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Nuestras Historias

OPINIÓN: Oprah sería una presidenta excepcional

Sally Kohn ve en esta celebridad la virtud que siempre se debe buscar en nuestros líderes políticos: una persona a la que le interesa usar su tiempo y su talento para ayudar a los demás.
mar 09 enero 2018 11:30 AM
Oprah
Oprah En muchos sentidos, la historia de Oprah es la historia de las aspiraciones en Estados Unidos. (Foto: Ramin Rahimian/REUTERS)

Nota del editor: Sally Kohn es analista política de CNN y autora del libro The Opposite of Hate, que saldrá a la venta en Estados Unidos el 10 de abril de 2018. Síguela en Twitter como @sallykohn . Las opiniones en esta columna son exclusivas de su autora.

(CNN) — En las horas que siguieron al discurso inspirador de Oprah Winfrey en la ceremonia de los Golden Globes, Brian Stelter, de CNN, reportó que algunos amigos cercanos de Oprah señalaron que Winfrey está " considerando activamente " postularse a la presidencia de Estados Unidos en 2020. Los progresistas, como yo, no podrían estar más felices.

Hay que dejar en claro que los progresistas han pasado gran parte de los dos años previos a lamentarse de la idea de que una estrella de televisión multimillonaria ocupe el Despacho Oval y por una buena razón. Donald Trump ha demostrado repetidamente que es un narcisista al que no le interesa conocer las sutilezas de la política, ya no digamos del gobierno.

El elitismo, la ignorancia y el egoísmo siempre son variables peligrosas en el liderazgo político. Trump tal vez sea único entre los líderes de la historia política moderna y posee las tres. Esperemos que incluso sus aliados más poderosos reconozcan que su presidencia ha sido torpe y miope, por ponerlo en términos amables.

Oprah merece su propia categoría para la mayoría de las cosas de la vida. Hay estrellas de televisión, productores de cine, líderes caritativos e intelectuales públicos… y está Oprah. Su capacidad singular para entrar en contacto con la gente de todos los estratos y para crear imperios para ellos, especialmente los más marginados, no tiene igual.

Profundicemos: Donald Trump construyó edificios. Oprah ha construido nuestros valores en común y nuestra humanidad con los andamios de su voz y con la arquitectura de su liderazgo moral. Donald Trump hizo dinero. Oprah hizo la diferencia.

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En Oprah vemos la virtud que siempre deberíamos buscar en nuestros líderes políticos: es una persona a la que le interesa usar su tiempo y su talento para ayudar a los demás. Sin importar cuál sea tu partido o cuáles sean tus creencias, la gente que elegimos debería trabajar a favor de nuestros intereses, no de los propios. Oprah es la muestra. Aunque ciertamente ha ganado bastante dinero, lo ha hecho ayudando a los demás.

Tal vez la mejor analogía a una candidatura de Oprah no sea Trump, sino Ronald Reagan, un personaje de Hollywood con experiencia y conocimientos genuinos sobre liderazgo político. Les haya caído bien o no (y yo ciertamente soy de los segundos), antes de que se postulara como gobernador de California fue presidente del Sindicato de Actores de la Pantalla y trabajó en nombre de otros para mejorar las políticas y las prácticas de su sector. Le interesaba ayudar y servir a los demás y transformó el liderazgo sobre sus colegas actores en liderazgo sobre sus compatriotas. Aunque no estoy de acuerdo con muchas de las cosas que Reagan hizo en la presidencia, era apto para servir, tanto por sus principios como por su experiencia.

También Oprah lo es. Su experiencia cívica y empresarial es prodigiosa, ya sea en su casa productora dedicada a películas y programas de televisión orientados a la justicia; en su labor filantrópica, a través de la que ha donado cientos de millones de dólares para apoyar la educación en Estados Unidos, África y en todo el mundo, o tras los huracanes Katrina y Rita, cuando donó más de 10 millones de dólares para construir casas en Louisiana, Mississippi, Texas y Alabama para los desplazados por las tormentas. A diferencia de muchas de las donaciones de Trump (que se anunciaron, pero nunca se hicieron), las donaciones de Oprah se hicieron y a menudo no se anunciaron.

En muchos sentidos, la historia de Oprah es la historia de las aspiraciones en Estados Unidos. Oprah es hija de una madre soltera adolescente; pasó su niñez en el Mississippi rural viviendo con diferentes familiares y con tan poco dinero que solía usar costales de papas en vez de ropa. Pese a tantas penurias, Oprah se las arregló para entrar a trabajar a una estación de radio negra y de allí, gracias a su talento y a su persistencia, ascendió hasta la cima del universo de los medios, al que redefinió y cambió para siempre.

La historia de Oprah nos recuerda lo que es posible (o lo que debería ser posible) para todos en nuestro gran país. De igual forma, la historia de Oprah nos recuerda lo poco factible que puede ser dicho éxito, los obstáculos que muchos tienen que superar y que provocan que muchos tropiecen, las injusticias y las desigualdades que también azotan a nuestro país.

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Como dejó en claro en su discurso en los Golden Globes, Oprah sabe que representa a un poder singular. Recordó cuando Sidney Poitier recibió el premio Cecil B. DeMille años antes y el efecto que tuvo en ella: "En este momento, me queda muy claro que hay algunas niñas viendo cómo me vuelvo la primera mujer negra que recibe este mismo premio". Oprah tiene el poder de brillar al tiempo que entiende que su luz puede ayudar a los demás y usa ese poder estratégicamente, orientado al servicio. Esto se llama liderazgo.

Claro que parte del atractivo de la idea de la candidatura de Oprah es que nuestra atmósfera política se parece cada vez más a la de un programa de telerrealidad. Pero más allá de eso, Oprah tiene algo de magia, es una figura un tanto singular, en un momento un tanto singular, en un país un tanto singular. No creo en el nacionalismo arrogante de la excepcionalidad estadounidense, pero creo en la excepcionalidad de Oprah. Creo que Oprah sería una presidenta excepcional.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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