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Nuestras Historias

Jardín Gramacho, el 'coloso' de la basura en Brasil, cerró sus puertas

Este tiradero, cercano a la ciudad de Río de Janeiro, cedió su lugar para la creación de instalaciones más modernas y eficientes
jue 05 julio 2012 01:23 PM

En las afueras de Río de Janeiro, ubicado a lo largo de la Bahía de Guanabara, desde donde se puede observar la icónica estatua del Cristo Redentor, fue cerrado uno de los rellenos sanitarios más grandes del mundo al aire libre después de más de tres décadas de estar en operaciones.

El relleno sanitario conocido como el Jardim Gramacho o los Jardines Gramacho, tiene pilas de basura de 90 metros de alto y una superficie equivalente a 244 campos de futbol americano. Es el relleno sanitario más grande de Brasil y de toda América del Sur. Fue construido a finales de la década de 1970 y recibía cerca de 8,000 toneladas diarias de basura, el 70% de toda la basura del área metropolitana de Brasil.

El cierre ocurrió tres semanas antes de la cumbre de Río+20, donde representantes de muchos países aprobaron el documento llamado El futuro que queremos , y aunque fue aplauduido por las autoridades de Brasil y la ONU, las organizaciones civiles la calificaron como un fracaso, debido a que varios de los compromisos más polémicos fueron eliminados de las negociaciones.

Esta decisión tamién es parte de las preparaciones de Río de Janeiro para ser anfitrión de la Copa del Mundo del 2014 y duelos Juegos Olímpicos en 2016.

El cierre del relleno sanitario es parte de los esfuerzos que impulsa el ministerio del Medio Ambiente de Río de Janeiro por cerrar las cinco áreas oficiales de rellenos sanitarios al aire libre, así como también un número desconocido de lugares clandestinos, para el 2014.

Los rellenos sanitarios le están dando paso a instalaciones de tratamiento mucho más modernas diseñadas para reducir su impacto ambiental. En el caso del Jardim Gramacho, la basura diaria ahora se irá a Seropedica, que según el gobierno es la planta de tratamiento más avanzada en Latinoamérica.

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Esta planta fue diseñada para reducir la producción de gases invernadero y la contaminación de los pantanos de la Bahía de Guanabara. De acuerdo con la ciudad de Río, los residuos de la basura descompuesta serán tratados y convertidos en agua reciclada, además de que el metano será recolectado.

En Jardim Gramacho, cerca de 75 millones de metros cúbicos de gas metano se recolectarán en los próximos 15 años. La petrolera brasileña Petrobras comprará el gas y lo utilizará para el funcionamiento de una de sus refinerías. Después de 15 años, el relleno sanitario se convertirá en un parque, dicen los oficiales.

Con el cambio de siglo, aumentaron las quejas de que la Bahía de Guanabara no era segura para bañarse por los contaminantes que descendían de Jardim Gramacho. La ciudad anunció varias veces el cierre del relleno sanitario pero siempre lo posponía, hasta ahora.

Parte de las ganancias provenientes de la venta del metano se destinarán a la rehabilitación de las favelas, infestadas de drogas. Eduardo Paes, alcalde de Río de Janeiro, ve el cierre del relleno sanitario como el final de "un crimen que Río de Janeiro había estado cometiendo desde hace 40 años".

En su mejor momento, el Jardim Gramacho tuvo hasta 5,000 pepenadores, que se pasaban días escarbando en el relleno sanitario buscando plástico, papel, madera, metal y lo que se pudiera vender a las compañías de reciclaje. Sus cifras han bajado a cerca de 2,000, conforme los negocios en el relleno sanitario empezaron a bajar, dijeron los oficiales de la ciudad, por lo que ahora existe preocupación acerca de su futuro.

Estos trabajadores, cuyas edades van de los 16 a los 87 años, han sido descritos por varios medios de comunicación y fueron retratados en el documental nominado al Oscar del 2010 llamado Wasteland . El filme ayudó a recaudar fondos para los pepenadores, cuyo trabajo mantiene a cerca de 15,000 residentes cercanos a los rellenos sanitarios, de acuerdo con las estimaciones del gobierno, y son responsables de buena parte del reciclaje de la ciudad.

De acuerdo con el ministerio de Medio Ambiente de Brasil, solo el 18% del reciclaje de toda la comunidad se realiza como parte de un programa formal. Eso significa que buena parte del reciclaje está hecho por los pepenadores.

Carlos dos Santos, presidente de la Cooperativa de Recolectores del Jardim Gramacho, subraya que hay 1 millón de personas que dependen de la basura por todo Brasil.

"Éste es un mercado promisorio que necesita ser una forma de trabajo humanizada", dijo.

Los pepenadores de Jardim Gramacho ganan generalmente cerca del salario mínimo de Brasil, casi 268 dólares al mes. Pero en muchos casos pueden llevar a su casa el doble.

De acuerdo a la ciudad de Río de Janeiro, la cooperativa y los oficiales de la ciudad negociaron más de $11 millones en indemnizaciones que son repartidos entre los trabajadores que comprobaron que habían estado trabajando en el lugar en los últimos años. La indemnización, pagada por la compañía responsable de recolectar el gas metano, es otorgada a más de 1,600 trabajadores.

La cooperativa también pudo negociar con el gobierno del estado para iniciar un fondo que proveerá, por los próximos 14 años, recursos para proyectos de educación para los trabajadores y los proveerá con herramientas para seguir con su trabajo de reciclaje. El fondo también pagará por las clases de los trabajadores que quieran estudiar otro ramo u otra carrera.

Muchas veces los catadores trabajan en condiciones peligrosas sin ningún beneficio. Frecuentemente son víctimas de enfermedades como la fiebre del dengue esparcida por mosquitos que crecen en las aguas estancadas del relleno sanitario, al igual que afecciones respiratorias e infecciones atribuibles a las ratas, aves y otros animales rastreros. Además, los desechos médicos de todos los hospitales del área también se tiraban en el Jardim Gramacho. Los trabajadores pueden buscar tratamiento en los hospitales del estado a través del precario sistema de salud público de Brasil.

El cierre de los rellenos sanitarios es agridulce para estos trabajadores.

La cooperativa y sus trabajadores saben que éste es un paso hacia la reconstrucción y la conservación del medio ambiente de Río, pero para muchos esto también quiere decir que su única fuente de trabajo se fue por la coladera.

A Severina Alzira Silva de 87 años, la describen en el blog de la cooperativa como una de las recolectoras más grandes trabajando en el relleno sanitario de Gramacho. Ha trabajado ahí por más de 30 años, tiene 9 hijos y no tiene estudios.

"Temo por mi futuro, porque yo necesito seguir trabajando", dijo en un mensaje.

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