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OPINIÓN: El atropellamiento de niña china y el 'dilema de los voluntarios'

El caso de la niña es extremo y llama la atención por la insensibilidad ante su indefensión, dice el especialista en percepción social
mié 19 octubre 2011 06:12 AM
China - niña atropellada
China - niña atropellada China - niña atropellada

Nota del editor: Joachim I. Krueger es profesor de psicología de la Universidad de Brown y estudia la autopercepción y percepción social. Es el editor de Rationality and Social Responsibility (Racionalidad y Responsabilidad Social).

(CNN) – Un video de una cámara de seguridad que captó el momento en que una niña es atropellada en dos ocasiones en una calle en China ha circulado en internet en los últimos días y ha generado un cúmulo de denuncias de indignación. Nos preguntamos, ¿cómo pudieron tantos transeúntes ignorar tan insensiblemente el sufrimiento de la niña?

Como seres humanos, estamos horrorizados cuando vemos que una persona en necesidad no recibe ayuda, aún cuando, en este caso, hay muchos auxiliares potenciales. Nuestro horror es mayor si la persona es victimizada de manera maliciosa o insensible por otros seres humanos. Y se eleva aún más cuando nos vemos que la víctima está indefensa y es el tipo de persona que normalmente estimula nuestro instinto de ayuda y protección.

Nuestra reacción espontánea es decir: “Si yo hubiera estado ahí, hubiera ayudado; ¿qué le pasa a esta gente?”. Si un incidente ocurre en un país o cultura extranjera, es fácil –quizá tentador, cuando vemos alto tan desconcertante- concluir que esa cultura en particular debe ser responsabilizada, que está siendo insensible, indiferente y egoísta.

Es cierto que existen diferencias culturales en varios aspectos del comportamiento humano, y muchas de estas diferencias no son triviales. Pero el incidente en China, en el cual una niña es gravemente herida antes de que alguien finalmente la ayuda, sería demasiado simplista pensar que la apatía frente al sufrimiento de otros es un sello de la cultura local.

En primer lugar, la indignación pública en China fue casi igual que la que uno ve en otros países. Segundo, ha habido, por supuesto, casos similares en otras naciones. En efecto, tuvimos la tortura y asesinato de Kitty Genovese en Queens, Nueva York, durante un asalto callejero en 1964. Reportes preliminares, los cuales pueden no haber sido del todo acertados, indicaron que muchas personas escucharon u observaron el ataque y no hicieron nada para detenerlo. Consecuentemente, hubo un escándalo mediático. Comentaristas se preguntaban: ¿Qué le pasa a Nueva York, qué le pasa a estos tiempos y qué le pasa a esa colonia en particular?

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El incidente generó investigaciones sobre el denominado efecto espectador: un conjunto de brillantes experimentos conducidos por John Darley y Bibb Latané, quienes demostraron en su estudio de 1968, que conforme se eleva el número de espectadores, la probabilidad de que un individuo intervenga es menor. Esto es porque cada espectador está tratando de resolver el denominado “dilema del voluntario”. Si todos reaccionan, el costo sería elevado y los voluntarios podrían interferir entre ellos. Sería mejor que sólo un espectador reaccionara, según el razonamiento. Si esto es así, es razonable preguntar quién sería y por qué debería ser yo.

A partir de los experimentos originales, se han hecho muchos estudios sobre el efecto espectador. Recientemente, fui parte de un equipo de investigación conformado por Peter Fischer de la Universidad de Regensburg, Alemania. Revisamos la literatura científica existente e integramos estadísticamente los descubrimientos de 105 grupos de información. Descubrimos que el efecto espectador es muy robusto, que ha declinado algo con el paso del tiempo y que hay ciertas condiciones bajo las cuales desaparece o incluso es revertido.

Por ejemplo, en una situación en la cual varios espectadores necesitan unirse para intimidar a un perpetrador, se vuelven más propensos a actuar de manera colectiva que individual. Viene a la mente el esfuerzo heroico de los pasajeros del Vuelo United 93, el cual se sospecha se utilizaría para atacar un blanco en Washington el 11 de septiembre de 2011.

En estos casos extremos, llaman nuestra atención la insensibilidad ante una niña indefensa y la heroica revuela de gente ordinaria ante el terrorismo. Con algo de suerte, la mayoría de nosotros no se verá en este tipo de situaciones existenciales.

Sin embargo, debemos preguntarnos cómo reaccionaríamos ante situaciones más banales que nos presenten a hermanos seres humanos que estén en necesidad. ¿Los ayudaremos o esperaremos que alguien más lo haga?
 

Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente los de Joachim Krueger.

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