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Los otros libros de la FIL. Raúl Padilla y las industrias culturales

El fundador de la FIL –pero también del Festival Internacional de Cine en Guadalajara–… supo desarrollar esquemas de colaboración público/privado en beneficio de su ciudad, de su estado, de su país.
jue 06 abril 2023 08:00 AM
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Raúl Padilla López, el exrector de la Universidad de Guadalajara (UdeG), se quitó la vida el pasado 2 de abril, informó la Fiscalía General del Estado de Jalisco.

En cualquier otro año, la invitación a integrar el Consejo de Administración de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara habría sido sólo un honor; en 2020 –que fue cuando me llegó– resultó, además, un reto preocupante.

En mi capacidad de asesor de su presidente, Raúl Padilla López , llevaba semanas dedicado a hacer cruces de afluencia de eventos públicos en espacios cerrados con cifras de muertos por cada 100,000 habitantes en las ciudades correspondientes, a fin de determinar cuál sería un cociente de ocupación seguro para llevar a cabo la FIL de manera presencial en aquel mundo lastrado por el Covid-19. El asunto no era menor: la viabilidad financiera de la feria dependía de ello.

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Los ingresos de la FIL por concepto de taquillla son bajos: cierto es que la afluencia de visitantes es muy alta pero también que el costo del boleto raya en lo simbólico –es una política pública de fomento a la lectura, no un negocio– y que una mayoría de los asistentes son grupos de estudiantes que no pagan entrada. Distintas dependencias de la Universidad de Guadalajara –su origen institucional– auspician algunos foros pero no la mayoría. Los patrocinios del sector público están siempre sujetos a veleidades y, dada la veleidad de los inquilinos actuales de Palacio Nacional y Casa Jalisco, para ese entonces se habían reducido a apoyos municipales entusiastas y solidarios pero modestos. Nada de esto había amenazado la feria hasta entonces: el grueso de sus ingresos deriva de la renta de espacio expositivo y salones para presentaciones a editores que, en el curso de los nueve días que dura, venden lo que en ninguna otra semana del año; el problema estribaba en que ese modelo se vislumbraba imposible ese año. Terminó por serlo.

Es público: la FIL conoció un déficit de 25 millones de pesos en 2020. Ésa, sin embargo, fue una experiencia que permitió aquilatar y aprender: aquilatamos el diseño institucional de la feria –uno que le permite ser autónoma en lo jurídico y lo financiero hace lustros y reinvertir sus utilidades, de tal suerte a estar preparada para un hecho de fuerza mayor– y la solvencia e inventiva de su directora, Marisol Schulz, quien se reveló no sólo gran editora, lectora y promotora sino gran administradora, capaz de instrumentar una racionalidad financiera dedicada a la supervivencia, no a la galería. Aprendimos también rápido: a invertir lo necesario en apuntalar el ecosistema digital de la FIL para convertirla en lo que hoy es –una feria también virtual– y a buscar nuevas fuentes de financiamiento.

Acaso quien haya asistido el año pasado a una FIL Guadalajara ya plenamente presencial se haya topado con Libros al Gusto –la plataforma de discusión gastronómica auspiciada por La Costeña– o con una brilllante mesa sobre emprendimiento femenino presentada por Veuve Clicquot. Son consecuencia lógica de la visión del mismo Raúl Padilla que supo reclutar a Telmex para ayudar a financiar un auditorio de clase mundial para Guadalajara, a Santander para construir el conjunto de artes escénicas más moderno del país, a la Fundación Mary Street Jenkins para dotarlo de un ágora o a Moët & Chandon para costear programas que sufragan talentos emergentes –estudiantiles como profesionales– en el cine.

Acaso el mejor promotor cultural que haya tenido México, el fundador de la FIL –pero también del Festival Internacional de Cine en Guadalajara–… supo desarrollar esquemas de colaboración público/privado en beneficio de su ciudad, de su estado, de su país, convencer a políticos y a empresarios de que –como él mismo dijera– la cultura no es un gasto sino una inversión.

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Cuando el régimen distrae el 25% del cada vez más mermado presupuesto para Cultura en un capricho presidencial sito no sólo en la capital federal sino en la demarcación con mayor densidad de infraestructura cultural en el país, el ejemplo de Raúl Padilla es altamente necesario si queremos vivir en una sociedad de ciudadanos con un empresariado corresponsable.

Su vida se extinguió el domingo pasado; su espíritu, por fortuna, no.

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Nota del editor: Nicolás Alvarado es escritor, comunicador y promotor cultural. Actualmente es productor general de la compañía Teatro de Babel y de su festival internacional de dramaturgia contemporánea DramaFest, director de la productora de contenidos Apóstrofo y columnista de El Heraldo y LatinUs. También es asesor de la Presidencia de FIL Guadalajara y miembro del Salzburg Global Seminar. Síguelo en Instagram . Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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