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OPINIÓN: ¿Cambiarán los tabloides británicos después de Amy Winehouse?

La muerte de la cantante, asediada por la prensa sensacionalista acalló el escándalo de News Internacional, al menos por el momento
mié 27 julio 2011 03:11 PM
Camden Town
amy winehouse Camden Town

Nota del editor: Paul Willis es un periodista británico y ha escrito de cultura, asuntos actuales y medios de comunicación para The Guardian, The Sydney Morning Herald, San Francisco Chronicle y Media Magazine de Londres.

NUEVA YORK (CNN) —  El descubrimiento del cuerpo de Amy Winehouse en su casa de Londres dio a Rupert Murdoch y a su clan un breve respiro en la avalancha de críticas, y suplantó el escándalo de la intervención telefónica, que había permanecido como la historia principal durante semanas en los diarios y programas de televisión británicos.

Es algo irónico que la muerte de Winehouse inadvertidamente sacara de los titulares a News International, el brazo británico del negocio de medios del magnate : la problemática estrella era con frecuencia el blanco de la cultura de los tabloides que Murdoch ayudó a fomentar. Su batalla contra sus propios demonios fue pública, detallada en un flujo casi constante de historias espeluznantes en los tabloides. El diario The Sun, propiedad de Murdoch, por ejemplo, publicó en 2008 imágenes de Winehouse fumando de un tubo de vidrio junto con el título Amy Winehouse en crack. La nota contaba que la cantante había ingerido un cóctel de medicamentos que incluían cocaína en crack durante una fiesta en casa.

Pero la intromisión de los tabloides británicos en las vidas personales de los famosos debería ser reconsiderada después de la tormenta de revelaciones acerca de los métodos de recopilación de noticias de News International. El escándalo comenzó con la atroz historia de que un investigador privado a sueldo de la empresa había hackeado el teléfono celular de una estudiante asesinada. Hasta este momento, los tabloides parecían haber considerado esta intromisión depredadora como un derecho moral.

El primer ministro británico, David Cameron, ha anunciado una investigación de amplio alcance dirigida por un juez acerca del espionaje telefónico, que podría dar lugar a recomendaciones para un cambio en las leyes. Por lo menos, es probable que la investigación presente propuestas sobre la regulación de la prensa –y es una suposición razonable que esas propuestas lidiarán de alguna u otra manera con lo que constituye el interés público, el argumento que defiende la selección de temas noticiosos en Gran Bretaña.

Los diarios británicos han tenido un camino abierto al publicar detalles privados de la vida de las celebridades, con la defensa que de que el alto perfil de un sujeto convierte en lo que hace en interés público. La cuestión, sin embargo, es que la decisión sobre lo que constituye interés público es asignada por un grupo de vigilancia dominado por editores de periódicos y periodistas, que tienen sus propias razones para mantener la definición de ese término tan amplia como sea posible. Los críticos del sistema de regulación insisten en que esta relación íntima es una de las razones que han permitido a la prensa sensacionalista de Gran Bretaña excederse tanto.

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Otro factor detrás del comportamiento a menudo indignante de los tabloides es el apetito insaciable en Gran Bretaña por los escándalos de celebridades. No es algo nuevo. Ya en el siglo XIX, los rumores y los chismes que circulaban sobre el aristócrata y poeta romántico Lord Byron provocaron que el político Thomas Macaulay señalara con exasperación: “No conocemos espectáculo más ridículo que el público británico en uno de sus periódicos ataques de moralidad”.

El ejemplo reciente más conocido fue la obsesión de la prensa sensacionalista con la princesa Diana . En el momento de su muerte en 1997, la princesa de Gales aparecía en los periódicos de Gran Bretaña casi todos los días –los detalles de su vida, amores y opciones de calzado eran analizadas hasta la saciedad. Su muerte fue recibida con indignación pública contra los paparazzi, acusados por muchos de provocar el accidente de tráfico que causó su muerte, y con desprecio por la prensa sensacionalista. Después de bajar el tono en los meses siguientes, los tabloides regresaron a su cobertura agresiva de las figuras públicas.

Winehouse es la última víctima de esta cultura perniciosa de sensacionalismo. Como una estrella mundial cuyo mayor éxito fue una canción acerca de no querer ir a rehabilitación, su habilidad musical era solo comparable con su talento para la autodestrucción. Todo esto hizo que fuera un blanco perfecto para los tabloides. Hubo un momento en que pareció reconocerlo en una letra en su disco ganador del Grammy en 2007, Back to Black, donde cantaba algo como: “Te dije que yo era un problema / Tú sabes que no soy buena”. 

Muchas de las canciones de ese álbum se inspiraron en su relación con su ex esposo Blake Fielder-Civil, un hombre que parecía hecho a la medida para el papel de villano en la versión caricaturesca de la realidad que domina en la prensa sensacionalista.

Es importante no exagerar el papel de los medios de comunicación en la tragedia de la muerte de Winehouse: los problemas de la cantante eran mucho más grandes que algunos centímetros de columnas hostiles. Aún así, el mal gusto de los diarios al documentar su espiral descendente rayaba en la crueldad. Los tabloides pregonaban fotografías perturbadoras de Winehouse tambaleándose descalza por las calles de Londres, ensangrentada y desorientada, vestida con harapos. Los columnistas se retorcían las manos en un gesto de falsa preocupación por la difícil situación de la “pobre Amy”, aun cuando sus editores convirtieran el descenso de la estrella en un espectáculo público espantoso.

Es demasiado pronto para saber el efecto del escándalo de la intervención telefónica sobre la cultura de los tabloides, la reducción de las ventas de los periódicos pueden, al final, convertirlo en una cuestión polémica. Sin embargo, el verdadero choque que se sintió en Gran Bretaña respecto a estas dos importantes historias podría convencer a suficientes personas de que chismear acerca de las tristes vidas de otras personas problemáticas, por cualquier medio posible, no hace mucho bien a la larga.

Las opiniones en este comentario son únicamente de Paul Willis.

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