Como resultado de una reflexión personal, creo que es clave que las empresas mexicanas analicen este tema, además de trabajar muy de la mano con otras organizaciones para entender sus prioridades y desafíos en torno al nearshoring.
México ofrece grandes oportunidades y una ubicación favorable para las empresas extranjeras, lo que se ha reflejado en la llegada de diversas empresas. Todas las regiones de nuestro país cuentan con un amplio potencial, por ejemplo, el norte ha sido muy sólido tradicionalmente en manufactura; la región central y del bajío como fuertes centros de fabricación automotriz y aeronáutica, pero también de tecnología, que va ganando mucho auge con talento altamente capacitado; y el sur y sureste, donde el gobierno actual está abriendo la puerta a nuevas inversiones.
Definitivamente, México cuenta con una situación favorable en los sectores automotriz y autopartes, el eléctrico - electrónico, el de dispositivos médicos y farmacéutico, el aeroespacial y muchos otros subsectores. En actividades que no sean manufactura, hay potencial en los sectores de IT, centros globales de prestación de servicios, servicios médicos y atención para adultos mayores.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), México ocupa la novena posición en el ranking de Inversión Extranjera Directa (IED), la cual sumó un total de más de 35,000 millones de dólares en 2022 y experimentó un crecimiento del 12% en comparación con 2021.
No obstante, todas las inversiones en el mundo representan riesgos que deben administrarse como “un costo de hacer negocios”. Por ello es fundamental examinar todos los factores necesarios para entrar a un nuevo mercado; en el caso de México, se debe seguir la política energética y las leyes laborales, verificar las cuestiones de seguridad, así como las regulaciones federales y locales.
Actualmente existe toda una nueva filosofía al hacer negocios internacionales relacionada con temas de ESG (Ambiental, Social y de Gobernanza, por sus siglas en inglés) o inversiones socialmente responsables. Lo anterior se suma a los riesgos operativos conocidos en México, ya que la regulación relacionada con ESG es incierta en muchos sectores y negocios, pero está evolucionando, lo que brinda oportunidades y desafíos para las empresas de inversión en nearshoring. Por ejemplo, es probable que los sectores de alto consumo de energía y agua aumenten el escrutinio regulatorio y público, por lo que hay que tener cuidado y trabajar con las comunidades donde recaen estas inversiones.