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Nuestras Historias

En Modo Avión

Tras la propuesta del presidente de rifar el avión presidencial, todo el país estuvo en Modo Avión, dice Francisco Hoyos Aguilera.
mar 21 enero 2020 11:47 AM

(Expansión) - En México, las rifas son el último recurso para deshacernos con cierta ganancia de casi cualquier cosa. Es dejar a la suerte, y el interés por el premio, el destino de lo que ya no consideramos necesario, pero todavía con atractivo para reunir fondos rápido.

Así, el presidente de la República provocó el viernes una avalancha de opiniones al anunciar en su conferencia mañanera que una de las cinco opciones para enajenar el famoso avión presidencial (ese que se volvió lema de campaña porque no lo tenían ni Obama, ni Trump) era organizar una rifa de 6 millones de boletos de la Lotería Nacional.

De la sorpresa matutina, la opinión pública y publicada pasó al escándalo por una aparente ocurrencia, hasta a soñar con las remotas formas de aprovechar ese premio mayor. Y escribo aparente, porque al llegar a una gira de trabajo por Oaxaca, lanzó una carcajada cuando el gobernador del estado le dijo que ya tenía listo el dinero para comprar un “cachito”. Por su reacción, y las que vinieron después, creo que hubo un cálculo preciso en sus palabras.

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El concepto de rifa vive arraigado en nuestra cultura con un valor más allá del simple sorteo, es una curiosa definición popular sobre la forma en que las y los mexicanos convivimos diariamente con el azar. En un país de malas noticias, nos atrae con fuerza encontrarnos de frente con la fortuna.

Por eso, ganarnos “la rifa del tigre” es obtener una victoria, pírrica, pero victoria al fin, semejante a la que tuvo durante un año la administración actual, hasta verse obligada a regresar la aeronave de la discordia a territorio nacional por falta de compradores.

También, salir “rifado” nos permite explicar la buena estrella de alguien que, sin buscarlo, consigue algún beneficio inesperado como, digamos, plantear un concurso para deshacerse de un problema; aunque también define a quien logra su propósito con audacia.

Y vaya que la propuesta presidencial la tuvo, porque a lo largo del día no hubo otro tema de discusión. Atrás quedaron las quejas por la desorganización del Insabi, la supuesta falta de medicinas en clínicas y hospitales, entre otras inconformidades reales o fabricadas. Todo quedó muy atrás en horas.

En su lugar hubo cálculos, comparativos, teorías para venderlo mejor, un concurso literario de cuento de una revista, y los mejores memes que hemos visto en mucho tiempo. Bueno, hasta el titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes desestimó la intención, incrédulo de que fuera un dato serio; el lunes, no obstante, afirmó que ya se había comprometido con dos boletos.

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El país entero estuvo en modo avión y nadie se quedó sin dar su punto de vista frente a lo improbable de la idea. Nada mal para empezar el fin de semana.

Sin embargo, en esos dos días, el presidente explicó el fondo de su propuesta: el avión regresará, se venderá de alguna manera, o saldrá en una rifa, pero él jamás lo abordará.

¿Qué significa para nosotros, las y los ciudadanos, esta propuesta? En política y en economía, los símbolos construyen percepciones y éstas impulsan decisiones sobre cómo actuar, invertir o participar.

El avión es un símbolo de todo lo malo que representaron los gobiernos anteriores y eso lo sabe a la perfección el presidente, un gran lector de la percepción popular. Al presentar una alternativa nunca antes vista, inesperadamente fortaleció los valores que lo han convertido a él en un estandarte para millones

La rifa es, para todo efecto, una posición política de la forma en que su gobierno actuará cuando deba resolver un callejón sin salida como éste.

Eso tiene ventajas y riesgos. Por un lado, él y su gobierno mantienen su palabra, siguen percibiéndose cercanos a la mayoría de mexicanos que aprecian el avión como un lujo abusivo, en tanto diseña la mejor alternativa para enajenar una aeronave que, por sus especificaciones, será difícil de comercializar. Por el otro, para el resto de la población (sus críticos e indecisos incluidos) representaría una prueba fehaciente de la improvisación que tanto se niega. Pero, ahora que hablamos del azar, yo no apostaría a que resultará de esa manera.

Guardando las proporciones, otro presidente con enorme talento para tomar el pulso ciudadano, el general Lázaro Cárdenas, llamó en medio de ataques al pueblo de México a colaborar con lo que tuviera a la mano para indemnizar a las empresas privadas dueñas de las concesiones petroleras.

Las imágenes de mujeres entregando joyas y hombres con guajolotes en brazos, son la cumbre de la solidaridad nacional en momentos difíciles. Si al final se decide por el sorteo, es posible que la serie y sus cachitos se vuelvan, en pleno siglo XXI, un instante muy parecido.

Nota del editor: Francisco Hoyos Aguilera es Especialista en comunicación. Graduado del Tec de Monterrey con una maestría en la Universidad Iberoamericana. Fue reportero en el diario Excélsior y en la corresponsalía de The New York Times en México. Lleva dos décadas en la comunicación pública y privada. Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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