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Blanquear montañas: Un proyecto para salvar la vida en los Andes de Perú

Eduardo Gold, fundador de Glaciares Perú, intenta revolucionar la ciencia en favor de regresar el hielo a las cumbres de Los Andes
mié 07 diciembre 2011 04:35 PM
perú, andes, blanquear, calentamiento global
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En lo alto de Los Andes peruanos, donde es tan seco y frío que muy poca vegetación crece, la vida depende de un animal: la alpaca. Pero en los últimos años, criar alpacas se ha convertido en un desafío mayor.

Las montañas que solían estar cubiertas de hielo en las inmediaciones del poblado de Licapa, a unos 4,200 metros sobre el nivel del mar, ahora están hechas un páramo.

Salomón Parco, hombre de 30 años y pastor de alpacas con residencia en Licapa, dice que el que no haya hielo significa que no hay agua; y el que no haya agua significa que no hay pasto para alimentar a los animales. Parco también comenta que el hielo ha desaparecido en las últimas tres décadas.

“La diferencia es que cuando era niño, las cumbres estaban blancas, con nieve y hielo. Pero como se puede ver, ahora están negras. Esa es la diferencia”, dice.

Un extraño llegó hace poco a Licapa para inyectarle algo de esperanza. Eduardo Gold, ingeniero y descrito por sí mismo como inventor, es el fundador de Glaciares Perú. La meta de la organización es devolver el hielo a las montañas.

“Esta comunidad está estrechamente vinculada a los glaciares”, dice. “Tan pronto como desaparecieron, también desapareció su forma de ganarse la vida”.

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Junto con Gold y su grupo de cuatro lugareños, el fotógrafo José Armijo y yo viajamos a la parte más alta de las montañas. La falta de oxígeno hizo de la caminata todo un reto.

A una elevación de 5,000 metros, vimos de primera mano qué le sucede a los glaciares. Aquí es donde Gold y su equipo trabajan en el proyecto para traer de regreso los glaciares.

La idea de Gold es muy simple: si las montañas oscuras absorben más calor del sol, las montañas blancas tendrán el efecto contrario. La solución es hacerlas blancas.

Bajo la dirección de Gold, el equipo de cinco va por los alrededores de la montaña, salpicando una mezcla que vuelve blancas a las rocas. No es pintura, sino una combinación de agua, arena y cal. Dos por ciento de la mezcla es jabón, lo que hace que se adhiera a las rocas y sea a prueba de agua una vez que se seca.

Un termómetro infrarrojo muestra una diferencia de 16 grados en temperatura entre las rocas negras y las previamente blanqueadas.

Gold reconoce que hay mucho por hacer antes de que pueda probar que su teoría funciona. “Este es un experimento. Puede funcionar o no. O funcionar un poco. Hacer algo al respecto es mejor que no hacer nada”, comenta.

Y parece funcionar. Gold nos muestra una grieta entre las rocas en las cuales encuentra algo de hielo. Los lugareños dicen que antes no había nada de hielo. “Teníamos muy poca agua. La diferencia este año desde que hemos blanqueado la montaña es que hay agua. Cómo se puede observar por allá, hay un pozo lleno de agua, y colina abajo tenemos incluso más”, dice Paco, el pastor.

Los glaciares no sólo son fundamentales para esta región montañosa. También son presas naturales para todo Perú, desde las cuales fluye el agua hacia arroyos y ríos en valles cuesta abajo. Los glaciales también hacen disminuir la temperatura.

Hasta ahora, el grupo ha cubierto un área de aproximadamente 15,000 metros cuadrados (casi el tamaño de tres canchas de futbol), algo todavía demasiado pequeño como para determinar si la idea de Gold funcionará en el largo plazo. Su meta es cubrir 3,000 millones de metros cuadrados, lo cual sería mucho más de 500,000 canchas de futbol. Para ello, necesitaría cerca de 1,500 millones de dólares en cinco años.

Recibió un premio de parte del Banco Mundial para trabajar en el proyecto, pero sólo fue suficiente para un comienzo modesto. “Si hay oportunidad de traer el cambio, ¿por qué ignorarlo? Hacer nada sería peor. Si fallamos en actuar, se acabará la vida en esta zona”, dice Gold.

En cierta manera, la vida ya terminó en el poblado de Licapa. Gold dice que sólo un aproximado de 900 personas siguen en el sitio que miles solían llamar hogar. Pero Salomon Parco comenta que tiene confianza de que el proyecto funcionará a largo plazo. Apuesta el futuro de sus hijos a ello.

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