en Reino Unido no es común y requiere que los directivos más altos estén implicados). Aún sin un escándalo de espionaje telefónico en Estados Unidos, la Comisión de Bolsa y de Valores (SEC), así como el Departamento de Justicia están obligados a actuar.

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Bajo la Ley de Prácticas de Corrupción en el Extranjero, se considera un crimen que una compañía estadounidense, como News Corp., realice pagos a un funcionario de gobierno extranjero para “obtener o retener un negocio”. Los empleados de Scotland Yard entran en la categoría de funcionarios de gobierno extranjeros y aunque se puede imaginar una defensa argumentando que los pagos no fueron para “obtener o retener un negocio”, se hicieron para incrementar las ganancias al conseguir detalles íntimos de manera ilegal, lo cual es combustible para los diarios.

La defensa más fuerte es que estos pagos los realizó News International, no News Corp., así como la excompañía británica. Incluso si ninguna empresa estadounidense hubiera hecho un pago ilícito, todavía se podría aplicar otro apartado de la ley.

News Corp. tiene la obligación legal de “mantener un sistema de controles internos” que cumplan con estándares específicos y ninguna persona puede “burlarlos deliberadamente… Un sistema interno de rendición de cuentas o falsifique libros, registros o cuentas” que sean parte de este sistema. Dado que pocas o
ninguna compañía revela públicamente el pago de sobornos, implica que alguien dentro de la estructura jerárquica de News Corp. falsificó sus libros y registros.

La pena máxima contemplada en este rubro es de 20 años y una multa de 25 millones de dólares. Aunque no se pueda identificar a ningún individuo de News Corp. que falsificara deliberadamente los registros, no salva a News Corp., ya que puede ser condenada con base en las actividades de su subsidiaria.

Es más probable que la SEC presente un caso civil y el Departamento de Justicia podría acusar. Pero, ¿qué deberían buscar a través de procesamiento criminal?Tanto la SEC como el Departamento de Justicia emplean acuerdos de procesos jurídicos a plazos como parte de sus herramientas.

Durante años, News Corp. ha tenido una junta directiva de perros falderos, normalmente era calificada con F- por la firma Corporate Library, ya que pertenecía a la familia Murdoch. En cualquier acuerdo para un proceso jurídico a plazos, la SEC o el Departamento de  Justicia deberían insistir en un estudio externo tanto del escándalo de espionaje telefónico como de los pagos ilegales.

Debería ser dirigido por una firma jurídica de primer nivel que los satisfaga, empleando a algún exfiscal estadounidense o líder de la SEC como su consejero principal. La SEC debería promover denuncias de los soplones a través de recompensas. Posteriormente, se le debería requerir a News Corp. renunciar al privilegio abogado-cliente como condición para este acuerdo. Basándose en dicho estudio, la junta directiva de News Corp. debería fortalecerse con nuevos directivos externos y un implacable comité de auditoría.

Finalmente, es tiempo de que Murdoch se retire. Un acuerdo de un proceso jurídico a plazos debería exigir a nuevos directivos y un comité de nominaciones verdaderamente independiente para designar a un nuevo CEO, cuyo apellido no sea Murdoch. Esto es mucho pedir ya que Murdoch puede preferir arriesgarse a un proceso penal para News Corp. antes que renunciar.

Pero si un acuerdo para un proceso jurídico en plazos con condiciones no es negociable, entonces tras una condena, la sentencia podría imponer la mayoría de estos términos como condiciones para libertad condicional. Lo que no necesitamos es otro acuerdo blando y comprensivo del SEC que incluya una multa con un mandato judicial que ordene al acusado a obedecer la ley en el futuro.

Esta vez, los reguladores deberían promover reformas reales y eso significa que Murdoch debe irse.

 

Las opiniones expresadas en esta columna son únicamente las de John C. Coffee Jr.

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