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OPINIÓN: La timidez de Mitt Romney sobre la problemática de inmigración

Seguramente Romney tiene una idea de la que debería de ser la solución más apropiada en materia de migración. Pero, ¿por qué no la comparte?

Nota del editor: Rubén Navarrete Jr. es colaborador de CNN y columnista para otros medios. Puedes seguirlo en su cuenta de Twitter: @rubennavarrette

San Diego, California (CNN) — Ahora que el presidente Barack Obama ha colocado el tema de la inmigración en un plano muy importante, Mitt Romney ya no le puede dar la vuelta.

Romney necesita contestar dos simples preguntas: “¿Específicamente qué es lo que va a hacer con los 800,000 ‘DREAMeros’ en el centro del anuncio de la semana pasada del presidente Obama —esos jóvenes inmigrantes de menos de 31 años a los que debido a que se graduaron de la prepa o sirvieron en el ejército—, les están diciendo que les perdonarán la deportación? ¿Los deportaría o los dejaría quedarse en Estados Unidos?

Y durante su discurso del jueves en la Conferencia Anual de la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos (NALEO), esto fue lo más cercano a una respuesta por parte de Romney.

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“Algunas personas me han preguntado si dejaré que continúe la acción anunciada por el presidente”, dijo . “La respuesta es que, en lugar de ello, impulsaré una solución a largo plazo que remplazará y superará la medida temporal anunciada por el Presidente. Como presidente, no me conformaré solo con una medida para tapar el hoyo. Trabajaré con los republicanos y los demócratas para encontrar una solución a largo plazo”.

¿Y? Seguramente Romney tiene una idea de la que debería de ser la solución más apropiada en materia de migración. Pero, ¿por qué no la comparte?

El candidato presidencial republicano prometió “fortalecer la migración legal y hacerla más fácil” y al mismo tiempo lidiar con la inmigración ilegal de una “manera civil pero firme”. Si los extranjeros obtienen un título de licenciatura en los Estados Unidos, Romney quiere “engraparles una visa” en su diploma, y apoyar “un camino hacia un estatus legal” para cualquiera que quiera unirse el ejército.

Añadió que, si lo eligen, “redoblará nuestros esfuerzos para asegurar las fronteras” con más agentes fronterizos y enrejados de alta tecnología. También prometió crear un “fuerte sistema de verificación de empleos” para que los que contratan a la gente sepan quién es elegible para trabajar y quién no, y mejorar los programas de los trabajadores temporales.

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Romney contempla un sistema de inmigración que ayude a “promover familias fuertes, no para separarlas”.

Pero él hablaba de los inmigrantes legales y lo que se necesita hacer para asegurar que los que quieran venir a los Estados Unidos legalmente lo puedan hacer, para, como dijo, “mantener a sus familias bajo un mismo techo”. Algo que planea hacer es “librar de trámites burocráticos a las parejas y a los niños menores de los residentes legales permanentes”.

Me parece una idea maravillosa, y la apoyo con todo el corazón. Pero la manera en que lidiamos con los inmigrantes legales no es la única parte del sistema que está rota. ¿Qué pasa con las familias fragmentadas de este país que actualmente están devastadas por las políticas de deportación de la administración de Obama? ¿Qué tal que les prometen que los van a dejar juntos bajo un mismo techo?

Con los recursos que tiene y las limitaciones legales con las que debe de trabajar, esta administración no pudo haber deportado a más personas aunque lo hubiera querido. Son más de 1.2 millones en los 3 años y medio que Obama ha estado en el poder, y cientos de familias que han sido separadas para probarle a los críticos que este presidente es suficientemente duro con los indocumentados.

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Como miembro de un partido que ha echado a perder su manejo del tema de inmigración —a nivel local, estatal y federal— con una retórica dura, soluciones simplistas y esfuerzos transparentes por complacer a los nacionalistas y a los racistas, Romney no necesita probar que será duro con la inmigración ilegal. Tiene que probar que será algo que los republicanos no son, comúnmente, cuando se trata de inmigración: listo y compasivo.

Eso es difícil cuando tienes miedo de decirnos específicamente qué es lo que vas a hacer para ofrecer una solución permanente con la inmigración. Eso implica: qué hacer con el casi millón de personas que pudieron haber nacido en otro país pero solo conocen este y que son estadounidenses en todos los sentidos, excepto en el legal.

Entiendo por qué Romney no tiene ganas de involucrarse en el tema. Obama puso a su oponente en una caja. Si Romney dice que encontrará una manera para permitir que se queden los DREAMeros, eso no le parecería a sus simpatizantes. Si dice que serán deportados o al menos que los va a regresar para que sean elegibles para su deportación, se verá como un desalmado y no conseguirá ni uno de los importantísimos votos latinos. De acuerdo con las encuestas, Romney no va a tener muchos de esos de todas maneras, pero necesita sacar un porcentaje respetable —al menos el 30%— para no perder las elecciones.

Le daré a Romney algo de crédito por decir más acerca de la inmigración, el jueves, de lo que lo ha hecho en cualquier otro discurso en esta campaña. Hizo mucho por explicar sus puntos de vista, y ciertamente fue una mejora de lo que ha sido su típica respuesta tonta, hasta ahora, acerca de cómo le gustaría que los inmigrantes ilegales simplemente se auto-deportaran. Pero, cuando se refiere a los DREAMeros, pudo —y debió— haber dicho mucho más.

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Lo reconozco, no debe haber sido fácil. Pero entonces, como lo evidencia el fracaso de Obama en materia de inmigración, el liderazgo nunca lo es.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rubén Navarrete Jr.

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