Una forma más salvaje de pasar las vacaciones
Rebecca Rusch estaba muy lejos de Idaho.
Había pasado la noche en el piso de una choza de madera, y, muerta de hambre, había comido un pedazo de raíz de mandioca. La había alojado una familia de un pueblo remoto de Borneo, como hubiera hecho con cualquier otro viajero cansado, sucio y hambriento.
A Rusch, que vive en Ketchum, le encanta viajar, pero prefiere los viajes poco convencionales. Le gusta la aventura; es una atleta que disfruta competir en las regiones más exóticas del mundo. No le importa hacer lo que sea para desplazarse: sea haciendo rappel, corriendo, escalando o remando en kayak. Lo importante es llegar al destino.
Todavía era de noche cuando un anciano del pueblo oyó hablar de Rusch y su equipo.
Llevaban varios días compitiendo en una carrera por la tercera isla más grande del mundo y no sabían cómo llegar al siguiente pueblo de la ruta. El anciano conocía muy bien la zona, pues su familia vivía ahí y había hecho ese recorrido de cinco horas varias veces.
Los encontró cuando aún era de noche y les dijo que lo siguieran mientras alzaba su antorcha. Se colocaron sus cascos con lámparas y lo siguieron. A duras penas podían seguirle el paso, pese a que caminaba descalzo sobre caminos de tierra y piedras.
"Era como un sueño verlo guiarnos hasta su pueblo”, dijo Rusch. “Para mí eso es viajar. Es estar cerca de la cultura, tener una experiencia que no tendrías si fueras un turista que va por los caminos habituales".
Rusch era instructora de alpinismo pero sus estudiantes le descubrieron el mundo de las "raids" de aventura, y ahora es una de las pocas profesionales de este deporte. Las "raids" de aventura, que comenzaron como una actividad alternativa para atletas amantes del riesgo en los sesenta, se convirtieron en un fenómeno de la cultura popular cuando el productor televisivo Mark Burnett creó Eco-Challenge a mediados de los noventa.
El programa, que se emitió en cadenas como MTV y Discovery Channel entre 1995 y 2006 y ganó varios premios Emmy, seguía a equipos de hombres y mujeres en carreras de más de 400 kilómetros por lugares como Utah, Fiji, Maine, Marruecos, Australia y Nueva Zelanda. El programa se suspendió al no renovarse el contrato con Discovery Channel.
Entonces, Burnett decidió crear "Survivor".
En 1998, había 11 raids de aventura en Estados Unidos; en 2009 se llevaron a cabo 194 carreras, según la Asociación de Raids de Aventura de Estados Unidos (USARA, por sus siglas en inglés). Está detrás de competencias como Grizzlyman, una carrera de diez horas por las montañas al oeste de Montana y una carrera de más de 50 kilómetros por el Gran Cañón.
Las carreras de aventura internacionales no cuentan con un organismo regulador formal, y suelen ser más largas, más pesadas y más costosas.
Un maratón de 24 horas por las tres montañas más altas de Gales, Inglaterra y Escocia puede costar hasta 5,000 dólares, al igual que una carrera de 250 kilómetros por el Sahara y la Antártida, una competencia de cuatro horas en bicicleta por Costa Rica, o una carrera en bicicleta desde Fernie, en la Columbia Británica, hasta Canmore, en Alberta, ambos destinos en Canadá.
Pero hay carreras igualmente exóticas pero sin gastar tanto, la mayoría en Centro y Sudamérica, como The Coastal Challenge Inca Run, que atraviesa la cordillera de los Andes y varios pueblos turísticos. Se llevará a cabo este septiembre en Bolivia, y registrarse cuesta 1,800 dólares, que incluyen hospedaje en Copacabana y Sorata. Otra carrera de Coastal Challenge, que se llevará a cabo en octubre, es menos costosa y cubre alojamiento y comidas. Este recorre los volcanes, selvas y playas de Costa Rica.
"La mayoría de la gente ve esas distancias y en vez de decir que es muy difícil, lo consideran unas vacaciones y quieren ver si pueden lograrlo”, dijo Clay Abney, editor jefe de la revista Adventure World Magazine, la publicación de USARA sobre estas carreras. “Vean lo normal que es correr una maratón hoy día”.
El año pasado, medio millón de personas se inscribieron en maratones en Estados Unidos. Incluso el triatlón más pesado del mundo, el Ironman, hace que los "guerreros de fin de semana" entrenen para triunfar nadando cuatro kilómetros, pedaleando casi 200 kilómetros y corriendo una maratón, todo en la misma prueba.
"No se te ocurra ir a una carrera de aventura esperando tener puestos de auxilio, avituallamientos constantes cada cierto tramo o poder dejar la bicicleta a un lado del camino si algo se avería y que luego alguien la recoja”, dijo Robyn Benincasa, veterana de Ironman que ha ganado el Eco-Challenge dos veces y ha corrido por las zonas más inhóspitas del planeta. Ella, al igual que Rusch, es de las pocas mujeres en equipos dominados por hombres.
"Me gusta pensar que un participante del Ironman es un caniche, y los corredores de aventura son Rottweilers”, dijo. “La capacidad física que se necesita es una fracción de la necesaria para una carrera de aventura”, agregó.
Benincasa, que es bombera en San Diego, dijo que hay que estar abierto a lo que pueda pasar, como situaciones con gente o animales.
“Si alguien en un pueblo te ofrece educadamente para comer jabalí con pelos, te lo tienes que comer. Vomité durante horas después de comer eso”. Pero vomitar es algo sencillo en comparación con los deportes verdaderamente peligrosos, dijo.
Desde hace años se vienen pidiendo normas oficiales para estas aventuras internacionales, ya que suele haber lesiones y, en algunos casos, incluso muertes.
En 2004, el australiano Nigel Aylott murió al caerle una piedra durante el Primal Quest, una carrera de diez días extremadamente difícil en el estado de Washington. Eduardo Delgado Rosas murió en 2005 cuando atravesaba un lago durante la Extreme Adventure Hildago en México.
En el Eco-Challenge de Borneo en 2000, varios competidores se enfermaron por un agente patógeno (Benincasa fue una de ellos), aunque nadie murió.
Aún así, fue mejor que vacacionar en un crucero, dicen.
"Cuando pienso en las vacaciones de la mayoría de la gente, para mí son una pesadilla; preferiría quedarme en casa”, dijo. “No me interesa ir a algún lado si no puedo escalar o nadar. Para mí lo divertido es salir al mundo y conectarme físicamente con él".