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OPINIÓN: En la confusión económica, EU necesita un líder como Churchill

El ex primer ministro británico comprendió la importancia de desterrar el miedo y de estabilizar un país en una de sus horas más difíciles
lun 08 agosto 2011 12:12 PM
Churchill
Churchill Churchill

Nota del Editor: David Gergen es un analista político de CNN, y ha sido consejero de cuatro presidentes estadounidenses. Es profesor de servicio público y director del Centro de Liderazgo Público, en la Escuela Kennedy de Gobierno de la Universidad de Harvard. Síguelo en Twitter.

(CNN) — Antes de volver a Estados Unidos este fin de semana, yo y otros familiares pasamos un rato cautivador en los Cuartos del Gabinete de Guerra de Churchill, en Londres, además de otro tanto en el nuevo museo edificado en su honor, justo al lado de los Cuartos. Ahora bien, ¡había un líder! Había un hombre cuyo ejemplo nos llama en estos tiempos turbulentos.

En ambos lados del Atlántico, la confusión financiera estadounidense de la semana pasada ha provocado gritos entre aquellos que tienen el poder político y, ¡por el amor de Dios!, entre quienes lo conducen. El temor de que no sólo se tambalean nuestras economías, sino también nuestros ineficaces políticos, se extiende por toda Europa y por Estados Unidos.

En su más reciente cumbre, los líderes de las democracias europeas prometieron que ya habían resuelto los problemas de su jugador más débil, Grecia . En cambio, su solución fue tan tímida que los temores de una moratoria de pagos han llegado a Italia y España, la tercera y cuartas economías más grandes en la eurozona. En los Estados Unidos, el presidente Obama y los líderes del Congreso aseguraron que el acuerdo alcanzado sobre el presupuesto nos pondría sobre un camino seguro. En cambio, los mercados se desplomaron y Standard & Poors despojó a nuestro país de su clasificación crediticia AAA , por primera vez en toda su historia.

No es que no tenga la capacidad económica para pagar sus cuentas, dijo Standar & Poors; de lo que no estamos seguros es de que usted tenga la capacidad política de pagarlas. Uno bien puede oponerse a la decisión, como lo hace la Casa Blanca, pero el daño ya fue hecho ante los ojos internacionales. Una espesa oscuridad se vislumbra por las aguas.

Winston Churchill habría rechazado esta clase de pesimismo en un instante. En mayo de 1940, le ofrecieron ser primer ministro, cuando Hitler había ocupado gran parte de Europa y justo había expulsado a las tropas británicas de territorio continental. Muchos de los líderes políticos británicos más viejos se encontraban tan desanimados que querían capitular ante Hitler y firmar un tratado de paz.

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Churchill reunió a ministros más jóvenes, dio un giro al gabinete, e inspiró a su gente a luchar hasta el final. Contaba con pocas armas, pero, según se cuenta, movilizó a todos los angloparlantes y los envió a la batalla. ¡Qué daríamos hoy por esa clase de líderes desafiantes ante la adversidad!

Churchill también comprendió la importancia de desterrar el miedo y de estabilizar un país. Los Cuartos de Guerra fueron el lugar en donde él, sus ministros, consejeros militares y secretarios trabajaron bajo tierra, ante la lluvia de bombas alemanas sobre las calles de Londres. En entrevistas grabadas, aquellos que cumplían deberes allí hablan de cuartos apretados, pequeñas raciones de alimentos, largas jornadas y claustrofobia, pero por una persona, ellos redujeron estas incomodidades a nada. Churchill los condujo con fuerza, e incluso podría haber sido autoritario, pero le amaron por su coraje y resolución. ¡Flema!

En varias paredes cuelgan carteles de aquellos días: "Quédese tranquilo y continúe". Este es muchísimo del espíritu que los líderes de hoy tienen que infundir a los pueblos del Atlántico. Deben sustituir el miedo por la fe en el futuro.

En Europa, y sobre todo en Estados Unidos, la ciudadanía está indignada con la política porque sus líderes pelean como niños en una caja de arena. Churchill vivió en los días en que también había luchas amargas. Pero para tomar las riendas, inmediatamente formó un gobierno de coalición.

No debemos dejar que nuestros argumentos sobre el pasado dominen nuestro presente, dijo Churchill, o perderemos el futuro. Allí, en el Cuarto de Gabinete de Guerra, uno ve a sillas reservadas para ministros de trabajo, así como para ministros Conservadores; trabajando juntos pudieron parar a Hitler. ¿No es hoy, para nosotros, también una lección?

Finalmente, Churchill entendió la importancia que para un líder tiene levantar un estandarte, establecer metas claras y marchar al frente, sobre todo ante una crisis. Ninguno de sus consejeros habría dicho que él “comandaba desde atrás"; eso era inconcebible. Ni él habría dicho, como el Banco Central Europeo lo acaba de hacer, que su acercamiento a un problema fuera uno "de ambigüedad constructiva”. ¿Quién puede tener confianza de eso?

Churchill tenía sus defectos, era humano. Pero su mando convirtió la más oscura de las horas británicas en su hora más excepcional. ¿Pueden nuestros líderes americanos y europeos por favor programar su siguiente reunión en sus Cuartos de Guerra?

Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente las de David Gergen.

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