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Nuestras Historias

OPINIÓN: Si podemos hacer historia en Marte, ¿por qué esperar más?

Las exploraciones hacia el 'Planeta Rojo' significan una nueva meta para alentar el progreso científico y tecnológico de la humanidad
vie 27 abril 2012 11:05 AM
nasa exploración marte astronautas
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Nota del Editor: Robert Zubrin es ingeniero en astronáutica y presidente de la Sociedad de Marte. Es autor del libro El caso de Marte: El plan para habitar el 'plaenta rojo' y por qué debemos de hacerlo (The Case for Mars: The Plan to Settle the Red Planet and Why We Must), recientemente actualizado y reeditado.

(CNN) — En la opinión Mejor explorar la tierra que el espacio , publicada recientemente en CNN, Amitai Etzioni dice que debemos aplazar la exploración a  Marte porque los océanos tienen una prioridad mayor. Si bien le tengo una gran consideración a la exploración de los océanos, la verdad del problema es que hay muchas agencias, incluyendo a la Marina de Estados Unidosy las de otros países, instituciones académicas, organizaciones de investigación, corporaciones y personas como James Cameron, que están perfectamente preparadas económicamente como para llevarlas a cabo.

La idea de que tenemos que suspender la exploración del espacio para proveerle los recursos necesarios a la exploración de los océanos es categóricamente absurda. Entonces llamémosle como es: El argumento de que debemos de explorar los océanos en lugar del espacio no es un llamado para investigar a los océanos, es solo una manera poco ingeniosa de renunciar a nuestro esfuerzo por alcanzar al Planeta Rojo.

¿Pero por qué deberíamos de tratar de llegar a él? Tengo tres razones:

Por el conocimiento: Sabemos que alguna vez hubo océanos en Marte, donde la vida se pudo haber desarrollado químicamente. ¿Pero hubo vida? Si pudiéramos descubrir fósiles en la superficie de Marte, o vida existente en el agua que hay debajo de su superficie actual, mostraría que el origen de la vida no es única de la Tierra, y por tanto implicaría que hay un universo lleno de vida y probablemente también de inteligencia. Desde el punto de vista de la humanidad, aprendiendo su verdadero lugar en el universo, este sería la Ilustración científica más importante desde Copérnico.

Las exploraciones robóticas pueden ayudar en esa búsqueda, y deben de ser impulsadas decididamente, pero por sí mismas son totalmente insuficientes. La búsqueda de fósiles requiere de la habilidad de viajar grandes distancias a través de terrenos inexplorados, escalar grandes pendientes, hacer trabajo pesado y delicado, así como ejercitar formas sutiles de percepción e intuición al momento. Investigaciones astrobiológicas requieren de la habilidad de perforar, tomar muestras, cultura, y del estudio de la vida extraída del agua del subsuelo de Marte. Todas estas habilidades están más allá de las habilidades de la recolección robótica. La paleontología y astrobiología de campo necesitan de exploradores humanos, de científicos de la vida real en la escena.

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Por el reto: Los países, como las personas, se alimentan de retos y decaen sin ellos. El programa espacial por sí mismo necesita retos. Consideremos lo siguiente: Entre 1961 y 1973, bajo el ímpetu de la carrera por llegar a la luna, la NASA produjo un rango de innovación tecnológica en varios campos de gran magnitud, más grandes de las que se han mostrado hasta ahora, con un presupuesto en dólares de casi solo el 10% más del actual (20,000 millones de dólares de ese entonces al año, comparado con los 18,000 millones de dólares de ahora). ¿Por qué? Porque tenía una meta que hacía que al alcanzarla excediera sus expectativas. No es necesario desarrollar nada nuevo si no estás haciendo nada nuevo. El programa del Apolo también estimuló fuertemente a la economía como un conjunto en rangos de crecimiento económico que no se habían visto antes. Lejos de ser una pérdida de dinero, el forzar a la NASA a tomar el reto de Marte es clave para darle a la nación un verdadero cambio tecnológico, y un estímulo económico tan necesitado, de su 'dólar espacial'.

Un programa para llegar a Marte también sería una aventura retadora para cada niño en el país: “Aprende ciencia y podrás ser parte de de la conquista de un nuevo mundo”. En su tiempo, el programa del Apolo causó que se doblara el número de graduados americanos en ciencia e ingeniaría. Ese capital intelectual sigue beneficiando a la nación. Habrá más de 100 millones de niños en las escuelas de nuestra nación en los próximos 10 años. Si el programa de Marte inspirara solo a un 1% de ellos para ingresar a programas científicos, el resultado neto sería de un millón más de científicos, ingenieros, inventores, investigadores médicos y doctores, haciendo innovaciones para crear nuevas industrias, encontrar nuevas curas médicas, fortalecer la defensa nacional y aumentar el ingreso nacional por décadas a tal punto que minimice totalmente los gastos del programa de Marte.

Por el futuro: Marte no es solo una curiosidad científica, es un mundo con una superficie aérea que iguala a la de todos los continentes de la Tierra juntos y posee todos los elementos que se necesitan para tener no solo vida, sino civilización tecnológica. Tan hostil como se puede ver, lo único que se interpone entre Marte y la posibilidad de ser habitable es la necesidad de desarrollar cierta cantidad de conocimientos acerca del planeta rojo. Esto se puede y será hecho por sus primeros exploradores.

Marte es el Nuevo Mundo. Algún día, millones de personas vivirán ahí. ¿Qué lenguaje hablarán? ¿Qué valores y tradiciones apreciarán para propagarse de ahí mientras que la humanidad continúa moviéndose hacia otros lugares del sistema solar y sus alrededores? Cuando vean hacia atrás a nuestra época, ¿compararán otras de nuestras otras acciones con lo que hagamos para ofrecerle a su sociedad la posibilidad de haber existido?

Hoy tenemos la oportunidad de ser fundadores, los padres y formadores de una rama nueva y dinámica de la humanidad, y al hacerlo, ponemos nuestra marca hacia el futuro. Es un privilegio que no se puede despreciar a la ligera.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Robert Zubrin.

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