Desde el inicio, la conversación sobre México estuvo impulsada por dos dinámicas paralelas. Por un lado, el torneo sirvió para proyectar al espacio internacional asuntos nacionales que originalmente no estaban relacionados con el futbol, como el movimiento de las madres buscadoras o la marcha de los maestros. Por otro, las victorias de la selección generaron publicaciones virales, y contagiaron expresiones de orgullo nacional y apoyo a la selección. La camiseta del equipo mexicano se convirtió en la más vestida entre las de 48 selecciones participantes, con al menos 1.9 millones de ventas de playeras oficiales .
A pesar de que algunas publicaciones vincularon los bloqueos de la CNTE con problemas de movilidad, la mayoría de los usuarios defendieron las demandas magisteriales y recordaron que el Mundial no elimina los problemas estructurales que motivan las movilizaciones. Algo similar ocurrió con las madres buscadoras. Diversas publicaciones llamaron la atención internacional para visibilizar la crisis de desapariciones en México. El Mundial, así, dejó de ser únicamente un acontecimiento deportivo y se convirtió en una plataforma desde la cual distintos actores colocaron temas de interés público frente a una audiencia global.
Al mismo tiempo, desde el primer triunfo de la Selección Mexicana hasta la derrota ante Inglaterra, la actividad en redes sociales fue creciendo en intensidad hasta alcanzar su máxima expresión con el emblema “¿Y si sí?” plasmado en carteles, camisetas, gorras y marcas registradas.
Los mejores resultados deportivos concentraron buena parte del entusiasmo. El triunfo frente a Sudáfrica colocó a Julián Quiñones y Raúl Jiménez entre los nombres más mencionados en redes gracias a sus goles, mientras que la victoria contra Corea del Sur consolidó una narrativa de orgullo nacional construida alrededor de etiquetas como #SomosMéxico. Las imágenes de aficionados lanzando sombreros en el estadio, las tribunas teñidas de verde, los festejos colectivos al ritmo del “Cielito lindo” y el “quiere volar” de los Fan Fest contagiaron su euforia más allá de las pantallas.
En los partidos subsecuentes, la conversación incorporó nuevos referentes y construyó símbolos propios del torneo. Uno de los casos más llamativos fue el pato Merlín, personaje que rápidamente fue incorporado a memes, ilustraciones y publicaciones humorísticas. Aunque su origen es anecdótico, su aparición en la Mañanera y su viralidad en redes mostró cómo las comunidades digitales pueden producir referentes compartidos que fortalecen el sentido de pertenencia entre los aficionados. Y aún más. La familia del Pato Merlín recibió un crédito por un departamento del programa de vivienda social de la Ciudad de México, luego de que se conociera que vivía en un local comercial.
"¿Y si sí?". La frase proyectada sobre la Torre Latinoamericana se convirtió en uno de los símbolos visuales más difundidos del torneo. Muy pronto esa expresión de esperanza por ganar el Mundial se trasladó a las causas sociales: “¿Y si sí encontramos a quienes faltan?”, “¿Y si sí terminamos con la violencia contra las mujeres?”, “¿Y si sí disminuye la desigualdad?”, “¿Y si sí disminuye la corrupción?”, “¿Y si sí leemos más?”. Las marcas comerciales no se quedaron atrás; leímos el mantra en las donas y los huevos del desayuno y nos compramos una gorra de la leyenda producida por el ingenio mexicano, siempre listo para responder rápidamente a las demandas del mercado.
Por otra parte, también también fue creciendo otra ola: la desinformación. Las narrativas falsas fueron de las fake news hasta las teorías de conspiración, pasando por suspicacias y denuncias infundadas, como las supuestas amenazas que sufrió el equipo de Ecuador antes de su enfrentamiento contra México.