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OPINIÓN: El tarahumara no acepta limosnas, pide ayuda

Los tarahumaras no se resisten a que se les brinde respaldo, pero aspiran a salir adelante por sus propios medios
mar 17 enero 2012 08:17 PM
Tarahumaras
Tarahumaras Tarahumaras

Nota del editor: Xóchitl Gálvez fue Comisionada Nacional para la Atención de los Pueblos Indígenas del Gobierno Federal de 2000 a 2006. Actualmente aspira a ser senadora del PAN por el estado de Hidalgo y forma parte del equipo de campaña de la precandidata del PAN Josefina Vázquez Mota. Puedes seguirla a través de su cuenta de Twitter @xochitlgalvez.

(CNNMéxico) — Muchas veces, al mundo urbano, acostumbrado a una economía individual, le parece inconcebible que haya indígenas que prefieran vivir en la montaña, y no necesariamente bajar a ciudades o pueblos.

Tal es el caso de los rarámuris -así se reconocen a sí mismos los indígenas que viven en la Sierra Tarahamura, en Chihuahua-, quienes sólo acuden a la zona urbana de municipios o poblados como Guachochi, Norogachi o Basaseachi para que sus hijos vayan a la escuela, o en caso de emergencia, acudir a un albergue. En su concepción de vida se cuenta el hecho de vivir en el aislamiento.

A los tarahumaras -se les suele llamar de esta manera en referencia a la región que habitan- no les gusta si un vecino se acerca mucho a su casa y construye a un lado. Prefieren hacer una casa más lejos porque para ellos la riqueza espiritual radica en preservar el contacto con la naturaleza.

En efecto, esta condición de aislamiento complica la posibilidad de que reciban ayuda por parte de las dependencias gubernamentales.

Para ellos es muy importante tener maíz, pero no sólo para comer, sino también para sus ceremonias, para sus dioses, para sus ritos, y les gusta sembrarlo y cosecharlo.

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El rarámuri comparte lo que tiene, y cuando no tiene, baja a las ciudades a pedir korima —ayuda o apoyo—, y eso tiene que ver con una visión de "yo ayudo, tú ayúdame", no es una visión de pedir limosna, sino de pedir que se comparta con él, porque está pasando un momento difícil.

El rarámuri no se suicida, no va a recurrir a eso —versiones de suicidios en la Sierra Tarahumara a causa de la hambruna y las heladas fueron difundidas pero el gobierno de Chihuahua las desmintió—, pero lo que sí es cierto es que hay hambre producto de la sequía, una sequía que tiene que ver con la deforestación histórica, mínimo de hace 100 años.

El gobierno ha sido incapaz de detener a los talamontes y a los caciques, en contubernio con los propios gobiernos locales, en su gran mayoría, y con uno que otro que les da permisos forestales.

Esta situación la ha venido a agravar el hecho de que la lluvia sea cada vez más escasa. No sé como José Luis Luege Tamargo, director de la Comisión Nacional del Agua (Conagua) dice que no hay sequía cuando, personas como yo, que vamos a la sierra, nos encontramos con gente que te dice: “es que no ha llovido, este año no levanté maíz”. 

Cuando siembran, los rarámuris no levantan ocho toneladas por hectárea, levantan 400 o 500 kilos, es una agricultura muy endeble. Por tanto, si ni siquiera levantan ese maíz, entonces sí que se registra una situación muy grave en la sierra.

Tenemos que entender que el tarahumara tiene otra concepción de la vida. Él no quiere vivir del korima, quiere que se recuperen sus bosques, que vuelva a llover, que vuelva a tener tierras factibles para el desarrollo.

Quizá las nuevas generaciones van a ser más urbanas, van a aceptar un tipo de empleo diferente, pero sus padres, sus abuelos, difícilmente van a querer dejar la sierra

El día que en este país nos podamos ver todos como iguales en la diversidad, es cuando vamos a poder construir un país mucho más justo y solidario. Eso es lo que quieren los rarámuris, así es como quieren vivir.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Xóchitl Gálvez.

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