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OPINIÓN: ¿Por qué Obama debe ser cauteloso con Siria?

Aunque Obama es criticado, Hounshell dice que acierta al ser cauto, porque no está claro que los sirios quieran derrocar a su gobierno
jue 04 agosto 2011 11:53 AM
Manifestantes protestan en Turquía por la situación en Siria
AFP. Siria-Turquía-protestas Manifestantes protestan en Turquía por la situación en Siria

Nota del editor: Blake Hounshell es el editor en jefe de Foreign Policy .

(CNN) — Mientras se desarrolla el cuarto día de ataques brutales y sangrientos contra manifestantes en contra del gobierno en Siria, analistas en Washington afilan sus armas retóricas para atacar al presidente Barack Obama, arremetiendo contra su administración por su parálisis en torno al tema.

El ejemplo más reciente es el de Elliot Abrams, un exfuncionario de la administración de Ronald Reagan y George W. Bush, quien califica la reacción de Washington ante el levantamiento como “lenta e inestable” en la edición del martes del Wall Street Journal.

Danielle Pietka, en una acalorada publicación de blog, señala que “encontrar maneras para apoyar a la oposición siria, incomunicar a las fuerzas del régimen, aislar a Siria del resto del mundo y comenzar el proceso de defensa de la libertad” en Siria, es una idea tonta. El comentarista Max Boot acusa a Obama de “dirigir desde la oscuridad” en Libia, e incluso estimulando la brutalidad del líder sirio Bashar al-Assad .

Y no son sólo conservadores y neoconservadores quienes están expresando su frustración. Hussein Ibish, un investigador de la American Task Force on Palestine, critica a la administración estadounidense por abrigar esperanzas en vano de una “transición administrada” en Siria, haciendo un llamado para “acciones más decididas para un cambio de régimen”.

La semana pasada, el congresista Gary Ackerman, de Nueva York, exigió que Obama hiciera un llamado para la “salida inmediata” al-Assad y un grupo de exiliados sirios que se reunieron con la secretaria de Estado, Hillary Clinton, pidieron lo mismo.

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Hasta el momento, la administración de Obama ha sido acertadamente cautelosa. En primera, no corresponde a Estados Unidos decidir si al-Assad se queda o se va; esa es una decisión que le compete sólo al pueblo sirio.

Y sin elementos para saber si la mayoría respalda un cambio de régimen, sería poco inteligente declarar que el régimen de al-Assad es ilegítimo, así como declarar que el diálogo con el gobierno es insensato si no se cuenta con una masa crítica de sirios que manifiesten con claridad que su posición es la misma.

En segundo lugar, la oposición siria está muy desorganizada en estos momentos. Años de represión al interior del país y su fragmentación en el exterior ha complicado (de manera entendible) que un grupo variado de activistas, profesionistas e ideólogos de todas partes del mundo se unan en torno a una causa común.

El Departamento de Estado ha exhortado a la oposición a elegir representantes oficiales y comenzar a delinear una agenda seria para una transición democrática con la finalidad de que la “mayoría silenciosa” de sirios que no han participado en las protestas comiencen a verla como una alternativa viable a al-Assad, pero estas cosas toman tiempo.

Finalmente, el apoyo para que Estados Unidos incursione a otra aventura en el Medio Oriente es francamente bajo. Obama se unió apáticamente a los llamados de los británicos, franceses y árabes para la intervención en Libia una vez que fue evidente que Moammar Gadhafi estaba dispuesto a desatar el infierno sobre los ciudadanos de Bengasi, provocando una autorización de última hora por parte del Consejo de Seguridad de la ONU.

Nadie contempla algo ni remotamente similar en Siria, pero el precedente de Libia está presente en las discusiones sobre qué hacer con al-Assad; tanto en Washington como en las capitales extranjeras que serán clave para proceder con presión considerable sobre las Naciones Unidas: Beijing, Brasilia, Moscú, Nueva Delhi y Pretoria.

¿Realmente están dispuestos los estadounidenses a asumir toda la responsabilidad de otro estado colapsado en el Medio Oriente? Lo dudo. Esta es la razón por la que Obama necesitará el apoyo de países vecinos, los cuales se verían afectados directamente por la caída de al-Assad.

El régimen de al-Assad está probando ser su propio peor enemigo. Su ataque durante el Ramadán ha fracasado por completo en su intento de intimidar a los manifestantes y ha atraído la atención del mundo a la masacre. El domingo, Obama calificó los ataques sobre civiles como “terroríficos” y se comprometió a buscar una transición democrática; el lunes, el presidente turco Abdullah Gul dijo que los asesinatos eran “inaceptables”, las declaraciones más fuertes de un funcionario turco hasta el momento.

Hasta Rusia, que se ha resistido a una resolución de la ONU que condene el operativo, emitió una declaración crítica. Pero los países árabes se han mantenido silenciosos y sólo Francia y Estados Unidos han abandonado explícitamente a al-Assad. Aún no hay consenso internacional sobre Siria.

Ciertamente Estados Unidos puede hacer más, desde presionar más a la ONU para que sancione a una franja más profunda del círculo cercano de al-Assad, hasta evaluar sanciones energéticas que corten una fuente clave de ingresos del régimen.

Un oficial de alto rango de la administración me dijo que la embajada estadounidense en Damasco está trabajando duro para convencer a los aliados de al-Assad de la comunidad empresarial de que serán objeto de sanciones a menos que se distancien del gobierno.

Pero sería simplista afirmar que hay palabras mágicas que Obama podría decir para cambiar la situación o que será fácil derrocar a al-Assad y sus seguidores.

Nadie se siente bien al observar impotentemente que los tanques sirios acaben con los manifestantes en las calles de Hama . Sin embargo, los analistas siempre tienden a sobreestimar el poder estadounidense de generar sucesos.

Si al-Assad parece condenado, es porque sirios valientes han arriesgado sus vidas para desafiarlo, no por nada que haya hecho el mundo exterior. Al final, ellos serán los que le muestren la puerta de salida.

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