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OPINIÓN: Con Vicente se va el último de los grandes de la música ranchera

El intérprete de música ranchera dejará un vacío que no podrá ser llenado ni por su hijo Alejandro ni por Pedro Fernández
jue 09 febrero 2012 10:01 AM
Vicente Fernández
Vicente Fernández Vicente Fernández

Nota del editor: Xavier Quirarte es crítico musical.

(CNNMéxico) — Si con su chorro de voz Jorge Negrete representa la máxima elegancia en la música ranchera, y José Alfredo Jiménez, con esas composiciones que cortan el aliento sigue siendo el rey, nadie podrá objetar que Vicente Fernández ha sido un gran descendiente de la estirpe que también incluye a Pedro Infante, Javier Solís, Tito Guízar, Miguel Aceves Mejía, Antonio Aguilar y algunos otros elegidos.

El anuncio de su retiro de los escenarios ha dejado pasmados a sus seguidores, quienes quisieran verlo eternamente al calor de los reflectores. Pero todo tiene un final, y Fernández, luego de una larga y sostenida carrera de 45 años, ha sido claro al advertir que no quiere causar lástima en el futuro, pues "un artista necesita retirarse con mucha dignidad, en el mero momento", para luego tomar prestada la letra de El Rey, y agregar que "con dinero y sin dinero, hago siempre lo que quiero, y mi palabra es la ley. No tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo siendo el rey".

Hizo bien en citar a José Alfredo, pues don Vicente es uno de sus ardientes intérpretes. Así lo atestigua Joaquín Sabina al hablar sobre el legado de Jiménez: "Porque le puso letra a nuestras emociones, porque musicó nuestro fracaso, porque supo vengarnos de los malos amores, por Chavela Vargas, por Lola Beltrán, por Vicente Fernández…"

El rey, es preciso decirlo, luego de una gira intensa que lo llevará por distintos países de Sudamérica, Estados Unidos y México, dejará el trono vacío. Y éste no podrá ser ocupado por su hijo, demasiado enfangado en una endeble propuesta de mariachi pop, o por  Pedro Fernández, quien cae en el ridículo al querer emular la chispa –inimitable­– de Pedro Infante –ya no digamos la voz–.

Con Vicente Fernández y su voz se va el último de los duros de la música ranchera, un cantante completo que no necesitó de la televisión para volar alto –aunque sí supo aprovecharla–. Bien lo dijo Carlos Monsiváis en una entrevista: "Para que alguien se pueda considerar estrella en México necesita no depender de la televisión. Vicente Fernández es una estrella que te llena los palenques, los estadios, los cabarets, donde vaya. Pero no depende de la televisión".

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Vamos a extrañar la voz del cantante de música ranchera que ha vendido unos 50 millones de discos, su inobjetable presencia escénica, su arrollador carisma y esa frase que ya grabada en los anales de la música popular mexicana: "Mientras ustedes no dejen de aplaudir, yo no dejo de cantar".

Tal vez en el futuro grabe algunos discos, pero es en el escenario donde el Charro de Huentitán se prodigaba, y por eso habrá que acudir a la gira de despedida y ser testigos del broche de oro que cerrará su carrera. ¿De qué manera olvidamos a Vicente Fernández? De ninguna, porque fue un gran intérprete de canciones que habrán de escuchar futuras generaciones, como Volver volver, La ley del monte, Cruz de olvido, Mujeres divinas, Lástima que seas ajena, Por tu maldito amor, y, por supuesto, ¿De qué manera te olvido?

En la década de 1960, cita Yolanda Moreno Rivas en su Historia de la música popular mexicana, una encuesta de la revista Cine Mundial se preguntaba quién ocuparía el hueco dejado tras las muertes de Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís. Luego de desechar, por diversos motivos, a Miguel Aceves Mejía, Luis Aguilar, Julio Aldama y Cuco Sánchez, entre otros, el artículo planteaba la siguiente hipótesis: "Tony (Antonio) Aguilar o Vicente Fernández acaso pudieran dar una sorpresa".

La sorpresa la dio don Chente, con una carrera musical que ni sus malas actuaciones en el cine pudieron erosionar. Estamos invitados a su gira de despedida, para ser testigos de esa voz privilegiada que, de acuerdo con el propio Fernández, es resultado de ser un hombre cuidadoso de su salud, pero también de cierto poder místico.

PARTICIPA: comparte con nosotros tus imágenes con Vicente Fernández.

"Mi voz está bien descansada –decía en una entrevista reciente con Sarah Lucero–. Cuando escucho el aplauso del público no sé de dónde viene la voz, pero la tengo durante tres horas. Tendrás que preguntarle a Dios para averiguar por qué me bendice cada vez que canto".

Vicente Fernández se entrega a su público, pues como dice la canción de José Alfredo Jiménez que tan bien interpretaba, es un auténtico hijo del pueblo, proveniente del "barrio más humilde". Si la citada canción finaliza con el verso: "Y el día que el pueblo me falle, ese día voy a llorar", no será así en su gira de despedida: don Vicente cantará hasta que el público deje de aplaudir.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Xavier Quirarte.

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