OPINIÓN: El planeta tiene grandes retos en la agenda de la sostenibilidad

Jacques Cousteau asistió a la Cumbre de la Tierra en 1992; 20 años después sus discurso sobre el medio ambiente sigue vigente
La cumbre de Río+20 busca una economía sustentable
Philippe Cousteau
Autor: Philippe Cousteau | Otra fuente: 1
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Nota del Editor: Philippe Costeau es un defensor del medio ambiente y es líder de la organización no lucrativa de EarthEcho International. Es el nieto del legendario explorador y cineasta Jacques Yves Costeau, quien fue invitado especial en la histórica Conferencia sobre Medio Ambiente y Desarrollo de la ONU en Río de Janeiro en 1992.

(CNN) — Mi abuelo Jacques Yves Costeau compartió conmigo muchas historias sobre de la Cumbre de la Tierra de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) de 1992 y del sentido de esperanza que lo rodeaba. He guardado una copia del discurso que dio ahí el 5 de junio, donde subrayaba sus preocupaciones por el futuro de la humanidad. La reflexión que nos deja, en el 20 aniversario de tan histórico evento, es particularmente conmovedora.

La mayor de sus preocupaciones era el tema de la población, y cómo se relacionaba directamente con las mujeres y la educación.

Para ser claros, mi abuelo no proponía políticas severas restringiendo los nacimientos o privando a la gente su derecho de tener hijos. Conforme íbamos creciendo, escuché su constante discurso de que la clave para solucionar la crisis de población era impulsar a las mujeres.

Como lo señaló en su discurso de 1992: “En todos los países con un alto porcentaje de nacimientos, las mujeres son segregadas, sin un sistema de salud apropiado; el promedio de la falta de educación entre las mujeres es de un tercio más que el de los hombres”.

Mi abuelo pensaba que si las mujeres son impulsadas socialmente, económicamente y se les da acceso a la planeación familiar y a la educación en general, el promedio de nacimientos bajaría. No era el único; el aumento del otorgamiento de microcréditos y el éxito de organizaciones como el Grameen Bank cambiaron radicalmente la manera en el que el papel de una mujer es visto en las comunidades alrededor del mundo.

Como Abulkalam Abdul Momen, vicepresidente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas señaló durante una reunión en el 2011 que: “Las mujeres educadas son mejores para planear sus familias y son más conscientes de las oportunidades de empleo, educación y de salud para ellas y para sus hijos. En un nivel más amplio, menos niños en la sociedad significarían más recursos disponibles para cada niño individual”.

¿Por qué las palabras de Jacques Costeau siguen resonando hasta hoy?

Desde 1992, la población global ha aumentado de 5,600 millones de personas a aproximadamente 7,000 millones al 2012, y se espera que aumente a 9,500 para el 2050.

Como si mucha gente estuviera empacada en una bóveda con cada vez menos aire, este drástico crecimiento aún presenta problemas sin precedente para la comunidad global si continuamos consumiendo recursos naturales y emitiendo contaminantes a este sorprendente ritmo.

Por ejemplo, solo para seguirle el paso al actual crecimiento de la población, se estima que la producción de alimentos tiene que crecer un 70% para el 2050. La falta de acceso al agua limpia y potable es el principal asesino de niños de menos de cinco años de edad y las Naciones Unidas estiman que sin una acción concreta para resolver la crisis del agua mundial, miles de millones de personas no tendrán acceso a agua limpia para mediados de siglo.

A este problema agreguemos los efectos del cambio climático, la acidificación del océano, la reducción de la biodiversidad y el colapso global de los bancos de peces. Entonces, la magnitud del problema en verdad que adquiere un enfoque desalentador.

Durante la semana pasada, líderes de todo el mundo se reunieron en Brasil para la Conferencia sobre Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, o Río+20, como se le conoce comúnmente.

No cabe duda de que esta conferencia llegó en una época difícil; una época en la que la economía mundial está en crisis y la acción política global está particularmente detenida, especial y penosamente en los Estados Unidos, gracias a las batallas partidistas y virulentas en cualquier legislación ambiental, al igual que el fracaso para activar hasta las iniciativas más básicas para la reducción de carbón.

Sin embargo, creo que todavía hay razones para tener esperanza. Porque mientras que los retos que enfrentamos son aún más urgentes que en 1992, las voces a coro que apoyan las prácticas sustentables en el sector privado, la creciente importancia y el respeto por las mujeres en los países del mundo, y la disposición general para enfrentar las realidades de la contaminación de carbón son causa de un optimismo cauteloso. Nunca debemos de dejar de luchar por un mundo mejor.

Como lo dijo mi abuelo al cerrar sus comentarios: “Deseo que en esta Conferencia de Río, los líderes de estado y sus delegados se den cuenta de la urgencia de decisiones drásticas poco convencionales. La gente del mundo está ansiosa y en espera de una nueva luz”.

Ahora, casi 20 años después, la humanidad está sobre el filo de un cuchillo que se hace cada vez más filoso cada día que pasa. Debemos actuar con valentía y con coraje para construir un mundo que se dé cuenta del simple derecho que tienen los niños al nacer: vivir en un mundo en el que se respire aire fresco, se tome agua limpia,y se camine en un pasto verde bajo un cielo azul. Los llantos silenciosos de las futuras generaciones lo demandan.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Philippe Costeau.

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