Publicidad
Revista Digital

Síguenos en nuestras redes sociales:

Publicidad

OPINIÓN: Estados Unidos debe fortalecer relaciones con América Latina

Estados Unidos ha centrado su atención en Asia y Medio Oriente, sin embargo, la región latinoamericana ha quedado en un inoportuno olvido
dom 11 diciembre 2011 10:04 AM
presidentes
presidentes presidentes

Nota del editor: Frida Ghitis es columnista de política internacional para el Miami Herald y World Politics Review. Exproductora/corresponsal de CNN, es autora de The End of Revolution: A Changing World in the Age of Live Television (El fin de la revolución: Un mundo cambiante en la era de la televisión en vivo)

(CNN).- Estados Unidos busca nuevas formas de recuperar su poderío, para sacudirse de encima la tristeza por la recesión y fortalecer su posición de liderazgo internacional.

Sin embargo, Washington pasa por desapercibido lo obvio, al desatender a sus más cercanos vecinos. Gran error.

Con los socios europeos de Estados Unidos en apuros, con la economía de China cada vez más fuerte, y con Medio Oriente hirviendo a fuego lento con incertidumbre, Washington ha decidido dar un “giro” a su década de guerras post 11-S y mirar a Asia y el Pacífico. Pero Estados Unidos pasa por alto el lugar más natural y lógico para construir fuertes amistades, sociedades y alianzas: América Latina.

En años recientes, la atención se centró en dos lugares. En primer lugar, el eterno centro de agitación mundial, el gran Medio Oriente que fue sacudido por conflictos armados y enfrentamientos ideológicos, con grandes guerras en Irak y Afganistán a la par de un creciente enfrentamiento entre Irán y Occidente por el programa nuclear de Teherán.

Al mismo tiempo, una nerviosa atención se dirigió a China, cuyo deslumbrante crecimiento impulsó en tan solo unos años a una economía alguna vez menor a convertirse en la segunda más grande del mundo, dejando en claro que la rivalidad China-EU se convertirá en uno de los rasgos dominantes de este siglo.

Publicidad

Pero mientras que Washington prestó poca atención, algo muy extraordinario ocurrió al sur, en América Latina.

Una región que se había convertido en una caricatura de sí misma —el lugar que nos dio palabras como junta militar y república bananera— alcanzó un nuevo nivel de madurez política y económica. La mayoría de los países se encontraron una fórmula económica viable, atendiendo la pobreza sin ahuyentar a los inversionistas. En la mayoría de los países, la democracia desarrolló un fuerte arraigo.

No todos ignoraron el milagro de América Latina. China e Irán, los dos países que más preocupan a Occidente, han estado ocupados en desarrollar relaciones diplomáticas e incrementar lazos económicos.

Durante los años en que Estados Unidos puso poca atención a las relaciones con América Latina, hogar de 600 millones de personas con economías cuyo valor es 5,000 millones de dólares, Beijing y Teherán pusieron sus ojos en ese hemisferio americano.

Beijing se involucró en un agresivo empuje económico, convirtiéndose en uno de los principales clientes  de los recursos naturales de América Latina, prestando miles de millones de dólares, desarrollando infraestructura y construyendo vínculos comerciales.

Irán encontró en América Latina una forma de esquivar las sanciones económicas occidentales y de romper su aislamiento diplomático. En años recientes, Teherán abrió nuevas embajadas en Colombia, Chile, Uruguay, Bolivia, Ecuador y Nicaragua. Además, está abriendo centros culturales iraníes en 17 países de la región. Los vínculos políticos y económicos florecen, mientras Washington presta poca atención.

Y esto sucede en tanto que América Latina se ha desarrollado en una dirección que podría facilitar la construcción de vínculos con Estados Unidos. La mayoría de las personas en el continente vive en democracias, después de haber rechazado enérgicamente el derecho de las fuerzas armadas a hacerse del poder y gobernar por la fuerza. La mayoría de los países latinoamericanos ahora tiene economías de libre mercado que buscan, con cierto éxito, levantar el fondo para los millones que todavía viven en la pobreza.

América Latina y Estados Unidos tienen mucho en común. Con la excepción de Cuba, Venezuela, y dos o tres acólitos de este último, el hemisferio, incluyendo a Estados Unidos, está formado por países que comparten ideologías fácilmente compatibles.

Los vínculos personales —en un país como Estados Unidos, con 50 millones de personas de herencia latina— también ayudan a crear un piso estable para una alianza hemisférica más fuerte.

Sin embargo, no todos los países han experimentado en los últimos años fortalecimiento democrático y crecimiento económico. Venezuela ha visto decaer su economía y su presidente, Hugo Chávez, ha acumulado una drástica concentración de poder. Ese modelo, en el que el presidente se vuelve tan poderoso que socava las instituciones democráticas, ha sido imitado en grados diferentes en Bolivia, Nicaragua y Ecuador. Pero el modelo adoptado con mayor entusiasmo es abiertamente democrático, amistoso con la economía de mercado, con una conciencia social, como se ve en Brasil.

Los resultados han sido espectaculares. China sorprende al mundo con un crecimiento económico de dos dígitos, pero de repente Brasil se ha convertido en la séptima economía más grande del mundo, en camino de desplazar al Reino Unido como sexta. El Producto Interno Bruto de Brasil creció el año pasado 7.5%; Argentina creció un 9.2%. Otros países galoparon igual de rápido. El PIB de Paraguay aumentó un impresionante 15%  y el de Uruguay más del 8%.

Gran parte de esto provino del comercio con China. Y si la economía de China entra en recesión, América Latina saldrá afectada. Sin embargo, las economías latinoamericanas están sacando de la pobreza a decenas de millones y ubicándolos en la clase media. Eso quiere decir que se están convirtiendo en consumidores que podrían mantener a la economía en movimiento, incluso si el comercio decae.

En una región donde Estados Unidos ha sido, sin competidores, el principal socio comercial, el intercambio con China está disparándose, con un total de 180,000 millones de dólares el año pasado, 160% más desde el 2006. De pronto, China se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, superando a Estados Unidos.

Justo cuando más le resulta apremiante recuperar su posición, Estados Unidos cede terreno por desatención y pierde la oportunidad de ampliar los mercados de una forma que podría beneficiarle junto con América Latina, y también está perdiendo terreno diplomático y político cuando menos puede permitirlo.

Washington seguirá inevitablemente centrándose en Medio Oriente. Y Asia seguramente atraerá cada vez más de sus atenciones. Sin embargo, desatender a América Latina es algo insensato. Estados Unidos pasa por alto una alianza natural. Una asociación respetuosa, no una en donde un país se impone a los demás, podría ayudar a Estados Unidos a construir una mayor presencia diplomática en la arena global, ayudar a sacudir la sacudirse la tristeza  y prepararse para los arduos desafíos que el joven siglo ya ha puesto en su camino.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen a su autor y no a CNNMéxico

Publicidad
Publicidad