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OPINIÓN: Ocupa Wall Street necesita un liderazgo definido

El número de partidarios del movimiento es impresionante, sin embargo, es difícil que tengan un gran impacto sin un liderazgo definido
sáb 29 octubre 2011 01:09 PM
AFP
Protestas-WallStreet-AFP AFP

Nota del editor: Marty Linsky es cofundador de la Asociación de Liderazgo de Cambridge y ha enseñado en la Escuela Kennedy de Harvard durante más de 25 años. Se desempeñó como secretario general y consejero de gobernador de Massachusetts, Bill Weld, y es autor o coautor de 10 libros, incluyendo "La Práctica de Liderazgo Adaptativo". 

(CNN) — No le restaría ningún mérito al éxito de Ocupa Wall Street  en lo que se refiere a unir a mucha gente en el Bajo Manhattan y en otros lugares. Es un gran logro.

Pero a pesar de lo que ha ocurrido hasta el momento, aún no ha comenzado el trabajo duro del liderazgo.

Es relativamente sencillo juntar a gente impotente, enojada y frustrada para protestar en contra de una amplia variedad de enemigos y chivos expiatorios.

Otra cosa distinta es lograr un cambio. Nos guste o no, los valores y procesos que han creado al fenómeno de Ocupa Wall Street son inadecuados e incompatibles para dar los siguientes pasos y lograr un impacto real.

Las reglas democráticas, incluyentes y consensuadas que han guiado a Ocupa Wall Street hasta este punto, no lo llevarán al siguiente nivel; esto es, si hay un interés real en cambiar la realidad actual más allá de sólo quejarse de ella y hablar en su contra.

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Otra visión: Ocupa prueba una nueva forma de vida

A continuación tres grandes ejemplos de las restricciones autoimpuestas que se interpondrán en el camino. Primero, la queja de todos es igual la queja de todos los demás. Anticapitalismo, falta de atención médica para los no asegurados, alzas en las cuotas de enseñanza de las universidades públicas y muchas otras quejas comparten el mismo escenario.

El mensaje está enlodado. Aclarar el mensaje y centrarse en objetivos específicos son los siguientes pasos que se necesitan. Inevitablemente, algunas quejas se quedarán en el camino, dejando decepcionados a aquellos que les preocupan más dichas quejas abandonadas, alineándose tanto con el resto del grupo como con sus propios electores, quienes si bien no están acampando afuera del Parque Zuccotti , esperan que aseguren que sus problemas particulares sean prioritarios.

Segundo, el proceso consensuado y sin jerarquías pronto llegará al final de su utilidad, al menos en su forma más pura. Si Ocupa Wall Street encabezará el cambio más allá de sólo pedirlo, algunas personas tendrán que dar un paso adelante y asumir roles de autoridad. La presencia de la autoridad es esencial para sacar el trabajo adelante.

Alguien o algunos tendrán que ofrecer algunas funciones de la autoridad- dirección, protección y orden- para que el movimiento pueda empezar a tomar las decisiones difíciles, definir prioridades, administrar recursos humanos y financieros, y evitar que los anarquistas socaven los resultados potenciales.

Cuando la gente tiene agendas diferentes, el problema de operar por consenso es que la única manera de hacer que todos estén de acuerdo, es ponerse de acuerdo en algo tan etéreo y abstracto que se vuelve insignificante. Eso funciona en una elección en donde movilizas a gente para votar (revisar “Obama 2008” y "Change We Can Believe in"), pero no para generar un cambio desde afuera hacia adentro.

Tercero, el movimiento tendrá que decidir si está dispuesto a generar un cambio infiltrándose en el temido sistema que está tratando de destruir. No hay otra manera, excepto una revolución violenta, y si aquellos que están en el Parque Zuccotti piensan que ya existido un contraataque, esperen a ver lo que les espera si hubiera violencia.

La historia tiene lecciones importantes en este aspecto

Los grandes movimientos de los sesentas por los derechos civiles, derechos de las mujeres y la oposición a la Guerra de Vietnam tenían un enfoque claro, bien organizado y estratégicamente brillante. Mientras por una parte atraían a enormes cantidades de personas, contaban también con gente que asumió papeles de liderazgo y tomaron decisiones esenciales, aunque ciertamente a través de frecuentes y significativos procesos consultivos.

Todos hicieron uso de medidas extremas, pero estaban dirigidas a atraer la atención y el apoyo de la gente que se mantenía al margen. Cuando la violencia se externó, fue perpetrada por el propio sistema, después de que los protestantes provocaran hábilmente que los poderes sobre reaccionaran, generando más apoyo popular a su causa.

La desmesurada respuesta de la fuerza pública contra protestantes pacíficos a favor de los derechos civiles fue tan embarazosa que los liberales norteños como yo tuvimos que involucrarnos y brindar el apoyo público, recursos financieros y peso político adicional que necesitaban para generar un cambio.

Más recientemente –y ambas partes odian este comparativo- en un período de tiempo muy corto, el movimiento del Partido del Té pasó de ser un tumultuoso grupo de personas que se sentían privadas de su derecho de representación en varios aspectos, a un ejército pacífico con una agenda bien delineada y claramente articulada, con un firme compromiso para infiltrarse en el sistema para cambiarlo.

Ha si asombrosamente exitoso, influenciando elecciones, el discurso político y pronto ganando elecciones con candidatos que estaban totalmente sujetos a su agenda, creyeran en ellos o no. Les guste o no, el Partido del Té ha cambiado al sistema.

¿Y eso en dónde deja a Ocupa Wall Street?

Muy pronto, se presentará una encrucijada. Los números son muy importantes en una sociedad democrática y Ocupa Wall Street está empezando a tener números que han causado que los miembros del sistema contra los que protestan se percaten de ello, positiva o negativamente.

Actualmente, los protestantes del Parque Zuccotti están siendo utilizados por estos miembros del sistema, de una forma u otra, para apuntalar sus propias bases y mejorar su imagen. Esos números sólo se traducirán en poder y posteriormente en cambio, si es que logran ser aprovechados para presionar a los tomadores de decisiones para que hagan algo que de otra manera no harían.

Esto se traduce, lamentablemente, en unirse al sistema del cual protestan, arrancando una página del libro del Partido del Té y colaborando en campañas, recaudando fondos y postulándose para cargos públicos.

El liderazgo es una actividad riesgosa y subversiva. Las masas del Parque Zuccotti y sus colegas en otras ciudades aún tienen que demostrar que están interesados en algo más que manifestarse.

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