Publicidad
Revista Digital

Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicidad

OPINIÓN: Soy su mamá, no su niñera

La autora escribe acerca de los estereotipos con que la han catalogado por ser una latina en EU y cómo afectan a su hija
dom 24 julio 2011 11:00 AM
EU - Rose Arce y Luna - hispanos
EU - Rose Arce y Luna - hispanos EU - Rose Arce y Luna - hispanos

Nota del editor: Rose Arce es una productora ejecutiva en CNN y contribuye a Mamiverse , un sitio web para latinas y sus familias. Ella lidera el documental "In Her Corner - Latino in America", acerca de la boxeadora mexico-estadounidense, Marlen Esparza, quien busca convertirse en la primer mujer en boxear en Juegos Olímpicos.

NUEVA YORK (CNN) — Estábamos en un parque en Manhattan cuando pasó. Estaba con mi hija, Luna, quien entonces tenía 3 años, jugando en el arenero una mañana fría, debajo de las nubes que parecían papel cortado. No era un día para estar afuera, pero al vivir en una ciudad de departamentos pequeños, tampoco era un día para estar encerrada con una niña pequeña.

Una niña chiquita se nos acercó, claramente interesada en jugar. Pero cuando llegó, sólo se dirigió a Luna. Me señaló con su dedo y le preguntó "¿Ella es tu niñera?".

Publicidad

Durante toda mi vida me han confundido con niñeras, meseras, vendedoras y, ocasionalmente, con la señora de la limpieza, pero es una experiencia totalmente nueva que suceda enfrente de mi hija.

No es que no haya latinos en Manhattan que no se molestarían por los estereotipos, pero somos muy pocos quienes estamos en el universo de clase media alta que no están, pues, de niñeras o vendiendo cosas. Entiendo de dónde nació la idea original. Incluso entiendo porqué los niños pequeños son tan francos.

Luego llegó su papá. "Soy su madre", le dije y parecía perplejo. "Creo que no conocemos a nadie que sea hispano que no sea una niñera", dijo.

Luna tiene la piel más clara que yo y cabello lacio que se vuelve café claro en el sol. Yo tengo el cabello rizado como la mayoría en la familia. Luna está consciente de que no nos parecemos.

Incluso hoy, a los 6 años, a veces se sienta en mi regazo y pasa sus dedos entre mis rizos y las líneas de mi cara buscando algún parecido. No importa cuántas veces le diga que mamás e hijas no siempre se parecen, por una cantidad de razones. Ella quiere parecerse a mí. Es su pequeño esfuerzo de solidaridad.

Ella sabe que la gente cree que soy su niñera porque soy hispana, o al menos lo creen como se ve un hispano. Y ella percibe que el trabajo de una niñera es un trabajo subordinado. Pero soy su mamá, así que ella me protege.

Luna sí tiene una niñera hispana. Yo también tuve una. Mi niñera ahora tiene 96 años y mi familia la cuida como si fuera la abuela. Ella es tímida frente a la gente porque nunca aprendió inglés. Yo sufría por la forma en que la gente la trataba por momentos. Aprendí mucho de ella de lo que es valioso en la gente.

Luna está experimentando lo mismo. Su niñera sólo habla español y con una humildad elegante que Luna ha adoptado. La trato con afecto y respeto y no me arrepiento de cada centavo que le pago. ¿Entonces por qué me sentí incómoda de ser confundida con una niñera?

¿No le podría decir a Luna simplemente que muchos latinos eligen sus carreras o trabajo además de cuidar a niños o lo defensivo de ese argumento simplemente menospreciaría más a las niñeras? Podría decirle "lo que importa es lo de adentro" como todas sus maestras de kinder le dicen.

Por dentro, sé quien soy. Siempre he creído que hay dos tipos de personas: las personas que patean el carrito del súper al estacionamiento antes de manejar y quienes se toman el tiempo de devolver el carrito a la tienda. Soy una persona que regresa las cosas. Sigo las reglas, pongo mi mano en el corazón durante el himno nacional y siempre hablo a la administración de la ciudad para reportar baches. Puedo tener cabello rizado y un apellido impronunciable para algunos, pero por dentro, soy una estadounidense como ellos ¿No?

No puedes derrocar una identidad sólida con unas cuantas palabras de estereotipos descarados. Las he escuchado todas. Algunas personas me han llamado "señorita" y "spic" (un insulto derivado de hispanic) y me han tomado del brazo cuando voy al baño de un restaurante para reclamarme "¿Me puede atender?". La gente siempre me detiene en la calle para pedirme direcciones. Los latinos siempre damos buenas direcciones.

Así que cuando una taxista me preguntó cuánto me pagan por cuidarla, en realidad no debió alterar mi sentido de mí. Al principio me reí y le dije que ojalá me pagaran. "¿Por qué serías niñera de gratis?" preguntó.

"¡Soy su madre!", le dije riéndome. Luna también se rió. Cuando ella se ríe es como si un cachorrillo estuviera tosiendo. "No podrías", me dijo viéndome en el retrovisor. Ahí fue cuando el cachorrillo paró de toser y empezó a llorar.

Podría herir a esta señora con sarcasmo, la verdad ella no me importa. Pero sí me importa la niña en mi regazo que no podía entender el chiste. Es por ello que todo esto me incomoda. Los niños necesitan explicaciones simples y no las hay.

Un día la llevé al festival de la escuela privada St. Luke en Greenwich Village. Ya habíamos pagado, pero regresé cargando el bebé de una amiga mientras ella pagaba su boleto. "También tiene que pagar el boleto de su niñera", dijo con severidad la vendedora de boletos.

Luna ya tenía edad para hablar así que dijo: "Ya pagamos". Pero la vendedora no lo creyó. "Para tu niñera, chiquita. Tú puedes pasar, pero tu niñera necesita un boleto". "Ella es mi mamá", dijo con firmeza y me jaló de la mano. "Ven mamá".

Así que cuando llegamos al parque, ya habíamos dispuesto un ritmo familiar a todo esto.

El padre de la niña dijo que no pensó que él o su hija hubieran conocido a alguna latina que no fuera una niñera. "Ahora ya nos conocen", le dije y le di la mano. "Soy Rose, la mamá de Luna".

Vi a Luna y le pregunté "a quién más conocemos que sea latina". Ella empezó a dar una lista de personas.

Eventualmente él le dijo a su hija: "No puedes asumir cosas de las personas así nada más". Todos asentimos con la cabeza y nos resignamos a construir castillos de arena bajo un cielo gris, triste.

Las opiniones expresadas en esta columna son únicamente las de Rose Arce.

Publicidad
Publicidad