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OPINIÓN: Cuando los desastres naturales se vuelven desastres políticos

Fallar en los preparativos y en la reacción efectiva ante el desastre causado por "Irene" podría ser políticamente devastador, dice el autor
mié 31 agosto 2011 02:10 PM
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Nota del editor: Julian E. Zelizer es profesor de historia y asuntos públicos de la Universidad de Princeton. Es autor del libro “Jimmy Carter” y editor de un libro que evaluó la administración del expresidente George W. Bush, publicado por la Princeton University Press.

PRINCETON, Nueva Jersey (CNN) — Mientras el huracán Irene  cobraba fuerza y se movía hacia los poblados de la Costa Este, políticos de ambos partidos se reunieron para prepararse. El presidente Obama recortó sus vacaciones en Martha's Vineyard y regresó a Washington. Gobernadores y alcaldes de los estados afectados emitieron alertas, con evacuaciones voluntarias y obligatorias. Autoridades estatales también se movilizaron.

Todo político, demócrata y republicano, se percató de lo que estaba en juego. Fallar en los preparativos y en una reacción efectiva ante este desastre podría ser políticamente devastador para cualquier integrante de la clase política. Fallar en la limpieza del daño en los próximos días, de manera rápida y efectiva, podría cortar cualquier futuro político.

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Algunos presidentes han sido muy efectivos en el manejo de desastres naturales. Uno de los casos más famosos ocurrió con el huracán Betsy en Louisiana, en septiembre de 1965. El senador demócrata Russell Long llamó al presidente para que hiciera una visita. Cuando Lyndon Johnson dudó debido a la saturación de su agenda, el astuto Long dijo: “Si viene ahora, Sr. Presidente, ¡ni con Eisenhower lo vencerían!”.

Johnson, motivado con una mezcla de incentivos humanitarios y políticos, fue en seguida. Caminó por las calles, hablando con los habitantes e inspeccionando el daño. Johnson se apoyó en Robert Phillips, del Departamento de Planeación de Emergencias, para actuar con rapidez y hacer lo que fuera necesario para aliviar la situación.

En una conversación telefónica con Long, comentó: “Ahora, en tiempos difíciles, es necesario que todos los miembros de la familia se unan y dejen a un lado cualquier problema individual o cualquier resentimiento para cuidar a la madre enferma. Tenemos a una madre enferma en nuestras manos. Tal como dije la otra noche que estuve ahí, tenemos que recortar los trámites burocráticos. Tenemos que trabajar todo el día. Tenemos ignorar las horas”.

El alivio llegó y el Congreso aprobó la Ley de Control de Inundaciones de 1965, la cual ayudó a reconstruir la zona.

A otros presidentes no les ha ido tan bien. El presidente George H.W. Bush se atrasó con la ayuda a Florida tras el huracán Andrew en 1992. Tras la devastadora tormenta que arrasó la región, Bush declaró un estado de emergencia y prometió que la ayuda estaba en camino. Pero la ayuda no llegó en días.

En efecto, Bush no estaba ni siquiera consciente de la magnitud del daño. Un oficial de emergencia frustrado del Condado de Dade preguntó: “¿Dónde diablos está la caballería?”.

Cuando la ayuda gubernamental llegó finalmente, muchos residentes de Florida estaban frustrados y molestos, culpando directamente al presidente por lo ocurrido. La respuesta tardía le costó índices de aprobación que se reflejarían en la elección. Sin embargo, el acontecimiento que más impactó en los círculos políticos fue el huracán Katrina . A finales de agosto de 2005, el huracán devastó a Louisiana y Mississippi. El presidente George W. Bush, quien había manejado magistralmente los ataques del 9-S con rentabilidad política, se tambaleó. La Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA por sus siglas en inglés), bajo la dirección de Michael Brown, quien muchos consideraban que no estaba calificado para el cargo, tuvo grandes dificultades para supervisar la respuesta. El contraste con Bill Clinton, quien utilizó la FEMA de manera efectiva para manejar una serie de huracanes, hizo que la situación fuera aún más embarazosa. El sufrimiento que azotó a  Nuevo Orleans fue enorme y fue transmitido en televisión nacional.

Los problemas posteriores a Katrina generaron cuestionamientos sobre la capacidad de Bush para gobernar y amiguismo -que duró años-. Dado el alto porcentaje de afroamericanos que vivían en la ciudad, la deficiente respuesta del gobierno debilitó el discurso de Bush en el sentido de ser un “conservador compasivo” dirigido a las minorías.

Mientras muchas personas atribuyen la caída de Bush a la guerra con Iraq o a las polémicas políticas antiterroristas, Katrina fue un parte aguas con la misma importancia.

A principios de su administración, Obama sufrió la lenta y vacilante respuesta ante el derrame petrolero en la Costa del Golfo . Aunque se recuperó conforme se llevó a cabo la limpieza, la crisis fue uno de los primeros acontecimientos que generaron cuestionamientos sobre cuán mejor era Obama en el manejo de problemas como los ambientales respecto a su antecesor.

En momentos de baja popularidad de su presidencia, las cuentas tras el huracán Irene serán muy relevantes. Obama no se puede permitir más situaciones que generen dudas sobre su capacidad de liderazgo.

El reto se extiende a otros también, incluyendo a los potenciales candidatos presidenciales como el gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, y el de Nueva  Jersey, Chris Christie. Cuando Christie estuvo en Disneylandia durante una tormenta de nieve masiva hace unos meses, las críticas en los medios eran implacables. En esta ocasión, Christie le dijo a los ciudadanos que “largaran de la playa”.

Los republicanos en el Congreso también estarán bajo los reflectores. La declaración del líder de la mayoría en el Congreso, Eric Cantor, en el sentido de que el Partido Republicano incrementaría el financiamiento sólo si se hacían recortes en otros frentes sonará duro para muchos estadounidenses, y no exactamente como un modelo de cómo gobernar en tiempos de crisis.

Los desastres naturales lastiman a todos los estadounidenses –ricos y pobres, negros, blancos y latinos, hombres y mujeres-. Por lo tanto, son una de las pocas veces en que los estadounidenses –demócratas y republicanos– tienden a voltear hacia el gobierno para recibir ayuda y dejar a un lado sus diferencias políticas.

La manera en que los líderes responden a estas crisis, particularmente después de Katrina, pueden definir la forma en que el público los percibe en los años siguientes.

Los funcionarios actuales deben demostrar que pueden manejar de manera eficiente el período post emergencia, movilizando y distribuyendo recursos para que los estadounidenses puedan reconstruir sus vidas rápidamente. En lugar de estar difundiendo más pánico, deben inspirar a aquellos que están sufriendo para que recuperen la confianza necesaria para salir adelante.

Si no lo hacen, tal como aprendió el presidente George W. Bush, su fracaso los perseguirá en la corte de la opinión pública.

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