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OPINIÓN: Ixachi-1, ¿el yacimiento de la abundancia o el pozo de los deseos?

No es sencillo desmentir un descubrimiento petrolero, pero sí se puede debatir que el “megayacimiento” vaya a cambiar sustancialmente la suerte de Pemex, opina Miriam Grunstein.

Nota del editor: Miriam Grunstein es profesora e investigadora de la Universidad Panamericana. Es académica asociada al Centro México de Rice University, coordinadora del programa de Capacitación al Gobierno Federal en materia de Hidrocarburos que imparte la Universidad de Texas en Austin y socia fundadora de Brilliant Energy Consulting. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autora.

(Expansión) — Hace algunos días, el presidente Enrique Peña Nieto anunció el mayor “descubrimiento” de petróleo que se ha hecho en los últimos quince años en un área terrestre. El hallazgo se hizo por la perforación del pozo Ixachi-1 a 72 kilómetros del puerto de Veracruz, cerca de Cosamaloapan. Se calcula que el yacimiento tiene alrededor de 1,500 millones de barriles de crudo equivalente.

Más aún, esta vez el héroe de la película es Pemex cuyos éxitos se emparejan con los de la empresa extranjera Talos que hace algunos meses anunció otro descubrimiento con exactamente los mismos volúmenes en razón de la perforación del pozo Zama-1, el cual está costa afuera. Ante el “descubrimiento” de Talos, el gobierno federal redobló las campanas y se refociló de que la introducción de operadores privados, a pasos agigantados, nos dirigía hacia la seguridad energética.

Semanas antes, ENI, la petrolera italiana, también clamó que su pozo Amoca-2, había dado con mucho más crudo que el esperado. En suma, los extranjeros desenterraban el tesoro que Pemex extravió en el mar. Sin embargo, hasta el momento el pozo Zama 1 de Talos ha producido más discordia que barriles.

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Al salir la noticia, José Antonio González Anaya, director general de Pemex, advirtió que sus propios trabajos exploratorios le zanjaron el camino a Talos y que, además, el yacimiento “descubierto” por el último atraviesa su área contractual y penetra la asignación petrolera adyacente de Pemex.

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Así las cosas, González Anaya afirmó que la producción será compartida entre el consorcio de Talos y Pemex. De ser cierto esto, el júbilo de los logros del operador privado será mermado al saberse que Pemex, durante su época de monopolio, no solo le trazó la ruta hacia el tesoro sino que además tendrá que compartir sus riquezas.

Fuera de la conducta rijosa de las empresas respecto de este hallazgo, la cual es comprensible ya que son competidoras, lo curioso fue que el gobierno decidió dar la cara por Talos, que no por Pemex. De hecho, la Comisión Nacional de Hidrocarburos emitió un comunicado en el que aseveró de que se trataba de un descubrimiento en el “sentido técnico de la palabra”, cosa que muy pocos entendieron, incluyendo la que escribe. El punto es que para el regulador, el mérito correspondía a Talos y no a Pemex, al que sentaron castigado en una esquina.

Han pasado los meses y la discordia sobre Zama 1 pasó a segundo plano. Los reflectores están ahora sobre Pemex y el “megayacimiento” al que le pegó 10 con la perforación de Ixachi-1. El contexto de la noticia es, sin duda, llamativo. El presidente Peña lo hace en la refinería Miguel Hidalgo de Tula mientras también informa que su gobierno procederá a la reconfiguración de la refinería. Baste decir que la dichosa reconfiguración de Miguel Hidalgo es un proyecto añejo, opaco y que no ha llegado a nada por la ruta pantanosa que ha seguido la contratación de la obra.

El gran triunfo de Pemex también se hace público en una ceremonia en la que está presente el gobernador Omar Fayad y el archimentado líder sindical Carlos Romero Deschamps. Hubo mucha concurrencia del sindicato y fue entonces cuando el presidente dijo que Pemex sería desde ese momento una empresa más rica, más robusta, que eran muy buenas noticias.

No es sencillo desmentir un descubrimiento petrolero. Hay que tener la bitácora de trabajos en mano con informes de las pruebas de distintas complejidades para emitir la mínima opinión. Y aquí no las tenemos. Lo que sí se puede debatir es que el “megayacimiento” descubierto por Pemex vaya a cambiar sustancialmente su suerte pues esos 1,500 millones de crudo equivalente podrían representar, en todo caso, el 1.3% de las reservas del país. Además, una petrolera no se hace más rica hasta que extrae los barriles y los coloca en el mercado a un precio muy rentable. Eso está por verse.

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Otro motivo de escepticismo es que no es la primera vez que hay anuncios triunfalistas que no llegan a nada. En 2012, Felipe Calderón anunció que el pozo Supremus había desenterrado el primer tesoro en el fondo del mar. Sin embargo, cinco años después la producción sigue fuertemente a la baja lo cual indica que Supremus no pinta. En ese mismo sexenio nos prometieron que Chicontepec produciría 700,000 barriles diarios, cuando de ahí han salido entre 75 y 32,000.

Ya en este sexenio, justo antes de la primera licitación de la Ronda 1, Emilio Lozoya, otrora director general de Pemex, anunció tres importantísimos descubrimientos en el litoral de Tabasco que no han sumado nada a la producción nacional. Y como en Las Mil y Una Noches los cuentos podrían seguir.

Cuando se trata de descubrimientos de hidrocarburos, uno no puede tomarse licencias poéticas ni narrarlas en talleres literarios. Cualquier empresa que presente información falsa sobre sus reservas o producción ante los reguladores de los mercados comete una insensatez. Y ahora que México es parte de un mercado global no nos podemos dar el lujo de cometer las temeridades de antaño.

No podemos echar monedas al pozo de los deseos como antes. En esta industria el que hace historias las paga y caro.

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