No interesa solamente dónde ha trabajado una persona, sino qué aprendió de sus experiencias y cómo lo traduce en habilidades transferibles. Quien organizó un evento universitario probablemente aprendió a coordinar equipos y gestionar imprevistos. Quien participó en un hackathon mejoró sus habilidades técnicas y entendió el valor de la colaboración. Quien trabajó en atención al cliente desarrolló empatía, comunicación y capacidad para resolver problemas bajo presión.
En un entorno donde la tecnología evoluciona rápidamente, esas experiencias pueden ser tan relevantes como conocimientos técnicos que cambiarán con el tiempo.
También observamos el interés por aprender. Los proyectos personales, certificaciones, cursos en línea, la participación en comunidades profesionales o la forma en que una persona utiliza plataformas como LinkedIn pueden revelar algo que valoramos profundamente: iniciativa. Porque el conocimiento se puede adquirir. La curiosidad es mucho más difícil de enseñar.
En los últimos años, hemos visto crecer una generación de profesionales mexicanos competitivos. En las empresas globales existe un reconocimiento hacia el talento mexicano por razones concretas: capacidad de ejecución, resiliencia, compromiso, adaptabilidad y disposición para aprender.
He trabajado con profesionales de distintas regiones del mundo y estoy convencida de que México cuenta con una de las reservas de talento más prometedoras para la economía digital. Sin embargo, también debemos ser honestos respecto a los desafíos.
Con frecuencia encontramos candidatos técnicamente preparados que tienen dificultades para comunicar sus ideas con claridad, presentar sus logros con confianza o participar en conversaciones donde se espera cuestionar, proponer y debatir.
Durante mucho tiempo, nuestros modelos educativos privilegiaron las respuestas correctas sobre las preguntas inteligentes. Nos enseñaron a ejecutar, pero no siempre a influir; a resolver, pero no necesariamente a comunicar.
Estas son precisamente las capacidades que adquieren mayor valor. Conforme la inteligencia artificial transforma la forma en que trabajamos, las organizaciones buscarán profesionales capaces de colaborar con estas tecnologías, aportando criterio, pensamiento crítico, empatía, creatividad, capacidad de generar confianza y de trabajar con otros para resolver problemas complejos.
México llega a esta etapa con ventajas importantes: una base técnica sólida, una ética de trabajo valorada por empresas globales y una creciente capacidad para colaborar en entornos internacionales. Nuestro talento combina preparación académica, habilidades prácticas y disposición para aprender y adaptarse.
A ello se suma una mayor cercanía cultural y económica con mercados estratégicos. Pero quizá la ventaja más importante del talento mexicano no reside únicamente en su preparación técnica, sino en su capacidad para aprender, adaptarse y ejecutar. En un entorno donde las organizaciones compiten por innovación, esa combinación permite convertir ideas en soluciones y estrategias en resultados.
El siguiente paso consiste en fortalecer aquellas capacidades que durante años llamamos “habilidades blandas” y que hoy son habilidades de negocio: comunicación, pensamiento crítico, inteligencia emocional, influencia, liderazgo y aprendizaje continuo.
Las empresas tecnológicas del futuro no estarán integradas únicamente por quienes dominen la tecnología; estarán formadas por quienes sepan trabajar junto a ella para tomar mejores decisiones, crear mejores productos y alcanzar mejores resultados.
A quienes hoy se preparan para su primera entrevista en tecnología les diría algo sencillo: no se concentren únicamente en demostrar lo que saben. Demuestren también cómo aprenden, colaboran y enfrentan la incertidumbre.
Porque en un mundo donde el conocimiento se actualiza constantemente, el potencial de crecimiento puede convertirse en la credencial más valiosa de todas.
Delfina Stabile es directora de Reclutamiento de Capital One México, donde lidera la estrategia de atracción de talento para el Hub de Tecnología de la compañía en la Ciudad de México. Cuenta con más de 12 años de experiencia en reclutamiento, gestión de proyectos y marca empleadora, y se ha especializado en la creación y expansión de equipos para empresas tecnológicas globales. Es licenciada en Psicología por la Universidad Católica Argentina y cuenta con estudios en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid y el ITAM.
Nota del editor: Las opiniones publicadas en esta columna corresponden exclusivamente a Delfina Stabile .